Friday, July 11, 2014

Nota sobre la disolución de la literatura

Jorge Etcheverry (versión de la nota en ingles de Kate Grim-Feinberg, publicada en Context N°24 http://www.dalkeyarchive.com/dissolution_of_literature/


 

Es probable que la literatura como entidad separable y distinguible por ejemplo de lo que se denomina para literatura, testimonio o documento, no sea en la actualidad más que una reminiscencia anclada a la convención de un nombre, ya que las fronteras que separan la una de la otra se vuelven cada vez más nebulosas. Pero lo que aquí nos interesa es su singularidad en lo que concierne a un país, como por ejemplo la literatura chilena o la literatura canadiense.

El cambio cultural es lento, en gran medida subterráneo y por algún tiempo las antiguas etiquetas siguen adheridas a los nuevos frascos. Aunque a estas alturas ya sea casi un lugar común, habría que hablar de las literaturas. Ya se acepta la defenestración de un cánon literario único y universal, que desde su caída ha pasado a calificarse como occidental, patriarcal, dominante, etc., y ha surgido o se ha manifestado un abanico de literaturas y estimativas en general vinculadas a la edad o a los géneros, a grupos sociales, regionales, culturales, políticos, religiosos, étnicos, de causas e intereses determinados, etc.

Así parece que, aún siendo germinales o preexistentes, adquieran pasaporte las literaturas gay y lesbiana, femenina, feminista, indígenas, regional o sectorial, de clase social. Por primera vez aparece en Chile, junto a la literatura ‘popular’, que tiene el aval histórico político de una forma canónica de la literatura comprometida, otra que muestra y reconoce sin tapujos modos de vida y discursos de la clase media urbana y de sus jóvenes (o ex jóvenes).

Correlativamente, la crítica agrupa a los autores por regiones y provincias, no tan sólo por su pertenencia a una generación determinada, ni únicamente a los autores del sur, como se hizo con la poesía en los 60–70 del siglo pasado, o la literatura exilada cuya existencia no pudo seguir siendo ignorada y que surge a raíz del golpe de 1973, que ya no es exilada, sino ‘de afuera’, de la ‘Región XIV’ o ‘diaspórica’, si se la sitúa en el contexto de otras literaturas exiladas y de la inmigración en contextos no chilenos.

Aunque es dable esperarlo, aún no se da en Chile la situación de la existencia de literaturas trasplantadas, que en los países desarrollados anglosajones produce lo que llaman literaturas ‘étnicas’ y que por ejemplo en Canadá, al menos en ciertos círculos, se denominan ‘literaturas de menor difusión’.

Pero dado el carácter de Chile de enclave relativamente exitoso, si bien no en términos de equidad, de la globalización, y de cabeza de puente de la economía neoliberal, el país se ha convertido en un imán para las poblaciones asiáticas que tradicionalmente emigran a mercados comerciales y para la población de países vecinos más pobres. Es sólo cuestión de tiempo que las comunidades inmigrantes de los países vecinos o del Asia desarrollen sus propios enclaves culturales y también su literatura.

A manera de ejemplo, conozco por lo menos una antología virtual de escritores chilenos árabes, “escritores que son parte de la migración palestina o descendientes de la ‘tierra milenaria’ y otros intelectuales nacidos en cualquier rincón de América, que se encuentra en el sitio del Comité Democrático Palestina – Chile. Y, perdonando el autorreferencialismo, una vez de vuelta a Canadá luego de un encuentro de poetas de la Región XIV, organizado por Chilepoesía, me encontré con el email en que un programa de la televisión vascongado que me quería entrevistar como escritor vasco.

Las literaturas particulares han logrado o están logrando un lugar en Chile en el contexto literario institucional. Ya existen atisbos de una institucionalidad y mercado paralelos, en el caso de la literatura femenina, la más desarrollada y sólida, que cuenta con una incipiente crítica, editoriales y sitios web feministas. También existe actividad editorial, alguna crítica y un cierto sentido de cuerpo en la literatura chilena de algunas regiones en el exterior.

Pero este corrimiento hacia el rojo de la literatura a las literaturas es por supuesto un fenómeno social. De alguna manera, el escritor como individuo, con toda la carga romántica del caso, su excentricidad, malas pulgas, etc., está siendo reemplazado por, o se ve obligado a coexistir con, el autor representativo, que se destaca más que por sus peculiaridades específicas, por el hecho de poder ser percibido como la ‘voz’, la ‘expresión’del colectivo que representa y que, en casos ideales, lo ‘encarna’.

Es más bien un portavoz y su tarea como escritor suele ser inseparable de su gestión pública como promotor del avance de su grupo o de una situación de equidad en la macro sociedad que pueda garantizarle igualdad de condiciones cívicas o libertad de expresión. Por lo menos en el Norte —como se denomina eufemísticamente a los países desarrollados del viejo y el nuevo mundo— no es bien visto que alguien no perteneciente al grupo de que se trate, hable o escriba por él o desde el punto de vista de sus miembros, cometiendo una apropiación cultural.

No es necesario mencionar que en estas nuevas literaturas la dimensión de lo que a ojo de buen cubero se puede denominar contenido predominará sobre la ‘forma’. El distanciamiento se sacrifica al mensaje o se le subordina, ya que de lo que se trata es de retratar un estado de cosas y la situación del emisor literario frente y sobre todo al interior del mismo.

Más bien en las ciencias sociales y sobretodo a nivel de las organizaciones de asistencia al desarrollo del así llamado Norte, al proceso de globalización con su imposición de homogeneidad, correspondería el surgimiento de una especie de afirmación de las singularidades en peligro, la así llamada localización, que sería una especie de polo dialéctico positivo, en tanto movimiento de salvaguarda o inclusión institucional de aquellos grupos, culturas, modalidades de vida e incluso idiomas cuyas características particulares se ven como amenazadas por la simplificación sobredeterminada del sistema de intercambio económico y por ende de las relaciones humanas, patrones de producción y consumo, y modos de vida, que se ven forzados a hacerse más expeditos, o bien a sucumbir o al aislamiento vestigial.

Si bien erigidas sobre una base de intensas luchas reivindicativas sectoriales en el así llamado Primer Mundo, a las que en muchos casos acompañaron al dar sus primeros pasos como escrituras diferenciales, las más importantes de estas literaturas han llegado a obtener una parte apreciable del mercado literario y por ende un cómodo lugar en la institución literaria.

Ese es el caso de la literatura y cultura de preferencias sexuales alternativas, la cultura negra y hasta cierto punto la indígena americana (del norte), que adquirieron un perfil distintivo en momentos en que de alguna manera y en diverso grado se pensaba que para obtener derechos y posibilidades plenos para los colectivos minoritarios o subordinados había que reemplazar el sistema vigente.

Vayan como ejemplo la temática de las relaciones entre marxismo y feminismo y los movimientos afroamericanos de derechos civiles y afirmación política. El surgimiento de literaturas exiladas en el mismo ámbito constituyó un elemento importante, que ya tenía un precedente en la literatura comprometida y combatiente en el caso latinoamericano.

Es así como en Canadá lo que hace unas décadas era una escritura exilada latinoamericana, sobre todo chilena, constituyó el núcleo inicial de una literatura latinoamericana en el país Por otro lado, en un régimen democrático, no era posible afirmar la legitimidad de las manifestaciones culturales de algunos sectores subordinados o minoritarios sin hacerla extensiva universalmente. Así, en los países más institucionalmente avanzados del primer mundo se dieron instancias políticas que apuntaban hacia el multiculturalismo, paralelas al incremento demográfico de las poblaciones exiladas/inmigrantes en la región.

Pero esta tendencia no puede ir más allá de la etapa que se vive en el sistema mismo. Los actores principales y sus instituciones están funcionando dentro del sistema, que proporciona los únicos vehículos importantes de difusión e institucionales.Los diversos sectores marginales, minoritarios o subordinados no secretan una institucionalidad literaria que necesitaría de un mercado paralelo, en general un mercado nicho o un micro mercado.

Entonces, por ejemplo en el caso de Chile, la institución literaria actual y vigente acoge en mayor o menor medida a ciertos autores ‘representativos’ de los grupos minoritarios o subordinados, cuyos representantes y activistas no se plantean una institución cultural paralela, con su propio aparato editorial, su crítica, su distribución, sino que aspira al ‘reconocimiento’ de la corriente principal, cuyas instancias editoriales y críticas escudriñan con nerviosismo los rincones del país para ver si surge un brote nuevo regional, cultural, generacional, genérico, idiomático, para llevarlo a la ‘luz pública’ y la integración a través de la consagración crítica y académica y de su publicación.

Thursday, July 3, 2014

Aproximación a Sarah Ellen Q.E.P.D., novela de Borka Sattler, Hipocampo Editores, Lima, Perú, 2013

Jorge Etcheverry


El mito del vampiro, leyenda y elemento de la cultura popular mundial, rebasó sus límites culturales originarios para hacerse universal con el príncipe Vlad Draculea III, descrito como príncipe valaco de ojos verdes, y cuyo sobrenombre era Vlad el empalador.  En la Rumania del siglo XV, habría mandado empalar a 120.000 personas. La transformación de este personaje en un mito de la cultura contemporánea es obra de Bram Stoker, escritor inglés, que lo convierte en el personaje central de la novela gótica Drácula, de 1897.  El reflejo literario de esa figura de un señor de horca y cuchillo entre tantos resulta en su conversión en una celebridad de la cultura contemporánea y  una figura histórica principal en su país. El Conde se convierte en un personaje literario en la Inglaterra finisecular y de ahí pasa a ser un arquetipo universal, además de una entidad emblemática de la historia y la mitología popular en su lugar de origen. Pero echa alas de la Rumania que lo vio nacer, un territorio medio dentro de los márgenes exóticos que rodean a occidente y donde se agazapan los sueños de la razón.

Un vástago del vampirismo en Inglaterra es la historia y leyenda de Sarah Ellen Roberts, supuestamente encadenada y enterrada viva en una provincia de Inglaterra en 1913, por prácticas de brujería, y que habría llegado por mar en su ataúd, transportada por su esposo John Roberts, al puerto peruano de Pisco. Este habría sido el único lugar del mundo que aceptó sepultar  sus restos. Pero esta historia es también un mito: el método de ejecución de brujas era habitual en Lancashire, región del poblado donde ocurren estos hechos,  en 1612, pero en 1913 habría estado un poco pasado de moda. La heroína se llamaba en realidad Sarah Gargett, una tejedora nacida en 1872, y murió en un viaje cruzando el Atlántico con sus esposo para visitar la fábrica textil de algodón que tenía su cuñado en Lima. Pero la versión más legendaria y popular de estos hechos ha tenido como resultado el aumento de un 60% del turismo en el pueblo de Pisco y ha probado tener una persistencia que se superpone a la realidad. Al cumplirse los 90 años del entierro de Sarah en Pisco, en 1993, se esperaba su resurrección, que ella misma habría predicho y que no tuvo lugar, pero provocó todo un evento mediático.

Este es el marco de la novela de Borka Sattler, redactada en los 1990 y que incluye la leyenda y la historia y entrelaza ambas hebras en esta narración del arribo de Sarah y su marido al puerto/pueblo de Pisco luego de cruzar el Atlántico. Esta historia se nos presenta en un contexto realista y a veces descriptivo  hasta al detalle.  Pero abundan los elementos mágicos o fantásticos en esta novela que a la postre es de alguna manera una novela de vampiros. Estos componentes van apareciendo sobriamente, para así ir creando una atmósfera que los legitima  y los dimensiona, justamente porque se arraigan en el mundo real. No aparece volando por ahí  Un viejo con alas enormes ni se deja sentir la presencia agobiante del a veces empalagoso realismo mágico. Pero sin embargo,  una cierta magia y fantasía recorren las páginas de esta novela.

Por ejemplo, al describir a una partera que de joven había sido prostituta, se dice “de joven Juliana había sido una brava moza de esbelta figura, caderas pronunciadas y senos insolentes que se ganaba la vida satisfaciendo a las tripulaciones que llegaban al puerto en busca de diversión” (14). Esa imagen se modifica luego para hacerla ingresar en un territorio intermedio entre realidad y la fantasía mediante el incremento o la exageración, que sin embargo no llegan a la inverosimilitud  “se había pasado la voz de sus virtudes entre los marineros, y, en su casa se veían largas colas de hombres impacientes por recibir sus favores” (15).  Así, la atmósfera propicia a la introducción  de lo fantástico se va construyendo en forma mesurada. La llegada de la forastera es casual  “La impresión que les causó la mujer de capa gris y velo sobre la cabeza fue muy extraña” (15), pero a poco andar se revela como objeto de una visión “atrás iban los dos ingleses, pero, ¿y la dama?” (16) Sarah no aparecía en el reflejo de una mampara, introduciéndose en la obra el tema clásico de de la falta de reflejo de los vampiros en espejos y similares.

En en esta versión de la supuesta vida de Sarah, lo fantástico, mágico o sobrenatural que el personaje aporta en la mejor tradición gótica, se va introduciendo naturalmente en la vida cotidiana y tiene su correlato en las creencias y tradiciones de la población del hasta entonces tranquilo y casi feliz puerto/pueblo de Pisco. Este ámbito se representa mediante un realismo que no es naturalista. Sus objetividades  y habitantes aparecen de alguna manera mitificados. Valga como ejemplo esta descripción “era un hombre apuesto, alto, de músculos pronunciados y tez curtida por los aires marinos. Sus ojos negros y profundos siempre estaban atentos…” (22). Por tanto, nos parece advertir una nostalgia por ese pasado y de ese lugar hasta cierto punto idílico, la que se asocia con el illo tempore del mito,  pero que no oscurece la reconstrucción histórica de la novela, sino proporciona el tono justo para la introducción del elemento fantástico de manera por así decir “natural”. A lo anterior ayuda la gran sensorialidad o sensualidad presente a nivel del lenguaje con que se nos presenta este microcosmos de los personajes que componen el entramado social del puerto/pueblo, sus costumbres y quehaceres. En medio de estos ires y venires, y paulatinamente, se comienza a hacer sentir la presencia de esta Sarah borkiana, que a la manera de Camilla (1971), la seductora vampira de Sheridan Le Fanú, altera de manera ambigua la vida de quienes la tocan o vislumbran y la vida misma del pueblo.

Si bien está presente el elemento maligno e incluso la muerte,  hay augurios nefastos, nacen monstruos,  aparecen fantasmas, se pierden barcas, aquí no se trata de la plaga que desencadena en Wisborg la llegada del Conde Orlok, en la película Nosferatu, una versión fílmica inicial del tema vampírico realizada en 1922. El despertar erótico, sensual, que la presencia de Sarah provoca en Pisco ya estaba latente en el pueblo y no es ajeno al tema del vampirismo, cuyo elemento sexual ha sido vastamente puesto de manifiesto, ni a la fascinación que Sarah despierta en sus víctimas. Hay además elementos que insinúan en ella—al menos en una de sus instancias—al súcubo, que se liga al vampiro por su mezcla del mal con lo erótico y la absorción de la vida de la víctima. Aquí, esta versión femenina del íncubo suplanta a la mujer amada, objeto de deseo de un durmiente. El lector no tiene problema para asimilar esta entidad a la vampira “De pronto, ya no era ella, su amada Remedios…ahora era fina, de blanca porcelana, y sus ademanes tenían toda la furia de las olas de un mar en tormenta absorbiendo su cuerpo…Cambiaba de posturas, deslizándose por su cuerpo con ávidos deseos, lo hacía revivir una y otra vez. (113).  La presencia de la anemia en el vampiro es otro elemento tradicional del vampiro presente en esta novela “A la señora le falta el elemento vital, la sangre, tiene una anemia aguda” (116), dice el doctor que examina a la postrada Sarah.

Otros elementos clásicos, como la necesidad de sangre y dormir en un ataúd también están presentes.  Esta figura ambigua, a las finales quizás más mala que buena, es extranjera, lo que lleva a la novela—como otro elemento enriquecedor de su trama—a la siempre presente y literariamente fructífera contradicción o pugna entre colonizados o ex, o la periferia, contra el hemisferio norte,  la metrópoli, que ocasiona o trae el mal hasta el paraíso del buen salvaje: “Los únicos culpables son los ingleses que llegaron el viernes. Ellos trajeron al demonio consigo, sobre todo la mujer” (92) exclama otro personaje. Pero eso es ocasional. Sarah manifiesta, a contrapelo de su presencia etérea por las calles y sobre todo la playa, conductas muy sensuales. Pero la mitad pueblo, la más cerrada en sí misma de  Pisco, tiene que adecuarse a su parte puerto, que es una puerta al mundo y a los marineros extranjeros que dejan su simiente, y abrirse a la presencia inquietante del mar. Tanto el mal importado como el de raíces locales son ambigüos y tienden a rescatarse por el lado de una vitalidad rayana en lo exuberante quizás con un pansexualismo subyacente. Esta novela, difícil de clasificar,  no es una novela de vampiros clásica, sino que este personaje y sus elementos conexos sirven de disparador para ir desplegando las mentalidades de los personajes, en una atmósfera con toques de irrealidad. De contenido multifacético y entretenida lectura, esta novela  parece ser otro intento de rescate, reinterpretación, entendimiento, etc., de la historia, algo  que parece caracterizar a la narrativa peruana contemporánea.

Friday, June 6, 2014

Vínculos poéticos entre Quebec/Canadá y America Latina: una ojeada personal


Jorge Etcheverry
 
Nota leída en el “Colloque sur les liens entre la poésie du Québec et celle de l’Amérique latine
Échanges culturels et littéraires, collaborations institutionnelles et traduction”, en el marco del 15e FESTIVAL DE LA POÉSIE DE MONTRÉAL


Dentro del marco de un intercambio poético entre la poesía latinoamericana y Quebec y Canadá, creo que recurriré bastante, pero no exclusivamente,  al ejemplo de la poesía chilena en Canadá y Quebec, caso que conozco de más cerca por mi diversa implicación en este tema, así como a mi experiencia personal, necesariamente limitada.  

El activismo cultural formaba parte de las tareas de denuncia de la dictadura en Chile a que se entregaba la comunidad exilada chilena y por consiguiente los poetas y escritores chilenos, que, con contadas excepciones (Ludwig Zeller, Renato Trujillo), llegaron a Quebec y Canadá después de 1973. Estos autores de alguna manera aglutinaron en sus iniciativas a los demás autores que escribían en castellano en el país o fueron un elemento clave en el desarrollo de sus eventos. Esto por su llegada colectiva, su imbricación con su propia comunidad, el bagaje que les ofrecía el lugar de la cultura en el proyecto de  la Unidad Popular y la izquierda chilena, y el hecho de formar parte de lo que podría llamarse la institución literaria chilena en gran parte trasplantada, en gran parte bajo la bota de la dictadura. Así, se mantuvieron vínculos con Chile y la diáspora, que se manifestaron en la solidaridad con la Sociedad Chilena de Escritores, organismo gremial de los escritores chilenos, y las revistas y encuentros del exilio literario chileno. Por consiguiente, en el caso de la poesía, los autores siguieron en general adscritos a los parámetros escriturales poéticos chilenos, sus tendencias coetáneas en poesía. Lo que permitía en Canadá el desarrollo y existencia de proyectos escriturales poéticos que no expresaban tan solo el compromiso, la nostalgia, la comparación de un aquí y un allá o el proceso de aculturación, que eran (quizás son) las temáticas de las expectativas de lectura en Canadá de las literaturas trasplantada de menor difusión producto del exilio.

Valgan a manera de ejemplo la literatura erótica de Luis Lama o la novelística de Francisco Viñuela, y entre otros la novela iniciática de Camila Reimers, el rock y la política juvenil de los sesenta de Ramón Sepúlveda, el desafortunadamente inédito Homo Eroticus de Leandro Urbina, la poesía de Jaime Serey, la reconstrucción del mundo de Coquimbo de Gabriela Etcheverry, la vasta poesía de la Escuela de Santiago, etc.  La conexión Chile Quebec/Canadá, en lo poético, se mantiene hasta ahora, y se manifestó por ejemplo en el proyecto Adrianne (por Adrienne Clarkson, entonces gobernadora general de Canadá e iniciadora de esta iniciativa). Este proyecto  entre las bibliotecas nacionales de Chile y Canadá duró dos años y consistió en la recopilación de material literario y documental del exilio chileno y su envío a Chile. Esta iniciativa contó con un gran número de autores chileno quebequenses y era administrado en parte desde Chile por Alberto Kurapel, dramaturgo y poeta que vivió y produjo en Montreal, ahora retornado a Chile[i].

La estadía en Quebec/Canadá muestra su productividad para el desarrollo de los discursos poéticos de los autores chilenos exilados. En el caso de la agrupación neo vanguardista chilena la Escuela de Santiago, mayoritariamente exilada en Canadá, sus miembros escriben sus primeras obra en forma de libro en este país, y tiene lugar su reinserción como agrupación poética en la historia de la poesía chilena contemporánea.  En quizás la más reciente antología nacional de poesía publicada en Chile aparecen cuatro autores, (Gonzalo Millán, Naín Nómez, Alfredo Lavergne y el autor de esta nota). En el caso de Alfredo Lavergne, ex residente en Montreal y retornado a Chile, incluso empezó a escribir en Montreal. El autor y dramaturgo Alberto Kurapel es muy activo en Chile. La Sociedad de Escritores de Chile, organismo gremial de los escritores chilenos, cuenta con miembros en Quebec, como Jorge Cancino, Aspasia Worlitzky y Yolanda Duque Vidal.

Quebec, sobre todo Montreal, ofrecía a los trasplantados chilenos y los autores de habla hispana en general, una cierta comunidad histórico cultural,  ideológica y política, los ismos filosóficos y artísticos, las vanguardias, corrientes políticas, la institucionalidad laica—incluso en el seno de naciones creyentes—ligada al origen de los tiempos modernos, la constitución de las naciones, la revolución francesa y el nacimiento de la democracia, el socialismo y el marxismo. Estos elementos están menos presentes, creemos, en el Canadá inglés.

Fruto de este entorno, los eventos culturales/políticos hispano hablantes en Quebec, no tan sólo chilenos, existen desde temprano. Uno de los primeros encuentros literarios chilenos en Canadá fue en un local de la Confédération des syndicats nationaux (CSN), en 1979, titulado “Literatura y realidad política”.  Está el libro La ciudad, de Gonzalo Millán, obra emblemática de la poesía chilena bajo la dictadura y  que parece resumir las características de la poesía chilena exilada según The Canadian Encyclopedia “Their sophisticated poetry, which draws on both European and Chilean traditions of surrealism, is both political and personal. Though they are preoccupied with Chile, the émigrés also address Canadian experience”.  No es casualidad que este libro fuera publicado originalmente en  Les Editions Maison Culturelle Quebec- Amerique Latine, en 1979, editorial del Bureau Des Prisonniers Politiques Du Chili, de simpatizantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. El nombre en francés y el vínculo con América Latina dan un testimonio ya en ese entonces de la situación única que gozan los poetas castellanógrafos en Quebec en relación con el resto de Canadá. Los recitales y espectáculos, etc. que participan poetas francófonos y castellanógrafos, son una realidad permanente en Quebec ya desde hace décadas.

En la imbricación de la poesía quebequense con otros países de las Américas, cuya existencia conozco pero cuyo detalle en general ignoro, solo podría dar unos ejemplos.  Un caso es la conexión con Cuba, representada por el grupo Sur, agrupación iniciada en Montreal a fines de los 80, dirigida por Tito Alvarado y que actualmente es una de las organizaciones que realiza el festival Palabra en el mundo, evento poético que se realiza paralelamente en diversos países, incluyendo Canadá,  y cuya sede principal en está en Habana, Cuba. Otro, bastante puntual, sería el de un seminario en la universidad de Oriente, el Sexto seminario sobre estudios canadienses, en 2013. “Otros espacios se dedicaron a la Literatura y la Lingüística con acercamiento a la poesía canadiense contemporánea, el joual como variante lingüística del francés de Québec y la literatura chilena en ese país vista a través de la poesía de Jorge Etcheverry[ii]. La conexión continental hispano quebequense dejó publicaciones como los números de la revista Ruptures, un ingente esfuerzo básicamente de Hugo Hazelton y la revista Vice/versa, y en el plano de la traducción literaria Ellipse.  Existen diversas iniciativas editoriales que conjugan en Canadá la presencia del francés, el inglés y el castellano, como la editorial White Dwarf Editions / Les Éditions de la Naine Blanche / Las Ediciones de la Enana Blanca Antares, que dirige Hugh Hazelton, Antares, que dirige la poeta ítalo—argentina—canadiense Margarita Feliciano,  y Alondra, de Montreal, que dirige Yolanda Duque Vidal.

Hay ilustres ejemplos de poetas latinoamericanos famosos que han residido en Canadá, como el mexicano  José Emilio Pacheco, que enseñó, creó y publicó en Canadá, valgan textos en inglés en The Malahat Review y Poetry Canada, Humberto Díaz Casanueva, que fue embajador  de Chile en Canadá y el chileno Ludwig Zeller, el último surrealista chileno,  que escribió en Canadá parte importante de su obra. Con Perú está la conexión del trabajo de la poeta y profesora Lady Rojas, el narrador y poeta Guillermo Rose y el poeta Paolo de Lima, de la llamada “generación postmoderna” o “generación X”, que escribe parte importante de su obra estando en Canadá. Aparte de la estancia en Vancouver del renombrado prosista y poeta Alfonso Quijada Urías. A título anecdótico personal me tocó participar en el IX Festival de Poesía en El Salvador, en 2010, curiosamente representando a Canadá, junto a la poeta quebequense Françoise Roy, que entonces residía en México. No estoy muy al tanto de las vinculaciones o acuerdos en lo relativo a la cultura, literatura y especialmente poesía entre Canadá/Quebec y América latina a nivel institucional gubernamental o universitario, por estar fuera de esos ámbitos, pero estoy seguro que estas limitadas experiencias demuestran la presencia en crecimiento de de las relaciones poéticas de Canadá y sobre todo Quebec con América Latina. Ya no se trataría solamente de  Une certaine latino-américanité de la littérature québécoise, según un artículo de Peter Klaus[iii], sino una especie de consustantividad que integra al Quebec con América Latina. Las TIC han acelerado el desarrollo de estos vasos comunicantes.

 

El internet habría venido a transformar las relaciones entre los actores culturales, superando en gran medida las limitaciones geográficas. Las comunicaciones virtuales anteceden o se superponen, ampliándolas, a los medios institucionales e impresos de la difusión e intercambio literarios y también poéticos. “En teoría, el texto puede ser reproducido infinitamente y llegar a un vasto público, salvando los escollos y arrecifes de la institución mercantil literaria que comprende a la crítica en medios impresos, a la radio y la televisión, y a las universidades, ya que definitiva, la historia de la literatura y la crítica académica forman un continuo con la industria en lo relativo a la comercialización de las obras literarias…A la vez que soslaya la institucionalidad literaria establecida, la publicación virtual se salta las fronteras nacionales y por tanto impositivas y legales que aquejan al libro- mercancía[iv]” . La Editorial Poetas de América (poetas.com), fue un pionero de la poesía virtual.  Este portal  tiene gran importancia para la literatura y poesía en castellano producida en Quebec y Canadá y el intercambio y presencia poéticas en el ámbito geográfico de habla hispana en el mundo virtual. Este portal se planteaba y se plantea como hemisférico americano, en oposición a la dicotomía Norte Sur tan cara a los antiimperialistas.  Esta iniciativa era originalmente la Editorial Poetas Antiimperialistas de América y su gestor y websmaster sigue siendo el poeta Elías Letelier-Ruz. Se publicaron libros de autores latino canadienses, anglófonos de Quebec, latinoamericanos y chilenos, en versiones impresas y electrónicas, amén de antologías. Fue instrumental para la participación en eventos internacionales en Chile, Italia y Francia de algunos de estos autores. La productividad del medio virtual en lo relativo a la poesía quebequense queda por ejemplo de manifiesto en la muestra de poesía quebequense en castellano del poeta retornado del Quebec y residente en Chile Alfredo Lavergne, que selecciona y traduce al castellano esta Pequeña selección de poetas de Québec, Canadá http://www.poesias.cl/poesia_quebec.htm, publicada en Chile.

El panorama de la interrelación y por qué no decir pertenencia, de la literatura de Canadá, especialmente de Québec en el vasto friso americano se constituye, además de las instancias particulares aquí mencionadas, de muchas otras iniciativas universitarias, editoriales y de intercambio cultural a nivel institucional. Podemos afirmar que la literatura canadiense, especialmente quebequense, se inscribe en el marco de una literatura y cultura hemisférica americana.




[i] Artículo mío en http://www.escritores.cl/base.php?f1=articulos/texto/adrienne.htm .  Una cita de un documento del proyecto ilustra la participación de autores chilenos con vínculos canadienses “Chilean writers in Canada included poet Gonzalo Millan, whose work was influenced by Canada's Alden Nowlan; short-story writer Leandro Urbina; poets Carmen Rodriguez of Vancouver and Jorge Etcheverry of Ottawa; and poet Naín, who edited an anthology of Chilean-Canadian writers several years after the Pinochet coup”.
[ii] http://luzdemiciudad.blogspot.ca/2013/04/seminario-en-santiago-de-cuba.html
[iii] Ce texte a été présenté dans le cadre d’une conférence lors de la Semaine de la Francophonie à
l’Universidad de Puerto Rico, San Juan, le 13 mars 2008

Wednesday, May 21, 2014

Aproximación al compromiso en la autora hispano canadiense

Jorge Etcheverry


La literatura se asocia frecuentemente al compromiso. Se le dice al escritor que debe comprometerse. El compromiso es un término muy común y una realidad.  Es una dimensión que ligada al vocabulario de la política, sobre todo de izquierda, adquiere aspectos éticos cuando se vincula al tema de la responsabilidad  que tendrían los escritores hacia la sociedad, hacia el mundo en el que se sitúan. Las facetas y acepciones del compromiso son múltiples. En la difundida versión sartreana, el compromiso es la elección que hace una conciencia que se ha liberado de toda determinación, un para sí que mediante él elige dar uso a su libertad. Según esta concepción el compromiso es el ejercicio último de una libertad arduamente lograda cuando la conciencia reconoce y acepta su trascendencia respecto a toda determinación, incluyendo las determinantes físicas, sociales, culturales e incluso el cuerpo mismo. Al lograr esa libertad, el individuo renuncia a ella, la entrega al comprometerse. Esta concepción muy en boga en ciertos medios intelectuales coexistía con otras formas del compromiso que operan en sentido opuesto, y que actualmente han cobrado mayor vigencia: el compromiso surge de la asunción de las determinaciones y no del alejamiento de éstas. Así, sería la aceptación en un autor o autora, de las determinaciones de clase, nacionales, étnicas, sociales, genéricas, generacionales y corporales en un momento y situación determinados. Esto revela la parcial sustitución de la conciencia, como máxima entidad definitoria de lo por así decir humano del modernismo, a un indiscutible reconocimiento de otras instancias ligadas al ser material, concreto, social. La trascendencia permanente de la conciencia aparece como instrumento del mundo concreto, material. En el caso de la mujer, las dimensiones de género y la corporeidad física y biológica son elementos que se agregan a los condicionantes ya mencionados y que parecieran ejercer un imperativo para el compromiso que las escritoras asumen en mayor o menor medida. Si bien hay una historia prolongada de discurso femenino/feminista y los derechos de la mujer están establecidos en el discurso oficial mundial—siendo cada vez más escandaloso donde no lo es—ese discurso, como en el caso del discurso ambiental, la autodeterminación de los pueblos, los pueblos autóctonos, la paz y los derechos humanos dista de cumplirse en la realidad vivencial y concreta de los países. Así, los imperativos a las y los escritores se multiplican. Los diversos elementos del compromiso raramente aparecen aislados en las obras literarias, aunque una dimensión de este conjunto que se asume, explícitamente o no, aparezca como predominante en los textos de que se trate.

El compromiso político con la revolución social es el más conocido y del que más se habla y más se invoca como dimensión que los autores tienen que asumir en su obra. Su presencia resalta en las autoras hispanocanadienses producto de los exilios latinoamericanos del último tercio del siglo pasado, exilio no siempre oficial, ya que la línea entre exilados y otros tipos de transmigración se difumina si el foco se pone en la situación contextual del país de origen. El origen de las escritoras es otro elemento importante y variado—cultural, étnica y lingüísticamente—en que las reivindicaciones femeninas se armonizan en medida diferente con otros parámetros como la pertenencia originaria al Sur como opuesto al Norte y la inserción como minoría en el nuevo entorno, compartida por los escritores hispanocanadienses en general. Así, las opciones identitarias de estos autores se ven sobredeterminadas en el caso de las escritoras. También creo que aparte del contenido, existen compromisos con formas o proyectos de escritura. Pero entonces, ¿qué diferenciaría al compromiso—palabra fuerte—de otras formas de asunción o manifestación de la realidad?  Según Carolin Emcke Se denomina literatura comprometida a esa forma de literatura que no se ha creado para sí misma, sino que persigue un objetivo político, social, religioso o ideológico. He aquí, que la literatura comprometida no formula ninguna demanda concreta. Ella quiere llamar la atención por medio del lenguaje sobre los problemas e injusticias sociales y buscar soluciones”.  (Literatura comprometida: para cambiar y describir el mundo, 2014). Dejamos aparte la falsa dicotomía entre “literatura para sí misma” y la comprometida, remanente lucaksiano que tiende a excluir lo que tenga apariencia de vanguardia e implica un cierto imperativo de accesibilidad, a la vez que menoscaba la visión del arte como siendo esencialmente reflejo,  ya que al serlo convertiría al compromiso literario en una especie de tautología. En todo caso, en la visión contemporánea, el compromiso sería una asunción volitiva y por eso fuerte e intencional, en gran manera política, aunque no programática, no tan solo el reflejo o representación de una circunstancia o estado de cosas, lo que está presente por lo demás prácticamente en toda literatura.  Pero es difícil afirmar que haya un paso, un salto o una mutua exclusión entre la creación como acto por así decir lúdico a la decisión de quien escribe de poner su escritura al servicio de una causa.

Como quiera que se entienda y matice, el compromiso es y ha sido un componente central, históricamente, de la literatura en castellano en Canadá, y por consiguiente la escrita por mujeres. No puede sino encontrarse en el exilio chileno que fue el más masivo, por ejemplo en obras como: La forastera, Aproximación al compro Nelly Davis Vallejos, 1983 Nieves Fuenzalida, (el testimonio comprometido Three of Us Remain, the 39th Fragments of the Clan, publicados por Verbum Veritas en 1998) Carmen Rodríguez, poeta y narradora, (Guerra prolongada, 1987). En general en ese momento, las reivindicaciones genéricas estaban en esos textos subordinadas respecto a las demandas de las luchas sociales en Latinoamérica y productoras de los exilios, pero no estaban ausentes, confundiéndose con las del pueblo en general:

Todo lo pintas,
sabia compañera;
la paz que el humano anhela,
la búsqueda imperiosa
de justicia
y trabajo (Nelly Davis).

El compromiso articula de diversa manera conglomerados axiológicos, donde unos valores prevalecerán sobre otros, pero se puede intentar su presentación global

Y la solución

hombre sí

trabajo             sí

revolución            sí

poesía              sí

todo                 sí

la vida a todo grito

                        sí     

                  (Carmen Rodríguez)

 

Tampoco el compromiso, básicamente situacional y basado en un estado de cosas, tiene que dejar de lado otras preocupaciones más universales, como las determinaciones del ser humano en general:

El hombre

único animal

que tiene recuerdos

de la muerte,

quiere pasar como gacela

desapercibida

de una manada

que bebe rocíos

en la madrugada ( Nieves Fuenzalida)

 

La presencia de las posturas femeninas/feministas tenía más presencia e historia en el ambiente norteamericano y el mundo desarrollado, lo que no tarda en ser asumido por las autoras, cuando paralelamente se incrementan esos aspectos en la región de origen. A las ya mencionadas autoras originadas en el exilio chileno, se han ido agregando o dando a conocer otras autoras como Yolanda Duque, Aspasia Worlitzky, Gabriela Etcheverry, Camila Reimres, Anita Junge-Hammersley y Constanza Durán, que en diversos géneros y estilos manifiestan el compromiso inicial y su transformación y evolución, que en general se reproduce en los diversos exilios: al primer compromiso básico ligado a la denuncia de las dictaduras, la muestra de la lucha de los pueblos y el llamado a la solidaridad se han ido agregando temas relativos al trasplante y la aculturación, la adscripción o pertenencia etnocultural y hemisférica, y la condición femenina, además de tópicos como la defensa de le medio ambiente y la paz que recorren todo el vasto espectro de la escritura y sus diversos niveles. Pero no toda asunción intensa o su proclamación constituyen compromiso en tanto escritura expresa y voluntariamente teleológica, según la estrecha definición ya citada al comienzo. Por ejemplo el testimonio, cultivado en sus diversas formas por las autores y autoras hispanocanadienses está muy cerca del compromiso en esos términos—como en el caso de las difundidas novelas autobiográficas de las autoras Carmen Aguirre y Carmen Rodríguez, a veces la biografía  de otra protagonista, como en la reciente obra de la escritora peruano canadiense Roxana Orué, Biografía de Magdalena Morataya. Camila Reimers, en Tres lotos en un mar de fuego hace lo mismo al ficcionalizar tres historias de mujeres. En la mayoría de los casos el compromiso es la asunción de las determinaciones de la escritora. Entonces veremos que en el caso de la escritura femenina hispanocanadiense se abre todo un abanico de compromisos, que están definidos en mayor o menor medida al asumir, exponer y defender el origen y circunstancia de las autoras. Por ejemplo, en la poeta Ama Luna, diversas facetas de su adscripción se entreveran en su poesía. Se ve una actitud básica que permea la escritura, por ejemplo en el poema Allow Me To Tell You de dónde soy, podemos advertir la presencia de la reivindicación femenina, idiomática, política y del país y región de origen

“Soy de un little country, the más pequeño of them all”, 

donde vemos que se establece una comparación implícita entre un aquí y ahora de alguna manera degradado y el ámbito originario visto o recordado a través de un lente utópico

“I am de donde the people se abraza and care for each other,
where you share with others tears of felicidad and pain,”

pero por otra parte

“But in that same place, mis derechos were violated también”

y se equilibra esta visión al rescatar al presente respecto a la utopía del origen, rompiendo la dicotomía del aquí y allá tan presente en la literatura trasplantada

“I am from one of the most humanitarios countries
un país that opens its doors and welcomes people like you and yo.”

“is it here? or is it there?
or tal vez just a mixed of the two
donde la linea divisoria
of where I am from has faded out
making me of a special and unique blend”,

lo que resulta en un nuevo compromiso y una nueva identidad personal y colectiva :

Wherever I come from does not matter, lo que importa is what I share with you and what I have decided to be

Just like this Spanglish that mucha gente now speak”

En Aspasia Worlitzky, la escritura comprometida puede surgir de una petición de un otro significativo, que no es tan sólo un individuo. En una gran parte de la literatura exilada y comprometida está presente la pareja de compañeros, que de alguna manera tiene una significación colectiva:

  Y quieres que escriba,
que publique, que diga,
que denuncie, que te hable. (Poema tu mujer)

El cuerpo, como se decía, es una dimensión muy presente en la literatura femenina. Campo de batalla, territorio a reivindicar, derecho inalienable y objeto de la cosificación masculina, en mayor o menor grado, y con raíces que se remontan al alba de los tiempos. Parte de una mitología y tradición que tiende a equiparar a lo masculino con la claridad, el pensamiento y la conciencia, y lo femenino con la tierra, la materia, la regeneración, pero también la tentación y la impureza. No faltan ejemplos entre las autoras hispano canadienses que asumen este tema. Cito: “El cuerpo torturado, el cuerpo mutilado, el cuerpo envejecido, pero siempre amado y dotado de poder, se erigen en el sistema poético de Nela Rio, no sólo como enunciado que recurre permanentemente en sus libros, sino también como lugar de enunciación privilegiado por donde discurrirá un auténtico discurso de la identidad  (El cuerpo torturado y mutilado en la obra poética de Nela Rio), de Elena Palmero González. Así, el cuerpo escenario material de horrores en las circunstancias que originaron los exilios, revela su carácter político y la política adquiere corporeidad.  Los elementos míticos y tradicionales subyacentes incluso en las sociedades más modernas refuerzan el papel tradicional de la mujer a nivel institucional y político. Otros elementos de compromiso que han adquirido un carácter casi imperativo para los escritores(as) son el medio ambiente y la paz, que gracias a los medios virtuales han producido ingentes cadenas de partidarios, sobre todo a nivel de practicantes de la poesía en todos los niveles de desarrollo. Las proposiciones o demandas para el compromiso de las escritoras siguen en general las pautas y conjuntos de valores vigentes, que no es lo mismo que su existencia o concretización social e institucional concreta. Pero se cuenta en todo caso con una historia y un panteón de íconos que apuntan a valores, conductas e incluso instituciones. La autora peruano canadiense Lady Rojas presenta algunas de esas figuras. Aparecen Mandela y Martí, María Parado de Bellido de la historia nacional peruana, además de  figuras femeninas y expone la situación general de la mujer contemporánea, inseparable de la situación general, como en el poema Y si soñara.  En otro, Elena Poniatowska es celebrada en cuanto desenmascara la historia y el discurso axiológico oficial, y sitúa a la mujer como sostén de la realidad social. Ese proletariado definitivo cuya redención conllevará la de toda la humanidad:

“ellas que ya son gobierno, ellas, el pueblo, guardianas de los hombres, repartidoras de los víveres, sus hijos a horcajadas sobre la cadera o recostados en las hamacas de sus pechos”

Para terminar con estos ejemplos, veremos que el compromiso se instaura como una necesidad ineludible, al menos para quien lo acepta:


¿Complicidad?

No entiendo la ruta verdadera
de un poeta que no grite verdades
en estos intrincados tiempos “ 

nos dice Yolanda Duque. Porque los tiempos son intrincados. Si bien se está configurando un conjunto de posiciones o principios axiológicos que tienden a una universalidad humana, y que parecen ser la base del compromiso actual, hay una zona gris y están circunstancialmente determinados, amén de que existen básicamente solo a nivel del discurso institucional. El grupo de valores que se tiende a constituir como polo del compromiso se ve modificado según se habite en una ciudad occidental o en ciertas regiones del así llamado “Sur”, y a veces chocan con versiones locales o globales del progreso económico o los derechos humanos universales. Una concepción ambiental choca contra las pretensiones de propiedad territorial de algunos pueblos. La afirmación etnocultural se valida en ciertos contextos como afirmación legítima y en otros se convierte en germen o realidad de movimientos o estados integristas y xenofóbicos. Las aspiraciones minoritarias oscilan entre la demanda de espacio cultural y político o el aprovechamiento institucional de grupos de interés especial. La expresión, apoyo y difusión cultural se limita por factores externos ligados a la pertenencia concreta material de los presuntos autores, cuya trasgresión conduce a la apropiación cultural. La navegación y manejo de esta compleja maraña es una tarea más que se agrega a la agenda de las autoras que escriben en castellano en Canadá.

Sunday, May 4, 2014

Tlön

Jorge Etcheverry
El reconocimiento de un país, civilización o universo imaginario no son empresas que podría financiar la UNESCO, pero existe una organización filantrópica que opera con algunos fondos—“algunos”, para gente como uno es de todas maneras una buena cantidad—formada por donantes anónimos y que ya ha financiado empresas tales (in progress) como proyectos de nuevas versiones del Manuscrito Voynich y del Necronomicón, y están aceptando propuestas, según me han dicho, para una Carcosa (que ha saltado últimamente a la fama gracias a la serie True Detectives), la Nueva Jerusalén, Kadath y otras localidades, ciudades o regiones fantásticas que se me escapan en este momento. Tampoco voy a mencionar el nombre de los escritores e investigadores que han aceptado trabajar en alguno de estos proyectos, generalmente formando equipos de especialistas en diversas ramas de la ciencia, que incluyen siempre a escritores, por supuesto. El único proyecto personal que conozco hasta ahora es el que atañe al Necronomicón, que lleva a cabo desde ya hace años un colega coetáneo que no voy a nombrar por razones obvias. Si bien los fondos de la beca que recibe no son  cuantiosos, le permiten complementar sus ocasionales ingresos en actividades profesionales que no voy a especificar, como me confesó el otro día, frente a una botella del regular vino Caleta, una mezcla de cepas chilenas y canadienses barata y bastante tomable. Yo me habría decidido en ese caso por un Frontera o un popular Gato Negro, o un vino portugués, pero las dependencias del Liquor Control Board of Ontario cierran más o menos temprano y después el trago se tiene que comprar en otros boliches que cierran a las once de la noche, pero que venden vino canadiense o mezclado con otras cepas. Debo agregar que estoy escribiendo desde Canadá y ya parece que estoy dando TMI (Too much information). Pero a lo que quería referirme es a las becas sobre Tlön, que viene del cuento de Borges, un proyecto de más envergadura, una verdadera enciclopedia que se estaría preparando, con detalles sobre la historia, instituciones, mitología, composición étnica y cultural, modos de vida,  etc. . Para darse a conocer por la institución que financia esta vasta empresa, no hay más que postear en cualquier lista o página el interés personal de participar, luego uno recibe un email que de partida uno tiende a descalificar como otra onda de nigerianos o algo por el estilo. Es descarte superficial es el primer cedazo. Si uno tiene la habilidad de mostrar interés y cierto conocimiento, además de disposición para embarcarse, en una respuesta que no sea comprometedora en términos de la información que uno entrega, vendrán otros modos de contacto, que no voy a explicitar, y uno se hará acreedor de ciertos fondos (variables, como he podido comprobar en contacto ocasional con otros becarios). Como decía, el real interés, una preparación más o menos sólida y bastante discreción son la clave para participar en este proyecto. Nada más  puedo decir.

Sunday, February 24, 2013

Danzarinoma

Jorge Etcheverry

Flores como vaginas
--¿Es la imaginación
un don
universal?
A veces
Así parece
(se acaricia cuidadosamente
la barba)
¡Vuelve a tus libros!

Friday, February 1, 2013

Crisálida

Jorge Etcheverry Arcaya

Y vendrá la hora de Gea y renacerá el culto de las diosas en contacto con ella, brotadas de ella o que la simbolizan
Especies desaparecidas como por encanto, en abrires y cerrares de ojo, brotarán y se multiplicarán, a ojos vista, a vista y paciencia de la concurrencia-Nosotros
Que entonces sí que vamos a aplaudirla pidiendo un bis
Esta vez sin aprestar cuchillos y maquinarias, balanzas y reglas de cálculo para medir volumen y provecho
Sí, es de esperar que llegue esa aurora
Ojalá antes de eque esa misma tierra nos sacuda como otra piel esclerosada
Para dar luz a lo nuevo
Que esta vez no seríamos nosotros

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Ottawa, Ontario, Canada
Canadá desde 1975, se inicia en los 60 en el Grupo América y la Escuela de Santiago. Sus libros de poemas son El evasionista/the Escape Artist (Ottawa, 1981); La calle (Santiago, 1986); The Witch (Ottawa, 1986); Tánger (Santiago, 1990); Tangier (Ottawa, 1997); A vuelo de pájaro (Ottawa, 1998); Vitral con pájaros (Ottawa; 2002) Reflexión hacia el sur (Saskatoon, 2004) y Cronipoemas (Ottawa, 2010) En prosa, la novela De chácharas y largavistas, (Ottawa, 1993). Es autor de la antología Northern Cronopios, antología de narradores chilenos en Canadá, Canadá, 1993. Tiene prosa, poesía y crítica en Chile, Estados Unidos, Canadá, México, Cuba, España y Polonia. En 2000 ganó el concurso de nouvelle de www.escritores.cl con El diario de Pancracio Fernández. Ha sido antologado por ejemplo en Cien microcuentos chilenos, de Juan Armando Epple; Latinocanadá, Hugo Hazelton; Poéticas de Chile. Chilean Poets. Gonzalo Contreras; The Changuing Faces of Chilean Poetry. A Translation of Avant Garde, Women’s, and Protest Poetry, de Sandra E.Aravena de Herron. Es uno de los editores de Split/Quotation – La cita trunca.

Instalación en la casa de Parra en Las Cruces

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Chile, 2005, Foto de Patricio Luco. Se pueden ver en esta "Biblioteca mínima indispensable" el Manual de Carreño, el Manifiesto Comunista y Mi Lucha

Chile, 2005

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Una foto con el vate Nicanor Parra, candidato al premio Nobel de Literatura