Tuesday, November 24, 2009

Qué pasó con los pájaros

Qué pasó con los pájaros, que ya no volamos sino bajo, bajito, pegados casi a los tejados, ni siquiera de las puntas diamantinas de los rascacielos esos nuevos, relativamente

Sino más bien de las casas a lo más de dos pisos, o tres, más o menos de nuestro tiempo, de nuestros barrios en los que nacimos

O de estos otros barrios que nos hemos encontrado por aquí, por allá, en otras tierras ahora nuestras

Abramos o cerremos las persianas para marcar el inicio, el fin de los días, el mundo se despliega afuera más o menos de la misma manera y es lo más probable que así siga

Lancemos esos otros pájaros más chicos a la vida, nuestras variadas progenies

Vedlos ahora volar, es su turno de darse unas vueltas, con más o menos acierto o suerte

Unos como gorriones, pardogrises y apresurados, otros los menos, como águilas y halcones, por allá arriba, casi no los vemos

Jorge Etcheverry

Thursday, November 5, 2009

Cosmos y buenos propósitos

Jorge Etcheverry

Pese a no ser cristiano, es decir, a tratar de no ser cristiano, a veces me tienta la fácil idea de una creación y un creador, con sus ventajas de un universo ordenado e inteligible, más o menos como se ve o como lo describen, incluso ahora aceptando que las leyes científicas también serían parte del diseño del creador. Y no es para menos. Situado en esta perspectiva me puedo dedicar los últimos años que me quedan a ser un poco más considerado que de costumbre con mis semejantes, rezar, ir regularmente a la iglesia, hacer alguna labor social, lo que no sería un cambio muy grande, ya que de alguna manera por algo así, aunque con otra magnitud, vinimos a dar con nuestros huesos a estas latitudes. Porque en el esquema católico, que para mí sería el único posible por haber crecido en una familia de esa iglesia, no basta la relación personal con Dios, ni los rezos, ni la mortificación, dieta, o ayuno, si no entra a jugar la dimensión del prójimo, es decir la así llamada ‘comunidad’. De ahí que en la iglesia católica hayan surgido poderosos movimientos sociales y que en las listas de ejecutados de las diversas dictaduras latinoamericanas siempre figuren sacerdotes, en algún momento se haya formulado una Doctrina Social de la Iglesia y brotaran en el pasado intentos utópicos desde la Orden del Templo a las misiones en Uruguay. Pero no nos alejemos del tema. No me es posible asumir que lo que se ve es tal como es ciento por ciento, que es lo básico para una religión que no sea hindú, que por el contrario sostiene que lo que uno ve es ilusión, Maya. Eso me viene seguramente de haber estudiado o enseñado filosofía en mi lejano país en un pasado ya remoto. Por el contrario, hay ocasiones en que me sumo en una especie de marasmo intelectual en que si bien las cosas concretas a mi alrededor no desaparecen, sino por el contrario se hacen sentir casi diría con más intensidad, se me tienden a hacer problemáticas, al menos en su apariencia y consistencia habituales. Imagínense que se acepta la noción, que parece no tener nada del otro mundo, que el espacio y el tiempo son divisibles al infinito. Hay millonésimas de segundo y millonésimas de centímetro, medidas que se aplican para medir por ejemplo a los virus, que no pueden ser más concretos y existentes, hay que acordarse del VIH. Entonces cada vez que uno da un paso atraviesa un infinito. Teóricamente para atravesar un infinito se necesita un tiempo infinito. Cuando pasa un segundo pasa un infinito, y sin embargo eso es lo más común del mundo. Claro que parece que con la Teoría de la Relatividad todo se curva sobre sí mismo, como un caracol, hasta el tiempo y el espacio, pero lo que pasa es que dar un paso no es ni micro ni macro cósmico, donde es más fácil aceptar que pasa este tipo de cosas. Pero me estoy poniendo muy nervioso. Necesito un cigarro.
Progenie (que somos)

Jorge Etcheverry

Pasa un cuervo más bien un jote
digamos por respeto a la historia y al país
Surgida de los umbrales del Sur
esa región angosta corre hacia abajo
se disuelve nebulosa por lo imprecisa
con paisajes costeros tan vastos como irreales
Brotan añañucas azules en la parte Norte
se alzan cerros bajos en esa región de extrema pobreza
Los hijos jóvenes nos lanzamos a la capital del país
o al mundo en general
tan pronto sabemos que existe algo más allá
Brota resentida nuestra estirpe
examinando el mundo de manera crítica
casi sardónica diríamos
Con los ojos negros clavando a los adultos
yacemos en la cuna endureciéndonos
jurando que nos mandaremos cambiar
tan pronto como brotemos piernas y zapatos
y sepamos hablar y usar las manos

Thursday, October 29, 2009

Fauna y pantalla

Jorge Etchevery

La más vistosa caparazón de los moluscos, los rojos coreáceos, los falsos ojos y floraciones
La egregia multitud de las alas, abriéndose en un gozo irisado bajo el sol
No son sino el reverso y la oposición de las zonas más oscuras, escondidas en el estuche de la pata del felino
—No nos pongamos dramáticos mientras repasamos estos hechos del mundo animal, al que pertenecemos.
Eso nos dicen las convenciones de la ciencia y las buenas costumbres
—No nos salgamos de madre vibrantes pero a la vez transidos
de pena
Los reptiles que brillan sudorosos
Las pobres tortugas que remontan las mareas con el propósito de desovar
No están más
en las arenas en la gama brusca de la pantalla
Mientras una voz nos recuerda
que en el mismo momento en que el espectador las mira
estas especies están en vías de extinción

—Cerremos pues los ojos—apaguemos el aparato
aprestémonos a las tareas del día
para recabar el derecho a nuestro espán de vida

Friday, October 16, 2009

Mini parabiografía segmentaria

Jorge Etcheverry

Cuando era aún joven y frecuentaba las aulas universitarias en mi país natal estaba aún lejos de imaginar lo que se escondía detrás de palabras como Imperialismo, Tortura, Represión. Los Partidos de Izquierda gozaban de una posición a todas luces envidiable. Personeros políticos de partidos casi imposibles en otras latitudes perfeccionaban su capacidad oratoria en foros tales como la Televisión Estatal, las mismas universidades, el Congreso. La Democracia como una madre de vasto regazo protegía hijos a veces desaforados. Como cualquier Hijo de la Clase Media que disgustado del ambiente social y familiar buscaba una especie de trascendencia, me enrolé en uno de los más nuevos y radicales grupos de la Izquierda de los Sesenta. La década se abría como una Flor Multifacética en el Cielo del País, reflejando como en un espejo la Luz Lejana de los Movimientos Guerrilleros que después de la Revolución Cubana brotaban en todos los Países Latinoamericanos: puñados de jóvenes de Clase Media, profesionales y brillantes, incluso a veces hermosos, lograban a veces casi imposibles alianzas con elementos obreros, campesinos, indígenas. La Izquierda Más Establecida, con otro origen, miraba con hostilidad e ironía esos brotes juveniles.

Las figuras de Manuel Rodríguez y José Miguel Carrera creaban alas y proyectaban halos desde frentes despertadas de la grisalla de los textos escolares de la primaria, al calor de los tiempos. Ganaban terreno a la figura vetusta y rechoncha, establecida, de O’Higgins que acuñaba a la República desde el dibujo magro de las chauchas, mientras Carrera y Rodríguez volvían a alzarse en los sueños de mis Compañeros de Generación, delgados, de grandes ojos, la melena al viento.

Pero el nuestro era un sueño de niños locos. En lo que respecta a nuestra manutención, algunos aún vivían bajo el alero de la familia. Los más, como yo, comenzaban con horas en el liceo o en colegios particulares o alguna ayudantía en la universidad. Pese a que las posibilidades de un futuro estable comenzaban despaciosamente a cerrarnos la puerta en las narices, había una cierta facilidad para vivir. Todos olían la era que se cerraba con los democratacristianos. La atmósfera que bañaba el país era como el techo de un invernadero sobre el que cayera cierto granizo histórico. Yo empezaba a encaminarme por un futuro profesional que parecía seguro, conocía e intimaba con la que habría de convertirse con el paso del tiempo en mi mujer. A la vez ese proceso tocaba o incluía, como una mancha de aceite, a todos mis amigos, y más allá, nuestro grupo, incluso nuestra generación.

Las atrocidades cometidas por la organización anticomunista MANO nos llegaban tamizadas por un doble velo: lo remoto y contrario a esa embriaguez general de una vida en esencia y sin embrago fácil—la pequeña burguesía universitaria—. 2. Lo absoluto de nuestra especificidad: el país no es un suelo para golpes de estado ni revoluciones sangrientas. La ACHA—Acción Chilena Anticomunista—era un grupito lamentable de militares retirados. Las historias de la revolución española—en que mi padre como tantos otros había combatido bajo los colores republicanos—tenían para nosotros un tinte antiguo y romántico. Me reclinaba por horas en casa de mi novia en un pueblo del NORTE CHICO leyendo colecciones de los años treinta de la revista Para Ti, ese el el período que asociaba con la revolución española.

Incluso aquellos contados que leían con un placer más bien estético las páginas de Vicuña Mackenna, como ese fino profesor alemán de estética y poeta, parecían no ver el espanto de la Guerra a Muerte, como una figura posible acechante en los márgenes de la página, como una iluminación de un texto alquimista, una posibilidad que hoy tardaría poco en hacerse notoria y evidente. Las Alamedas entonces eran amplias y me permitían mezclar mis incipientes labores docentes con la militancia de vanguardia y la frecuentación de los libros de Eliphas Levy. Gurdieff, Ouspensky, Scott Elliot y sobre ellos y tantos otros de Meyrink. La atmósfera del país era como un lujo que permitía la cohabitación de muchas mujeres con un mismo hombre, o viceversa, como diferentes estilos de amoblados en un mismo cuarto, siguiendo de alguna manera la figura heterogénea de La Ciudad, que alternaba las clases sociales en su seno como un mosaico en inestable (parecía) equilibrio. El Canto de Gallos y Pájaros en las madrugadas tenía una calidad de abridor de un horizonte que no estaba limitado por las montañas (cercanas). No sé si esa sensación es nada más que algo que todos los jóvenes a esa edad sienten al despertar, o era una evidencia de que la estructura fijada desde tiempos inmemoriales por la historia iba a abrirse como una naranja podrida.

Por esa época comenzaban a hacerse populares en nuestro medio los futurólogos, principalmente divulgados a través de artículos. Algunas interpretaciones descarnadas de la historia comenzaban a hacerse conocidas, siempre de manera marginal. Hay que aclarar que por entonces tuve acceso a revistas extranjeras de una circulación restringida. Además siempre me fijaba en pequeñas notas en magazines y diarios de circulación extendida Estas especulaciones se mantenían lejos del Pensamiento General, una suerte de optimismo en parte justificado por la tradicional solidez de nuestras instituciones, hasta ahora más o menos incólumes, y que, según se viera durante el Gobierno Popular, parecían estirarse como chicle, daban de sí, como las costureras dicen de algunos géneros. O quizás estaba presente el elemento del avestruz, que dicen que entierra la cabeza en la tierra en circunstancias desacostumbradas o peligrosas. Los libros relativos a la Revolución Española desaparecían misteriosamente de los anaqueles de las bibliotecas. Si alguna discusión existía respecto a la inminencia del Golpe en esos días del Gobierno Popular se reducía a las Altas Esferas, a los Círculos Internos de los diversos partidos. El caso brasileño de la década pasada tampoco era apreciado en su evidente paralelo con nuestra situación. Algunos días después de la elección de Allende, la organización en que militaba produjo un panfleto a nivel universitario anunciando la inevitabilidad (inminencia) de un golpe. Éramos un grupo de agoreros cuyos planteamientos fueron pronto descalificados. Estos años eran rápidos y frenéticos. Más adelante, en otras latitudes, enquistado en lo que se llama El Centro para oponerlo a La Periferia, pasaban los meses y meses sin cambio visible.

Recuerdo a fines de los sesenta haber discutido con un amigo y compañero de lucha en los Jardines del Pedagógico, “Mira, Maestro, desde fines del año pasado la Huelga General, parece que la cosa se está moviendo más rápido. No hemos tenido un momento de respiro”. Maestro se saca los anteojos y los limpia con un ademán automático, que junto a su cara grave y manera conservadora de vestir lo hacían parecer bastante más viejo y dice, “Parece que los días tranquilos los estamos dejando definitivamente atrás. Dantón y Álvaro salían en ese momento del Departamento de Geografía con unos pósters que plantaron en las paredes, una compañera de abundante cabellera y rizada, con piernas preciosas, los iba untando por detrás con engrudo. En ese tiempo y en esas latitudes no se usaba todavía el scotch.

El Maestro era uno de esos jóvenes intachables y estudiosos que parecen encontrarse muy a gusto en el tipo de vestimenta que usan sus padres. Adelantan un poco el reloj, unos años, y encajan en los hábitos y apariencias de la madurez. En nuestro (mi) país, el peso de la imagen del varón adulto y su indumentaria es algo serio. Con una tez morena y grisácea, de rasgos finos y un pelo siempre peinado con abundante gomina, poseía dos ojos sensibles y grandes, que relumbraban con un fuego tranquilo en las grandes ocasiones, estando por lo general revestidos de un fulgor opaco. Pese a su delgadez y (suponemos) fragilidad, imponía respeto y emanaba de él una sensación de fuerza tranquila. Esas cosas las veía y registraba al pasar, con el ángulo del ojo. Ahora las veo pasar de nuevo y las analizo. Quizás podría ponerle una cruz a la derecha encimita del nombre, si es que no sobrevivió al Golpe o a la represión ulterior. Lo que importa señalar es que quizás esa persona concreta e individual que uno conoció por años, sin intimar, porque uno intima con algunos y con otros no, dependiendo del círculo, intereses, etc., fue barrida, y que cada uno de los torturados o muertos era sí de real y particular para cada uno de los que los conocieron. Sé que tiene un primo que era inseparable en Montreal y a lo mejor todavía está vivo, en otras circunstancias y haciendo quién sabe qué cosa. Quizás lo que pasa es que nosotros fuimos formados en un ambiente en el cual la Persona Individual importa. Los Grandes Cataclismos Naturales y Sociales borran individualidades por miles. En el vecino país de Bolivia, alrededor del sesentaicinco, los hijos de los hacendados salían en helicópteros a caza indios por deporte (eso me lo dijo Mabel). Otra opinión, pongamos de un señor ya bastante distanciado de la Vida Concreta, con todos sus Tejes y Manejes, por edad o circunstancias que atañen a su vida más íntima, no vamos a entrar en eso, podría decir: “Después de todo, todos nos vamos a morir algún día, que pase antes o después, en forma masiva o individualmente, las circunstancias mismas, no alteran el hecho en lo más mínimo”. Pero pese a nuestro carácter realmente frío y racional no nos sentiremos nunca inclinados a hacernos carne de este tipo de razonamiento.

Tuesday, September 29, 2009

Reflexiones del lobo

Jorge Etcheverry

Una escultura, major dicho un relieve se seca sobre la mesa del comedor, entonces me veo forzado a comer en cama, frente al televisor. Pasan varias jornadas mientras esa figura hecha de papel hecho pasta, vuelto a su pasta original se seca bajo sus capas de tinta china y tiza de color pulverizada. A varias cuadras de distancia en los escaparates de una concurrida tienda que expone y vende pinturas y materiales para pintar, dibujar, esculpir, todo caro pero limpio, con ese toquecito osado y aventurero que no se sale de los marcos convencionales, que asombra e inquieta levemente al comprador o simple espectador pero no demasiado, que le hace un gesto que lo marca como uno de los elegidos de ese grupo privilegiado. Me agazapo como un lobo figurativo que de cuando en cuando se pone una piel de oveja para salir de este departamento que es mi madriguera y a veces incursiono por las calles y las hojas de papel y virtuales de ellos, los que se pasean contentos en sus manadas, hablando y gesticulando, pero que me han otorgado una especie de pase para sentarme en las orillas de sus calles y ciudades y que insisten en que yo soy en el fondo uno de ellos. Benaiga

Saturday, September 19, 2009

Fauna y pantalla

Jorge Etcheverry

La más vistosa caparazón de los moluscos, los rojos coreáceos, los falsos ojos y floraciones
La egregia multitud de las alas, abriéndose en un gozo irisado bajo el sol
No son sino el reverso y la oposición de las zonas más oscuras, escondidas en el estuche de la pata del felino
—No nos pongamos dramáticos mientras repasamos estos hechos del mundo animal, al que pertenecemos.
Eso nos dicen las convenciones de la ciencia y las buenas costumbres
—No nos salgamos de madre vibrantes pero a la vez transidos
de pena
Los reptiles que brillan sudorosos
Las pobres tortugas que remontan las mareas con el propósito de desovar
No están más
en las arenas en la gama brusca de la pantalla
Mientras una voz nos recuerda
que en el mismo momento en que el espectador las mira
estas especies están en vías de extinción

—Cerremos pues los ojos—apaguemos el aparato
aprestémonos a las tareas del día
para recabar el derecho a nuestro espán de vida

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Jorge Etcheverry
Ottawa, Ontario, Canada
Nací en Santiago de Chile en 1945, participé en las agrupaciones poéticas de la segunda mitad y fines de los sesenta, Escuela de Santiago, de tendencia neovanguardista urbana, y Grupo América, que llevaba cultura a las poblaciones marginales y fábricas. En Canadá desde 1975, por el golpe de estado de Pinochet, fui uno de los cofundadores de Ediciones Cordillera. He publicado varios libros de poesía en castellano e inglés, así como textos de poesía, prosa y crítica en diversas revistas y antologías en América y Europa. Soy miembro de los Poetas Antiimperialistas de América, que acoge a mi revista virtual La cita trunca, en www.etcheverry.info. Represento como embajador en Canadá a los Poetas del Mundo, organismo mundial conformado por poetas en pro de la equidad social y cultural y la paz y al Movimiento Literario Abrace. Soy fundador y editor jefe de Split/Quotation, que publica fundamentalmente a autores castellanógrafos que viven en Canadá. Soy fundador y miembro del Taller Cultural El Dorado.
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Instalación en la casa de Parra en Las Cruces

Instalación en la casa de Parra en Las Cruces
Chile, 2005, Foto de Patricio Luco. Se pueden ver en esta "Biblioteca mínima indispensable" el Manual de Carreño, el Manifiesto Comunista y Mi Lucha

Chile, 2005

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Una foto con el vate Nicanor Parra, candidato al premio Nobel de Literatura