Friday, December 7, 2007

Notas blasfemas IX

Cuando uno lee novelas de terror, pongamos por caso Salems Lot, de Stephen King, se encuentra con un mundo muy de todos los días en que van apareciendo de a poco los elementos del horror, que son en general sobrenaturales. En las películas del mismo género, en que interviene el vampirismo, la licantropía, la posesión, los fantasmas, el anticristo o el poltergeist, los únicos antídotos se relacionan con la parafernalia de la Iglesia Católica, además claro del vulgar ajo, el agua, la luz del sol, las estacas clavadas en el corazón de los no vivos en el caso de los vampiros. Como si en el fuero interno de los autores de libros y productores de películas existiera la convicción de que la única religión ‘de veras’ es la católica. Nunca nos vamos a encontrar como salvador y aniquilador de la monstruosa anomalía de que se trate a un personero de los testigos de Jehová, a un pastor metodista, a un santo del séptimo día o a un mormón, aunque la mitología de estos últimos es bastante desenfrenada. Quizás se trate del carácter históricamente institucional de la Iglesia, aliada y promotora de los grandes imperios, espantadora de incontables millones con la promesa cierta de un infierno descrito en términos muy concretos, de la necesidad para salvarse de una penitencia y de la absolución de un sacerdote confesor, que para concederla te tiene que conocer al revés y al derecho. Una especie de conciencia socializada y por lo tanto bastante molesta. El católico de verdad no le va a estar mintiendo al cura, porque a las finales él mismo se jode y se va a ir a tostar con mayor razón. De alguna manera en la convención del ámbito de lo sobrenatural en literatura y el cine se presupone que el orden que rige el universo es el católico, quizás con la excepción del genio de Lovecraft, en que para contrarrestar a esos seres todopoderosos pero soñolientos y torpes que son los Grandes Antiguos, los aterrados héroes deben conjurar a otros dioses tan inhumanos y ajenos como ellos, sus mortales enemigos, en una escaramuza secundaria de una batalla inconcebiblemente vasta de la que este mundo, sus habitantes y su historia son sólo un minúsculo episodio. A lo que vamos es que la convención del horror presupone al catolicismo, y que tratándose siempre de una irrupción de lo para o sobre natural en el mundo organizado, coherente, se recurre a sus símbolos y personeros para restaurar el orden normal. Quizás sea esa asunción implícita lo que hace que en otro plano muy distinto, la Iglesia pase a comportarse como entidad política institucional y en algunos casos pase de la teología a la práctica social. En el mundo protestante las acciones se dejan a la actitud personal, lo que no tiene nada de raro, ya que la reforma fue un intento de liberarse de la tutela y vigilancia de una religión normativa universal, que no sólo se inmiscuía en la relación del individuo moderno con Dios, sino que desde el estado legislaba y hacía cumplir. No se pueden hacer negocios y seguir sujeto a una creencia y una autoridad que de partida te dice que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos. No es que los católicos no se aprovecharan del prójimo, pese a que les decían que lo tenían que amarlo como a sí mismos, también existía la simonía, y los obispados, cardenalatos, arzobispados y en ocasión papados eran prebendas de las familias reinantes o nobles, o a veces se compraban. Se hacían igual negociados y arreglines, pero el tipo se sentía culpable y antes de morirse le dejaba la plata a la Iglesia. Pero estaba la culpa. La ‘conciencia desgraciada’, de tradición tan ilustre en la filosofía occidental es un fruto del catolicismo. Yo puedo comerciar en esclavos, mujeres y órganos, a sabiendas de que soy culpable. Pero a lo mejor, y si soy buen calvinista, creo en la relación personal y directa con Dios, y ningún intermediario se va a estar metiendo. En una de éstas Dios, al que le gusta la empresa privada tanto como le disgusta el trago, el café y los cigarros (no el Dios católico; la comunión se hace con vino, aunque sea sangre simbólica), se me aparece en sueños y me dice: “Hijo, porqué no pones una empresa de interrogación y tortura en Irak. Te ganas unos pesos y de paso ayudas a la democracia”. Pero a lo que iba. Una vez una niña estudiante mía cuyos padres venían de Europa Central discutió con su abuela, que decía haber conocido a un vampiro en su Transilvania natal. Decía que todo el mundo hablaba mal de él, pero que era en realidad muy buen vecino. A ella, que en ese entonces era de la juventud comunista, no le parecía tan descabellado que existieran, que eran una cosa aceptada por todo mundo en el pueblo donde ella vivía. Mi estudiante, que había vuelto a sus raíces en la Iglesia Ortodoxa, le dijo que cómo ella, que no creía en Dios, podía creen en esas patrañas, y la abuela le dijo “No veo cuál es tu problema para creer en criaturas sobrenaturales de poca monta, tú que crees en un fantasma todopoderoso que no sólo creó al universo, sino que lo mantiene y vigila hasta en sus menores detalles”.

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Ottawa, Ontario, Canada
Canadá desde 1975, se inicia en los 60 en el Grupo América y la Escuela de Santiago. Sus libros de poemas son El evasionista/the Escape Artist (Ottawa, 1981); La calle (Santiago, 1986); The Witch (Ottawa, 1986); Tánger (Santiago, 1990); Tangier (Ottawa, 1997); A vuelo de pájaro (Ottawa, 1998); Vitral con pájaros (Ottawa; 2002) Reflexión hacia el sur (Saskatoon, 2004) y Cronipoemas (Ottawa, 2010) En prosa, la novela De chácharas y largavistas, (Ottawa, 1993). Es autor de la antología Northern Cronopios, antología de narradores chilenos en Canadá, Canadá, 1993. Tiene prosa, poesía y crítica en Chile, Estados Unidos, Canadá, México, Cuba, España y Polonia. En 2000 ganó el concurso de nouvelle de www.escritores.cl con El diario de Pancracio Fernández. Ha sido antologado por ejemplo en Cien microcuentos chilenos, de Juan Armando Epple; Latinocanadá, Hugo Hazelton; Poéticas de Chile. Chilean Poets. Gonzalo Contreras; The Changuing Faces of Chilean Poetry. A Translation of Avant Garde, Women’s, and Protest Poetry, de Sandra E.Aravena de Herron. Es uno de los editores de Split/Quotation – La cita trunca.

Instalación en la casa de Parra en Las Cruces

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Chile, 2005, Foto de Patricio Luco. Se pueden ver en esta "Biblioteca mínima indispensable" el Manual de Carreño, el Manifiesto Comunista y Mi Lucha

Chile, 2005

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Una foto con el vate Nicanor Parra, candidato al premio Nobel de Literatura