Sophie Lavoie,Natalia Crespo, Jorge Etcheverry
Encuentro (¿por qué no?)
Jorge Etcheverry
_
Si pasa que nos encontramos
por casualidad por ahí
podemos hablar
contarnos cosas
aunque sean tonteras
Ya no me puedo dar el lujo
de saltarme estos encuentros banales
que nos pasan a todos
y que son como puntos luminosos
en esta especie de tablero de control
que es esta ciudad de gente solitaria
Pero que no controla nada
como un inútil objeto surrealista
pero sin el encanto de los sueños
Rencontre (porquoi pas?)
Sophie Lavoie
_
S’il s’avère que nous nous rencontrons
par hasard par là
nous pouvons parler
nous raconter des choses
même si ce sont des bêtises
Je ne peux plus m’offrir le luxe
de passer sur ces rencontres banales
qui nous arrivent à tous
et qui sont comme des points lumineux
dans l’espèce de tableau de bord
qu’est cette ville de gens solitaires
Mais qui ne contrôle rien
tel un inutile objet surréaliste
mais sans le charme des rêves
El elogio de lo casual
Natalia Crespo
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Paul Virilio no es el único que entendió el control, el orden y la velocidad como instrumentos claves del capitalismo y, contrariamente, el elogio de lo casual, la exaltación de la pereza, de lo lento e incontrolable como formas de resistencia al fanatismo productivo de las sociedades modernas. Propongo leer “Encuentro (¿por qué?)”, del poeta chileno-canadiense Jorge Etcheverry, con Virilio en la cabeza, es decir, entendiendo el poema como una apología de los encuentros inesperados, como un rescate estético del valor de lo fortuito. Pero no sólo de los encuentros inesperados hablan estos versos: también de la soledad, de la necesidad de comunicación, de la ausencia de control, de la proliferación de descontrolados.
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Regidos por una lógica tal vez parecida a la de los sueños –desplazamiento, aunque por la ciudad, condensación, de ambos sujetos en un mismo punto, quizás también asociación de deseos– los encuentros fortuitos en la gran ciudad con amigos a quienes dejamos de ver, con amantes pretéritos, o simplemente con conocidos, suponen, como los sueños, la irrupción del pasado afectivo. Son un bache en los mecanismos de control, un agujero en la utilización eficiente del tiempo. Toparse en la calle con un conocido supone un pequeño orden dentro del caos circundante que es la ciudad anónima y gigantesca (el orden implícito en hacer coincidir dos personas en el mismo espacio en el mismo instante): allí reside la luminosidad del encuentro. De algún modo, cada encuentro supone un entramado de ocio, de coincidencia y de soledad. Y quizás también, estos encuentros anticipen algo más, algo que asoma luego del mero contarse tonteras.
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Desde un punto de vista estadístico, diría un lector serio o seriado, la probabilidad del cruce de trayectorias en un mismo punto, en un mismo instante, dentro del inmenso damero urbano, es en verdad irrisoria. Y lo improbable tiene en el poema tres formas de expresarse: “si pasa que” (v.1), “por casualidad” (v.2), “por ahí”, las tres frases buscan dar cuenta de lo impreciso o incontrolable de la coincidencia. También, como el lenguaje general del poema, como la pregunta retórica del título, y como parte de la literatura de Etcheverry, el lenguaje es coloquial, desacartonado, anti-solemne, cercano al diálogo, a la alusión, al collage, como si en la selección misma de palabras ya se estuviera dando un encuentro insólito. Temáticamente, el poema se inscribe en la serie de textos sobre “la urbe y sus tejes y manejes”, sobre “el estado de las cosas”, dos temas que, así definidos por el propio Etcheverrry en su entrevista con José Carlos Sánchez-Lara_(1),_son centrales en la obra de este poeta.
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Como en aquel cuento entrañable de Italo Calvino, “La aventura de un automovilista”, en “Encuentro” tampoco los amantes son amantes. No podemos hablar de amantes en verdad, aunque el deseo sobrevuele el texto, aunque la mención de los sueños –si los entendemos como realización de deseos– ofrezca una tentadora conexión con el amor. Lo que sí son el yo poético y la voz en segunda persona a quien se refiere es dos puntos luminosos y lejanos que posiblemente se choquen, que parecen al menos desear esta remota posibilidad del choque, la añoran como antídoto contra la soledad urbana y el anonimato que los rodea. No es que se hable de amor en el poema de Etcheverry: acaso el encuentro, a tono con la invitación (“podemos hablar / contarnos cosas / aunque sean tonteras”) sea tan intrascendente como la charla pasajera. Pero sí se habla –se sugiere– combatir la soledad, no dejar escapar un contacto que antes sí podía dejarse escapar. Hay una necesidad de comunicación que ahora urge y que antes podía ser ignorada: “Ya no me puedo dar el lujo / de saltarme estos encuentros banales / que nos pasan a todos / y que son como puntos luminosos”. Este cambio insinuado en el yo, esta nueva necesidad de contacto es un ingrediente más de la soledad y de la desesperación.
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Como el automovilista en el cuento de Calvino, el texto invita al lector a una mirada panorámica, quizás panóptica: podemos ver la ciudad como “esta especie de tablero de control” (v.10), podemos ver lo que el yo poético, que presumimos a pie, flaneuriando la urbe, nos insita a ver: “un inútil objeto surrealista / pero sin el encanto de los sueños ” (v.13, 14). El objeto surrealista y su sentido poético se contraponen a la connotación de tecnología que supone “el tablero de control”. La metáfora del tablero de control nos hace imaginar este espacio como una gigantesca ciudad norteamericana, tecnificada, desarrollada, pretendidamente eficiente. Como contraste y revancha: el descontrol, la soledad de la gente, el sueño surrealista “sin el encanto de los sueños”. El encanto del poema reside, como el encanto de los sueños, en rescatar lo implanificable, no lo que se pretende bajo control sino lo incontrolable. El encuentro casual es a la vez un elogio de lo impredecible, una conexión afectiva con el otro y con el pasado del yo, y un triunfo de lo ocioso y de lo aparentemente improductivo sobre las pretensiones del control.
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(1)_Ver José Carlos Sánchez-Lara._“La escritura residual (Entrevista a poeta chileno Jorge Etcheverry)”,_en_La Cita Trunca.
Enlace a los cuadernarios
http://fis.ucalgary.ca/ACH/Registro/Cuadernarios/index.html
Blogista de algún modo personal, pero que acepta anuncios, colaboraciones y comentarios de lectores y etcheverroides. Dedicada sobre todo a textos, literatura (eventos, artículos, crítica, metacrítica, etc.), política en sentido amplio--y en el otro-- e ideas. Dirigir la correspondencia a jorgecheverry@yahoo.com o a jorgeetcheverry@rogers.com
Thursday, June 7, 2012
Saturday, June 2, 2012
Monday, May 28, 2012
El poeta portavoz
Jorge Etcheverry
Dado que yo mismo practico o en buen cristiano hago poesía, prosa, crítica, artículos sobre cultura, literatura, política, algo de plástica, lo que se llama crónica, con mayor o menor éxito, pero dentro de lo que se entiende más o menos por esos términos, me llama la atención el hecho de que el poeta sea más y más un portavoz o un vehículo de las posiciones, ideologías, programas, denuncias, reivindicaciones, condenas, alabanzas, absoluciones, santificaciones y demonizaciones, etc. provenientes de políticos, periodistas, sociólogos, culturólogos, líderes, la institucionalidad de países enteros, iglesias y cultos, la ciencia, etc.—muchas veces causas tan justificadas como loables, como la paz, la preservación del planeta, la autodeterminación de las naciones y los derechos humanos. Todo del uno. Pero quizás será por la compartimentación de papeles y funciones de la sociedad capitalista productiva—características que como otras a las finales se impusieron por el impulso ciego de la especie para reproducirse y comérselo todo—no se ven muchos poetas ambidextros que operan en la producción de las ideas a la vez que su difusión y carnalización a través de la poesía. Por eso cuando veo por ahí la nota crítica de un poeta sobre un libro, una incursión del poeta en la reflexión política cultural, ecológica, etc. no puedo negar que eso me encanta. Está bien expresar las cosas, expresarnos nosotros, dar voz a lo humano genérico—aunque ahí no termine la poesía, aunque quizás lo otro un poco más allá o más acá o al lado, a lo mejor ya es otra cosa—pero no inferir que por eso el poeta es tonto, ya que eso significa recoger esa tradición que jerarquiza las partes de la psique y adjudica al pensamiento—masculino y solar—una posición superior al sentimiento y la expresión, cosa de mujeres y lunar. Pero ya nos estamos yendo un poco por las ramas.
Sunday, May 27, 2012
Thursday, May 24, 2012
Monday, May 14, 2012
La poesía en el marco de la representación. (nota preparatoria para un taller de poesía)
Jorge etcheverry
¿Para qué las artes en general?. El arte es
una representación de la realidad. Los intentos que en su rebeldía –como la
pintura abstracta—bregan para superarla, así lo testimonian. Representar la
realidad, o lo que se cree esencial de la misma, según el caso, se combina con
el impulso a hacerlo. Ya sea que se trate de un imperativo que se enmascare
bajo una necesidad o compulsión social, ideológica o religiosa, siempre se
trata de un impulso individual a hacerlo—desde ese punto de vista, toda arte es
de alguna manera lírica y volitiva—hasta que las inteligencias artificiales del
futuro desprovistas de ego se propongan la mímica de esa actividad humana
Todo conocimiento es representativo, ya que es
necesario que aparezca como algo real, aunque se pueda definir esto real como
convención, como una realidad más allá de nuestras percepciones, como una
distorsión de nuestras percepciones o como una emanación del sujeto, etc., que
en cada caso pasan a ser lo real. Para
poder conocer, conocernos a nosotros mismos, la realidad, etc. de una manera
válida, necesitamos que de alguna manera se sobrepase el nivel del puro
aislamiento y la autosuficiencia solipsista. Si lo que se conoce no se
representa y adquiere una cierta objetividad que también puedan percibir otros,
u otro, o el universo humano, no hay acreditación de ese sentimiento o
conocimiento. En los seres humanos pareciera que no es posible el conocimiento
sin la representación, artística u otra. El mismo sueño de los chamanes, como
palabra de dios, o en el caso del psicoanálisis proveniente del inconsciente,
ya nos coloca de alguna manera como espectadores de ese mismo sueño, que se
anota, descifra, interpreta o analiza
La representación conlleva la contraposición
de espectador y espectáculo, frente a frente. El valor de la representación
reside en su presencia como objeto—material virtual o imaginario— al frente de
uno. Mientras más objetiva, menos ligada a una persona u otra, o mejor,
mientras más ligada potencialmente a la totalidad de los seres humanos, es más
válida y creíble, es decir más general. Así, los productos artísticos o de
intención artística comparten la objetividad con que se presenta el objeto
representativo en general. Pretenden no estar ligados a una persona o colectivo
originante sino que implícita o explícitamente se quieren universales. La
expresión más personal necesita de alguna manera poder hacerse universal,
potencialmente análoga a lo que sentirían todos los seres humanos. Así
presuponen implícitamente un público colectivo, que idealmente abarca, como se
decía, a todos los seres humanos.
Así, el poema pretende intencionalmente o no
esa universalidad, implícita o explícitamente—y es una presuposición básica ,
ya que aunque sea poesía femenina, aborigen, comprometida, etc. se quiere
universal—aunque se presente como una pura expresión de sentimientos o ideas
explícitas de un ‘yo’ o colectivo determinados.
Respecto a la poesía, su diferencia con la prosa
es a la vez intencional e institucional y objetiva. De partida porque el autor
o el medio de difusión la presenta y contextualiza como poesía—en el caso de un
artefacto parriano uno se podría parar con un micrófono en una fiesta y decirlo
como chiste. Es la parte social, institucional, contextual e intencional,
volitiva. Los poemas épicos de muchos pueblos eran considerados historia,
crónica o cosmogonía, o todas esas cosas juntas
En principio, la poesía es más inmediata que
la prosa en su situación de lectura o escucha, es más breve que la prosa, al
menos en los tiempos modernos. La prosa, por convención, es intencionalmente
detallada, descriptiva y en los tiempos modernos se quiere fiel a la realidad.
La prosa tiene un supuesto de veracidad, sobre el que se construyen sus
alteraciones. Se supone que se refiere al mundo real, cuyo despliegue detallado
ofrece el marco para la narración de aventuras, fantástica o experimental, e
incluso para una factible antinovela.
La poesía, en esta división del trabajo
vigente, se supone libre de la necesidad de referirse fielmente al así llamado
mundo real y como siendo territorio de la expresión—aunque necesita
forzosamente de los elementos de lo real, lo que se dice de un correlato
objetivo. A esa expresividad se le denomina la lírica. La división de trabajo
asigna a la prosa la autoridad de lo verdadero o que se pretende serlo de modo
distinto al de la poesía, aunque su diferencia básica reside en su modo de
composición y su forma y tiempo de lectura, así como al formato de su
presentación. Ambas formas tienen por así decir efectos en la realidad social y
cultural que las producen: al leer Las
desventuras del joven Wherter, de Goete, muchos jóvenes sajones cometieron
suicidio en la época romántica y Rushdie recibe edictos que lo condenan a
muerte. El reciente poema de Ghunter Grass despertó una polémica mundial y
figuras de poetas como Lorca, Neruda, Guillén o Pound se hicieron símbolos.
En los límites de estos géneros, o en
situaciones inter o para genéricas, las presuposiciones entran en juego. Hay
casos de poemas en prosa o relatos breves que se pueden considerar como prosa o
poesía. En última instancia lo que
decide es si el texto se presenta o percibe como prosa o poesía.
En el caso de las artes, y de la representación
o mediación artística—es decir de su presentación como tales por el autor o las
instancias de su distribución—se manejan elementos finitos de la objetividad de
imágenes o palabras. La comunicación implica el uso de elementos universales:
las palabras son de uso común y tienen significados y referentes más o menos
fijos, lo que posibilita la comunicación.
La poesía usa un lenguaje que es un acerbo
común, cuyo uso tiende a desgastarse y a hacerse habitual. Lo que en un momento
resulta novedoso, atrae la atención y muestra un aspecto inusitado, pierde esa
calidad, por necesidad se hace manido, en virtud de la reiteración y repetición
que justamente hacen del lenguaje un instrumento de comunicación, un conjunto
de términos aplicables a objetos y situaciones análogos en variadas
circunstancias. De ahí que para conseguir ser percibida, notada, y por ende sus
referentes internos (yo) y externos (mundo), la poesía—y las artes—necesitan de
la alteración, la distorsión, la mutua fecundación de diversos campos
genéricos, discursivos y textuales, las imágenes—poesía visual—la actuación
performativa, etc., en otras palabras, de lo inhabitual que por algún momento
atraiga la atención, para luego volverse a sumir en lo habitual y cotidiano. Lo que no quita que la misma reiteración de
palabras e imágenes pueda ser de alguna manera un valor en sí, así como lo es
en los rituales religiosos, indicando a la cofradía de los creyentes—religiosos
o no—la pertenencia a un grupo o adscripción comunes.
Jorge etcheverry, Ottawa, Canadá, mayo de 2012
Sunday, May 6, 2012
Con las estatuas del Viejo Miralles al hombro bajando la cuesta bajo el sol hacia la Parte baja de Coquimbo ya hace décadas--con mención de poetas
Jorge Etcheverry
El viejo que se sale de madre e hilvana una poesía de chatarra que uno lleva a cuestas pese a la fragilidad de la esquelética del cuerpo—arriba graznan gaviotas—descendemos por las calles de barro hasta llegar a las adoquinadas que se anidan en el centro del puerto. Cada obra con su pedazo de papel que cuenta una historia del origen de cada pieza—arriba brilla uno de los soles más puros que aparecen sobre la tierra. Y más allá, más bien por el lado de la noche se acurrucan estrellas como puños que se cubren como pueden, sosegadas pero tranquilas—total tienen millones de años luz y a lo mejor ahora ni siquiera existen. Todo eso se arremolina en mi cabeza cuando bajo apenas junto al viejo que habla y habla yo cargado con el saco de esculturas de chatarra que a lo mejor en una de éstas atraen la atención de los marineros, fugitivos, a lo mejor gente corriente de por ahí no más, del barrio—que se zampan las escudo las pílsener el vino tinto sempiterno y se cuentan historias casi al lado del mar. Y El Tololo enfoca su ojo de vidrio sobre las desnudas estrellas—ahora las tapa el sol pero a él no le importa. De ahí quizás brota la vertiente que habrá junto con otros elementos de la geografía y la historia—seamos materialistas—dar a luz en unas décadas y conmigo allá lejos, en el otro extremo del mundo a las fantasmagorías concretas de Volantines, Julito Miralles y Del Cerro. No del Piñones que es y será (siempre) de Santiago, con otros fantasmas
El viejo que se sale de madre e hilvana una poesía de chatarra que uno lleva a cuestas pese a la fragilidad de la esquelética del cuerpo—arriba graznan gaviotas—descendemos por las calles de barro hasta llegar a las adoquinadas que se anidan en el centro del puerto. Cada obra con su pedazo de papel que cuenta una historia del origen de cada pieza—arriba brilla uno de los soles más puros que aparecen sobre la tierra. Y más allá, más bien por el lado de la noche se acurrucan estrellas como puños que se cubren como pueden, sosegadas pero tranquilas—total tienen millones de años luz y a lo mejor ahora ni siquiera existen. Todo eso se arremolina en mi cabeza cuando bajo apenas junto al viejo que habla y habla yo cargado con el saco de esculturas de chatarra que a lo mejor en una de éstas atraen la atención de los marineros, fugitivos, a lo mejor gente corriente de por ahí no más, del barrio—que se zampan las escudo las pílsener el vino tinto sempiterno y se cuentan historias casi al lado del mar. Y El Tololo enfoca su ojo de vidrio sobre las desnudas estrellas—ahora las tapa el sol pero a él no le importa. De ahí quizás brota la vertiente que habrá junto con otros elementos de la geografía y la historia—seamos materialistas—dar a luz en unas décadas y conmigo allá lejos, en el otro extremo del mundo a las fantasmagorías concretas de Volantines, Julito Miralles y Del Cerro. No del Piñones que es y será (siempre) de Santiago, con otros fantasmas
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About Me
- j.etcheverry
- Ottawa, Ontario, Canada
- Canadá desde 1975, se inicia en los 60 en el Grupo América y la Escuela de Santiago. Sus libros de poemas son El evasionista/the Escape Artist (Ottawa, 1981); La calle (Santiago, 1986); The Witch (Ottawa, 1986); Tánger (Santiago, 1990); Tangier (Ottawa, 1997); A vuelo de pájaro (Ottawa, 1998); Vitral con pájaros (Ottawa; 2002) Reflexión hacia el sur (Saskatoon, 2004) y Cronipoemas (Ottawa, 2010) En prosa, la novela De chácharas y largavistas, (Ottawa, 1993). Es autor de la antología Northern Cronopios, antología de narradores chilenos en Canadá, Canadá, 1993. Tiene prosa, poesía y crítica en Chile, Estados Unidos, Canadá, México, Cuba, España y Polonia. En 2000 ganó el concurso de nouvelle de www.escritores.cl con El diario de Pancracio Fernández. Ha sido antologado por ejemplo en Cien microcuentos chilenos, de Juan Armando Epple; Latinocanadá, Hugo Hazelton; Poéticas de Chile. Chilean Poets. Gonzalo Contreras; The Changuing Faces of Chilean Poetry. A Translation of Avant Garde, Women’s, and Protest Poetry, de Sandra E.Aravena de Herron. Es uno de los editores de Split/Quotation – La cita trunca.
Instalación en la casa de Parra en Las Cruces
Chile, 2005, Foto de Patricio Luco. Se pueden ver en esta "Biblioteca mínima indispensable" el Manual de Carreño, el Manifiesto Comunista y Mi Lucha
Chile, 2005
Una foto con el vate Nicanor Parra, candidato al premio Nobel de Literatura