Wednesday, March 7, 2012

Sin título

Las notas se desprenden del instrumento y flotan—qué decimos—navegan fluidas como olas—o moléculas de aire en los CUATRO VIENTOS

Empezar de nuevo: mejor como pájaros que sobrevuelan todo eso yecto o que se mueve, los detalles que arrugan este globo terrestre. Pero son una imagen, no vuelan tan arriba, no tiene bajo la vista todo, las zonas grises, los picachos y extensiones acuosas de vago color azul

Bis, en realidad estamos aquí sentados con un medio litro de la casa—esa es la verdad—y las notas parecen mezclarse en el vaso que en este preciso momento me llevo a los labios. Nada más lejos de nosotros que los metaforones de que alguna vez habló Parra

Saturday, March 3, 2012

EL ABUELO LEO (QUE EN PAZ DESCANSE)

Jorge Etcheverry

(De mi libro electrónico "Escrito en página blanca", de próxima aparición)

Desde las fotos amarillas del cajón de la cómoda nos está mirando tieso el abuelo, retaco, enfundado en el uniforme, al lado de Ibánez y otros viejos conocidos. Mi abuela cuenta de cuando después de una reunión en la casa del abuelo y sus amigos ella se había ido al dormitorio llorando. Habían gritado "Socorro, mi coronel" y él había salido afuera sin pensar en nada y lo habían tomado y lo llevaron debatiéndose a un auto negro, las cosas que pasan ahora, que parecen nuevas, no son tanto. La abuela echada sobre el sofá muchos años después contaba que uno le había dicho desde debajo del lecho nupcial "No se asuste señora que soy yo", tiritando de miedo el hombre mientras afuera los vehículos se ponen en marcha. Y se ven raros con esos uniformes anchos, mirándonos desde una mesa llena de papeles, en la fotografía. Todos eran masones y el abuelo tenía entre sus libros el Napoleón de Ludwig y una Vida de Lenín y los libros de la Annie Bessant. Desde que tenía doce años yo le sacaba los libros y me los iba llevando a la casa, para leerlos y ahora el abuelo estaba medio inválido, con medio cuerpo muerto y la abuela iba botando poco a poco los libros porque decía que por leer tanta cosa rara le había pasado lo que paso. Los milicos de ahora no son como don Marmaduque o como el abuelo. Son más bien como El Caballo. Al abuelo lo habían echado del ejército pero le habían dado por fin la perseguidora porque le tenían un poco de miedo, parece y algunos ex compañeros de andanzas ocupaban puestos en la Academia de Guerra, casaban a las hijas con profesionales y dueños de fundo. El abuelo (me contaban) se jugaba las propiedades en el Casino de Viña y llega­ba verde y furioso a la casa del hijo mayor que vivía en el puerto, en el Cerro Alegre y se ponía a hablar de teosofía y pobre del que le contradijera. Pegaba con el puño en la mesa y nadie se atrevía a ha­blar y una vez en la casa de mi tío a una señora que le dolía la cabeza él le puso la mano en la frente y le empezó a salir sangre de narices y a la señora se le quito el dolor. Al menos eso es lo que cuentan el tío y las hijas, que ya estaban grandes.
Y me imagino al tío de niño corriendo por el patio, alborozado, gritándole a la abuela "Mama, mamá, están disparando". Los zumbidos como de abejas, pero más fuerte. Los niños corrían, sin saber si los tiros eran otra cosa que abejas, o pájaros, o fuegos artificiales, y la abuela les decía, moviendo los brazos "Para adentro, niños, por Dios". El regimiento se había sublevado en la madrugada. "Que se negaban a ejecutar las ordenes", y no sabían que era eso de "las órdenes", como en los libros de matemáticas del colegio cuando dice "rata por cantidad". Pero se entraron y el abuelo salió como un rayo abrochándose el uniforme, hablando algo de los tiros y los niños y los ojos azules echando chispas, mordiéndose la lengua de rabia y el perro pegaba tirones a la cadena y ladraba, y no se veía a Renato, el ordenanza que era bajito y pelado y siempre sonriente, que le limpiaba las botas al abuelo. En los diarios viejos de la cómoda se lee el siguiente titular "Sofocada la insurrección del Valdivia". Ellos vivían en la Población Militar. El padre de la abuela era joven cuando estallo la Guerra del Pacífico y era médico y peruano y no vio la línea de combate. No hacía distinción entre el bando de los heridos. Al terminar la guerra se vino al Norte y se casó con chilena. Tuvo varios hijos hombres y una niña que no mandó nunca a la escuela y educó por medio de preceptores. Cuando hacía visitas a los pobres del pueblo les dejaba en la mesa el dinero para las recetas. Murió en Santiago. Su mujer le siguió poco tiempo después.

Estas cosas circulaban y cambiaban en la familia. Yo no las entendí muy bien hasta bien entrados los dieciséis años, y los amigos del abuelo se juntaban a hablar de teosofía y hablar de discos voladores y ya había varios que estaban enfermos y él los miraba a to­dos desde los ojos húmedos de su hemiplejja y cada vez hablaba menos hasta que no fueron más, o muy rara vez y por entonces murió Grove y cuando le contaron ya mi abuelo no sabía de qué se estaba hablando y los miraba a todos y sonreía. Había venido también del Norte. Entre Copiapó y Caldera se suelen ver mirajes que reproducen entera una ciu­dad, que está muy lejos, con gente y todo. Me conté la abuela. Al abuelo no le gustaba hablar de su familia. Decían que el padre era usurero. Mi abuela era la hija del medico del pueblo y antes de conocer al abuelo salía con un oficial de la marina inglesa, mercante, me imagino, que medía cerca de dos metros. Un turco que vivía en la casa que fue de la familia del abuelo se volvió misteriosamente rico. Distinguido siempre, mi coronel, a los veinticinco. Profesor de la academia de guerra. En las fotos se ve siempre de uniforme, o inclinado sobre mapas de campaña, con un puntero en la mano. Al fondo un tren. Nunca hablaba de la madre. La hermana, que no frecuentaba, vendía azúcar por paquetitos y hacía sahu­merios en una casa de una cuadra de una población el barrio de Lo Prado. Murió de pulmonía. Le encontraron una fortuna en acciones y un cofre con chauchas y monedas antiguas de plata El retrato del abuelo pegado en la parte de adentro de la tapa del baúl.

Fue cuando torturaban a Dávila cuando el abuelo se peleó con el Caballo. Lo sacaban de la celda y lo colgaban de los pies con la cara en el barro. Al poco tiempo murió de tisis. Eso para que no se diga que estas cosas son nuevas. A los maricones también los andaban tomando los tiras. Los turcos se enriquecían y los militares se la pasaban en fiestas. El abuelo enfermo y todo siempre decía por un lado de la boca que no hay peor gente que los tiras. Los amarraban, les metían los pies en ba­teas con cemento. Cuando se endurecía los tiraban al río. El abuelo no podía dormir en la noche, cuando lo de Dávila y los otros, y tantos, y los amigos llegaban a cualquier hora del día y se quedaban en el comedor, y la biblioteca o en el líving hablando hasta tarde. Los niños se quedaban escuchando con la oreja parada detrás de la puerta y a veces los oían gritar. El abuelo––decía mi mamá––no podía dormir en la noche y la abuela le decía "Qué me cuentas a mí esas cosas, que culpa tengo yo". Entre los que iban estaba don Marmaduque. Es el viejecito de la foto grande, muchos años después, el de la barba y el pelo blancos, crespos y como floridos. Pero a las finales hasta don Marmaduque dejó de venir. Pero por ese entonces yo tenía mi primera bicicleta y me enamoraba de la primera niña rubia y nos cambiábamos de barrio. Traté de cortarme el pelo solo y miraba las fotografías del abuelo, de perfil, retaco, con las orejas de lóbulo grande y la mirada clara, fría. Mi abuelo se conser­vaba bien, justo hasta antes del ataque, estaba sano. Caminaba todos los días hasta la Plaza de Nuñoa y leía libros de teosofía. Recibía muchos amigos, uno de ellos un viejecito, oficial retirado, con el bastón lleno de insignias, y a la señora Filipina. Pero el fulano que se escondió esa noche debajo de la cama de la abuela me dicen que no se apareció nunca. Nunca saludó a mi abuela por la calle y sí la veía se ponía rojo y cruzaba a la otra vereda. Antes no faltaba el día, dice mi madre, en que llegaran con flores para las hijitas del coronel, invitaciones a fiestas para las hijitas del coronel. Después que arrestaron al abuelo (que entonces todavía no era abuelo), cruzaban a la otra vereda para no saludar. Pero los masones se portaron bien. Nunca faltaron la plata ni los víveres. El coronel fue deportado a la Isla Juan Fernández, relegado, como se diría ahora. Pero siempre tuvo mal carácter. Cuando se enojaba salía a azotar al perro y una vez le cruzó la cara con una varilla de sauce al hijo mayor porque llevó unos amigos del colegio a la casa familiar donde vivían sus hermanas, por llevar tipos jóvenes a una casa donde había niñas mujeres. Mi mamá dice que cuando eran chicos los soldados se cuadraban cuando ellos pasaban a la escuela y les gustaba llevar a los compañeros a tomar té a la casa para que vieran eso y ellas les decían "Es que el papá va a ser presidente". Pero pusieron al Caballo Ibáñez y el abuelo lo gritaba y le hacía los discursos y luego de las discusiones llegaba un auto y un oficial con regalos para las niñas del Coronel y el Coronel no salía de la casa hasta que rodeado de automóviles iba El Caballo a convencerlo de que saliera. El abuelo decía siempre "este infeliz", pero el infeliz lo tomó preso, lo mando relegar a Juan Fernández y después lo dieron de baja en el ejército. Yo leía los libros que le sacaba al viejo pero no entendía mucho. Yo estudiaba en el colegio. No era muy porro. Pero ni mucho ni poco. Lo suficiente, como todo el mundo. Empezaban a morirse los parientes viejos.

Cuando llegamos a la pieza que ocupaba la tía abuela––el resto de la casa estaba tapizado de una capa de huaipe, papeles, cubiertos y platos sucios. Según una de mis tías los arrendatarios ya lo habían revisado todo. Yo abrí un baúl viejo de madera y encontré paquetes de acciones y cartas de las compañías anunciando dividendos y las reuniones de accionistas. Una enorme cantidad de estampillas; una gran cantidad de chauchas de cobre y algunas de plata, cincos y dieces. Monedas antiguas y extranjeras incluso un dólar americano macizo. Un paquete casi nuevo de naipes chilenos y un libro de astrología lleno de marcas de lápiz rojo y las puntas de las páginas dobladas. Tarjetas de pascua recibidas desde el año 27, algunas fotos amarillentas de mi bisabuela, de moño y vestido largo. Un revólver viejo, descargado, que imagino sería 22 y que mi tía me arrebató mientras yo lo examinaba (después supe que se lo dio a los arrendatarios). Un libro de cuentas del boliche. Varios cuchillos herrumbrosos de cacha blanca, de hueso creo, y atados de hierbas secas. Algunas medallitas de aluminio y bronce y otras cosas del mismo estilo que sería fastidioso enumerar. Por dentro, en la tapa del cofre, una imagen de unos veinte por quince de la Virgen del Carmen, a todo color y marco dorado. Fija en el fondo por una cinta de scotch que recorría los bordes, negra, grasosa, ausente en algunos sitios, una foto grande del abuelo joven, teniente, la cara pétrea y los ojos claros grandes e inexpresivos. Es cierto que por esa época yo era muy fantasio­so. Leía mucho, andaba con libros en los bolsillos y cuando eran gran­des los recortaba a punta de gilé para que cupieran y por varios años ni supe qué pasaba porque a veces incluso leía parado en las micros.

Ahora el viejo estaba inválido y ya no me obligaba a caminar cuarenta cuadras al día como cuando yo tenía 8 y ya no salía a matar animales ––conejos o lo que fuera––cerca de Vicuña, donde tenía conocidos con fundo. A veces a la vuelta llegaba con bolsas llenas de paltas y papayas. Ahora llegaban los amigos a ver al Coronel y hablaban de platillos voladores y de la filosofía rosacruz mientras el abuelo los miraba sin hablar con sus ojos húmedos y después ya no iban más. Algunos se morían y las amistades de la familia eran ahora ex empleados de banco y vendedores de casas comerciales. El viejo estaba inválido desde hace veinte años, volviendo a ser chico, olvidándose de todo, hasta del jardín que hay al otro lado de la ventana, hablando a veces con personas de antes. Pedía a veces la lupa y leía la misma revista, miraba las fotos amarillentas, de él mismo en uniforme, del Caballo, de bigotes y cara cuadrada, luciendo la banda presidencial. O leía las palabras que había escrito en los muebles, en el reverso de las fotos, hace como diez años atrás, como para no olvidarse de escribir, o como si estuviera empezando a escribir de nuevo. Y los otros, como hace tantos años, dicen, seguían parados en las esquinas, con sus bototos o sus tenidas flamantes, pero sin engañar a nadie, al aguaite, a la pesca de alguna palabra, de algún gesto, para mandar a otros relegados a otras islas, o hacerlos desaparecer, mientras las palomas se desprenden de las cornisas de la Plaza de Armas a caminar con torpeza por la calle.

Friday, February 24, 2012

La noche

Su melena oscura
Sin embargo amable
Nos abraza provocándonos pavor
Ya que nuestros ojos como especie
No funcionan mucho
en la oscuridad
Que por tanto poblamos de fantasmas
Pero a la vez
Nos cobija y ampara
Cálida
Para que podamos deambular
Anónimos
Con el cuello subido
Quizás fumando
Por las calles
Oscuras
Una boca de lobo
Tachonada por faroles
En esta anécdota quizás fútil
Sin puños ni banderas
diurnos
Y la luna allá arriba
Con unos tragos de más
Ella también
Y parecemos ser los únicos
Que caminamos zigzagueantes
Por tus avenidas
Noche

Friday, February 3, 2012

Lanzamiento del libro "El árbol del pan" de Gabriela Etcheverry, en Chile

Jueves 9 de febrero, a las 19:00 hrs.
Parcela 14, Vegas Sur, La Serena

PROGRAMA
Bienvenida y presentación de video
Alfredo Barriga

Presentación del libro
Gabriela Etcheverry

El desierto florido
Lectura
Madalina Miralles Silva


Angelito
Monólogo dramático
Actriz: Milena Marija Gladic Miralles


Clausura
Alfredo Barriga


Refrigerio

Gabriela Etcheverry es una escritora y promotora cultural chileno-canadiense. Doctorada en literatura en la Universidad Laval, tiene dos maestrías (literatura comparada y español) de la Universidad Carleton donde enseñó cursos de idioma, literatura, cultura y civilización iberoamericana. En 2007 publicó su novela autobiográfica Latitudes en español (Split/Quotation, Ottawa) y en 2011 en francés. Añañuca, libro ilustrado bilingüe inglés-español para niños, apareció en 2010 y la versión francés-español en formato electrónico en 2011. El árbol del pan y otros cuentos fue publicado en 2011 en formato impreso(Split/Quotation, Ottawa) y electrónico. Uno de los cuentos de su colección Tú y yo ganó el primer premio en el quinto concurso nacional anual Nuestra palabra (Toronto, 2008). Poemas y cuentos de sus colecciones “El árbol del pan y otros cuentos” y “Tú y yo” figuran en antologías, revistas y suplementos culturales. Extractos de sus novelas cortas El regreso; Guayacán: tesoro y lujuria; Where Are You? y Alejandra se ofrecen en www.qantatiliterario.com y en www.revistaqantati.com

Friday, January 20, 2012

Fragmento en español encontrado en el metro

...me he cambiado de ropa y de ciudad y ya no camino por la calle a las mismas horas ni duermo todas las noches. He cambiado desde mis hábitos alimenticios hasta el diámetro de mi cintura. Ya no persigo ningún tipo de pájaro fantástico con los ojos enrojecidos, el cerebro achicharrándonos adentro del cráneo (grueso) mientras la fiebre cubre nuestra frente de un agua caliente y salada. Enhorabuena. Enhorabuena. Esas son las voces de los más sensatos que sin necesidad de comunicarse, de recibir ningún mensaje ahora salen a la puerta de sus casas modestas pero bien cuidadas a saludar mi paso de réprobo arrepentido

en algún lugar de estas vastedades, unos batracios, al menos eso parece en medio de las sombras que los cobijan aún de día, ya que evitan el comercio con la luz y hurtan la cara

aún deciden entregarse a veces a urdir y desurdir negros ovillos de lana sucia en la vana esperanza de que sus maquinaciones inmundas, de dedos sarmentosas y moquientas narices, tosiendo todas las toses, tengan el poder de volar hasta mi con sus blandas alas pesadas, purulentas.

hemos de esperar su aniquilamiento súbito, quizás cuando todo el globo perezca aniquilado por el fuego, aunque sea mental y la vieja cáscara se separe del limpio y liso hueso, que brillara como de mármol incandescente anunciando a los nuevos hijos de los hombres el nacimiento de al fin definitiva pureza.

una solución así de extrema sería la única que podría aventarlos de la tierra

entretanto cavémonos más blandas y seguras cavernas en la Madre Tierra para evitar sus ojos

perdámonos en el laberinto de las modernas megápolis, contribuyamos a su complicación (por ejemplo con estas palabras)

vistámonos como los demás y salgamos a sus horas

así no sabrán a quien seguir

sólo sus turbios pensamientos nos inquietarán levemente cuando nos entregamos a buenos sueños, poblados de jóvenes mujeres desnudas, de cielos abiertos y animales dóciles.

Saturday, January 14, 2012

Colateralogía (In progress)

Arturo Méndez-Roca

I


Dentro de las cátedras que hemos decidido implementar para estar acordes con los tiempos, o mejor dicho, para estar al día con lo que sucede, para marchar junto con los acontecimientos, lo que se presenta, lo que nos sale al paso, es decir, con aquello que pasa, las situaciones que se presentan, lo que acaece, los fenómenos que se producen. Los desplazamientos, cambios que tienen lugar, las modificaciones en las circunstancias, las alteraciones de nuestro contexto. Para estar al corriente, estar al día, mantenernos actualizados, vivir en el presente—no podemos sino reconocer, aceptar, percibir, darnos cuenta, tomar en consideración y en cuenta, prestar atención a lo que está cambiando, lo nuevo, lo que surge, lo inédito, las innovaciones, lo que anuncia el Futuro, los rasgos, los indicios, las señales que indican lo que vendrá, lo que traerá el mañana, los días por venir, los Nuevos Tiempos, la Nueva Alborada—preñada de sentido, de cosas que decir, de significaciones—el Nuevo Amanecer. Para que estas aulas, esta Casa de Estudios, Institución Universitaria, Establecimiento de Educación Superior, Templo del Saber—camine por esa senda, esa avenida, siga ese derrotero, se aventure por ese sendero, surque las aguas agitadas, embravecidas, turbulentas, vertiginosas y rápidas, veloces que nos llevan, nos conducen y nos transportan a ese nuevo Día.

II

La multiplicación desproporcionada de la especie susodicha es buscada por los Poderes que buscan verla sometida a una búsqueda y satisfacción de los Medios de Subsistencia la mayor parte del día, lo que se logrará sin lugar a dudas mediante el aumento de las Bocas a Alimentar—metáfora permitida en este contexto para significar las necesidades en general—en relación a los Recursos Disponibles, por definición y de hecho finitos. La alteración ineluctable de esta relación a favor del aumento de la Demanda frente a la existencia de Recursos—preferimos no usar el término Oferta ya que los recursos mencionados no se ofrecen sino que se arrancan, extraen y recolectan—ya sea que se trate de entidades de cualquiera de los Tres Reinos en que la tradición ha dividido al Mundo Natural pero que no sabemos si se puede aplicar a nivel nano de lo microcrocósmico, es decir de las moléculas y átomos

Se produce en progresión geométrica. Las mencionadas Bocas por Alimentar por otro lado expanden el abanico de sus necesidades y llevadas por los modelos propagados por los así llamados Medios de Comunicación de Masas y los Medios de Comunicación Social lo que implica el uso de mayores recursos naturales con mayor elaboración lo que a su vez consume nuevos insumos.

El objetivo de los Poderes es fundamentalmente benévolo ya que se impulsa por un deseo de delimitar la vida de todos y cada uno de los miembros componentes de la especie a enmarcarse con naturalidad y plenitud en las tareas de la subsistencia de ellos y los suyos y así ocupados coman y duerman al final de la jornada para recuperar sus fuerzas para reiniciar el ciclo a la mañana siguiente sin la carga refleja de la conciencia ni la brújula dislocada del pensamiento que para eso estamos nosotros, Los Poderes

Thursday, January 12, 2012

II CONCURSO MUNDIAL DE ECOPOESIA 2012

La Unión Mundial de Poetas por la Vida – POETAS UNIVA -, en su constante preocupación y aporte a la conservación ambiental del planeta a través de la creación poética, convoca al II Concurso Mundial de Ecopoesía 2012.


BASES

1. Pueden participar poetas de cualquier país del mundo.

2. El poema debe ser inédito y escrito en idioma español internacional, sin uso de vocablos o términos locales.

3. Cada poeta participante presentará un solo poema con una extensión máxima de 30 versos (líneas), de tal manera que posteriormente pueda ser difundido masivamente a través de un afiche, el mismo que será publicado mediante auspicios que gestionará POETAS UNIVA. El poema que exceda este límite será anulado automáticamente.

4. El poema no debe ser solamente un texto descriptivo de un paisaje o especie animal o vegetal, debe llevar al lector a una reflexión sobre la situación del planeta y motivar a una acción para su conservación.

5. El Jurado Calificador estará integrado por miembros del Consejo Directivo de POETAS UNIVA: Poeta Wilma Borchers (Chile), Presidenta Honoraria, Hugo Noblecilla (Perú) Presidente y Marco Cabrera (Perú) Vicepresidente.

6. Los poemas serán enviados vía correo electrónico a la siguiente dirección irca_peru@yahoo.es con el asunto II CONCURSO MUNDIAL DE ECOPOESIA. En archivo adjunto de Word en el cual debe figurar el poema y los datos del autor: Nombres y apellidos, país y fecha de nacimiento, lugar de residencia y dirección, correo electrónico, N° de documento de identidad y fotografía en archivo JPG. No se utilizará seudónimo.

7. La fecha de presentación de los poemas es del 1 de enero al 28 de febrero del 2012. Los resultados serán difundidos el 30 de marzo. (Esta fecha pueda varias por algún impase con la revisión de los trabajos).

8. La premiación será en el marco del IV FESTIVAL MUNDIAL DE ECOPOESIA, que se realizará en la ciudad de Tumbes – Perú, del 22 al 26 de agosto del presente año. En caso que los ganadores no puedan estar presentes, se le remitirá su premio a su lugar de residencia.

9. Los ganadores de los tres primeros puestos se harán merecedores a un Diploma de Honor. El primer premio se hará acreedor al PREMIO POETAS UNIVA consistente en una placa. No habrá premios económicos porque consideramos que el aporte de los poetas a la conservación ambiental no debe ser a cambio de un reconocimiento monetario.

10. El poema ganador será difundido a nivel nacional e internacional a través de un afiche.

11. POETAS UNIVA gestionará la publicación de un libro con los 100 poemas que considere mejores. Los poemas no seleccionados serán desechados.

12. Los autores ganadores y seleccionados ceden el derecho de publicar su poema seleccionado en el libro que edite POETAS UNIVA, sin fines de lucro, quedando sus derechos de todas maneras siempre bajo su posesión para las publicaciones que estime necesarias.

13. La participación en el concurso implica la total aceptación de estas bases.

14. No se mantendrá correspondencia vinculada al certamen. Se guardará absoluta reserva sobre la identidad de los concursantes.

15. La Comisión Organizadora y/o el Jurado Calificador se reservan el derecho de resolver cualquier punto no previsto en estas bases.

16. Rogamos abstenerse de participar los poetas impacientes y los que no toleran el triunfo ajeno.

Solicitamos su apoyo con la difusión de la presente convocatoria

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About Me

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Ottawa, Ontario, Canada
Canadá desde 1975, se inicia en los 60 en el Grupo América y la Escuela de Santiago. Sus libros de poemas son El evasionista/the Escape Artist (Ottawa, 1981); La calle (Santiago, 1986); The Witch (Ottawa, 1986); Tánger (Santiago, 1990); Tangier (Ottawa, 1997); A vuelo de pájaro (Ottawa, 1998); Vitral con pájaros (Ottawa; 2002) Reflexión hacia el sur (Saskatoon, 2004) y Cronipoemas (Ottawa, 2010) En prosa, la novela De chácharas y largavistas, (Ottawa, 1993). Es autor de la antología Northern Cronopios, antología de narradores chilenos en Canadá, Canadá, 1993. Tiene prosa, poesía y crítica en Chile, Estados Unidos, Canadá, México, Cuba, España y Polonia. En 2000 ganó el concurso de nouvelle de www.escritores.cl con El diario de Pancracio Fernández. Ha sido antologado por ejemplo en Cien microcuentos chilenos, de Juan Armando Epple; Latinocanadá, Hugo Hazelton; Poéticas de Chile. Chilean Poets. Gonzalo Contreras; The Changuing Faces of Chilean Poetry. A Translation of Avant Garde, Women’s, and Protest Poetry, de Sandra E.Aravena de Herron. Es uno de los editores de Split/Quotation – La cita trunca.

Instalación en la casa de Parra en Las Cruces

Instalación en la casa de Parra en Las Cruces
Chile, 2005, Foto de Patricio Luco. Se pueden ver en esta "Biblioteca mínima indispensable" el Manual de Carreño, el Manifiesto Comunista y Mi Lucha

Chile, 2005

Chile, 2005
Una foto con el vate Nicanor Parra, candidato al premio Nobel de Literatura