Monday, February 7, 2011

Cronipoemas, de Jorge Etcheverry

Fernando Veas Mercado

La adquisición de una obra literaria no es como la de otro producto, como se dice, es un encuentro con el texto, una relación que el texto nos ofrece y que accedemos a compartir, en la que abrimos a una palabra que nos habla nada más que a nosotros que tenemos nuestra carga de vida, de experiencias de todo tipo e incluso, de lecturas. Borges decía que no intentaba leer un libro por segunda vez cuando en la primera se le había caído de las manos. Leemos con atención, con entusiasmo o con desgano, tal vez con desconfianza, con recelo. Si leemos negativamente o con prejuicios, nos autolimitados, cortamos la posibilidad de integrarnos en la aventura que inició el autor que está muy presente o que, en el mejor de los casos, desaparece para dejar su lugar a esa voz que nos habla; que habla a quien quiera escucharla.

Cronipoemas de Jorge Etcheverry es un libro que nos lleva por variadas tensiones y senderos con un lenguaje dinámico, sugerente, rico y flexible que vuelve sobre sí mismo en espirales abarcadoras (1).

El libro trae una cubierta del mismo Etcheverry: me recordó otra, la de la edición en español del Libro del desasosiego de F. Pessoa. Pessoa iba a un café en Lisboa, y allí escribía. Hoy hay una estatua del poeta a la entrada de ese café. Y creo que eso me permite visualizar mejor esa imagen que tengo desde siempre, del poeta, solo, escribiendo, en cualquier lugar, pero solo y sin embargo, tan rodeado de mundo que quiere meter en sus palabras. La contracubierta es una fotografía de Luciano Díaz.
En el prólogo a sus Cronipoemas, Etcheverry nos informa sobre las características de su poesía: ausencia de sobredeterminaciones y de un programa. Dice: creo que un lenguaje demasiado unitario a veces falsea o miente (…) este libro da por implícita la relación poesía-vida, era que no, y algo que es comprensible de suyo, sin drama, cliché ni cebolla, aunque no se excluyen a priori (p.9). Nos mete en su cocina, en su determinación de no dejarse atrapar por condicionantes y, sobre todo, evitar de traducirlos en textos prescindibles aunque algunos los pudieran estimar así. Y está muy consciente que no es novedoso. Termina diciendo: “No quise molestar a ningún crítico o poeta conocido o amigo para que me hiciera un prólogo, ya que están muy ocupados en el invierno en Chile que se estira húmedo en su chaleco de smog o el calor tropical húmedo en este otro país de las antípodas casi nos derrite las neuronas. Espero que estas líneas no prejuicien la lectura” (p. 10). Estaremos alertas ante esta poesía no recomendada por nadie porque el autor no quiere molestar, lo que quiere es que lo leamos sin esas alabanzas casi editoriales que se dan a veces. Porque de molestar, va a hacerlo, pero en otros sentidos. Desprejuiciados, debemos tomarlo como viene porque en sus poemas hay elementos irreductibles, como los que J.C- Sánchez Lara llamaría poesía residual…pero no sólo él. Julio Ortega , al referirse a un poeta venezolano dice: “la palabra de Juan Sánchez Peláez viene cargada de su propio origen, como un monólogo casual que la experiencia sedimenta; su poesía es residual: formaciones parciales después de lo vivido y perdido, y ese carácter le confiere su calidad salmódica, casi elegíaca” (2). Hay cronipoemas en la literatura brasileña también. Para algunos son mini crónica autobiográfica e, incluso, contracultura. Pero esas denominaciones aluden a textos que si no son nuevos en poesía, Prévert es un buen ejemplo, son una expresión vigorosa y sencilla. como adagios o sentencias y que a veces recuerdan las greguerías.
De todo eso hay y eso es lo bueno. Si hay cosas claras, no tienen aspecto monolítico ni definitivo, todo sigue en movimiento, como la vida. Las evocaciones, si son nostalgiosas, son suaves melancolías, no hay angustia ni echar de menos otros tiempos u otros periodos de la vida: la mirada retrospectiva, es amable, irónica, comprensiva.

Por eso, me atengo a mis impresiones sobre los primeros poemas de Etcheverry que leí y que comenté alguna vez. Etcheverry recicla con buena voz, ¿bricolage, compostage, potluck, patchwork, residual? ¿Planta procesadora de basura como cita a alguien? (De poetas, gatos y carnicerías, p. 89). Sabemos además que el poeta es amante de los limericks. Pero creo que nada de eso le importa mucho , lo que sí le interesa, es coincidir no sólo en las formas, tan diluidas las más de las veces sino sobre todo, una concomitancia en profundidad: con ése voy, o, éste viene conmigo. Por supuesto que no todo es exterioridad o desinterés y vitalidad extravertida, no todos son lugares de paraje como decía Ceferino Piriz, están las zonas más íntimas, como algunos poemas como Samuel Beckett blues (p.72) y aquellos, o pasajes de otros, donde esa zona irrumpe, donde entran los pájaros aludidos como ese albatros, o expuestos: deseos, pulsiones hasta imposibilidades, pero nunca un pájaro a tierra o que no levanta vuelo. Ya hablé de eso una vez en mi artículo sobre la imaginación y el vuelo en la poesía de Etcheverry (3). Creo también que la poesía de Etcheverry vuelve y vuelve, haciéndose, siempre y que es difícil hablar de programación, sus poemas son todos y en su conjunto, un dejarse llevar por la palabra, una aceptación de no ponerle puertas al campo (4). Deja fluir la realidad en la palabra que renuncia a atrapar y de ahí que muchos textos de esta selección tengan, cada uno, su propia melodía .

Esta poesía tiene la lozanía de lo no premeditado ni estatuido. Esos temples de ánimo, esa aceptación del estado de yecto, como dice por ahí, hace de sus textos, que no quiero comparar con otros ni con principios, antimetáforas por desnudez del lenguaje, no pobreza; sobriedad.

Ante la infinita variedad de la realidad, la palabra parece incompetente, pesadilla de todo escritor que se lea críticamente; el hablante se resigna a ser una correa de transmisión, no medium ni vate, ni un otro, actitudes rechazadas por su habla. Por eso, sus textos son ajenos de solemnidad, lo que no significa superficial ni simple, porque la realidad inasible, en su invisible multiplicidad, se resiste a ser aprisionada, vestida por la palabra.

A veces, construye poemas con lugares comunes y frases hechas en las que, en el comercio habitual, la verdad se banaliza pero que en sus poemas surge como un punto de vista nuevo de esa realidad disminuida. Aquí no hay alquimia: el plomo es plomo y la palabra no es piedra filosofal ni nos llevará a ningún éxtasis sino a un centro que siempre se nos había escapado y, tal vez, a tratar de recuperar la luz primera de lo aludido en la frescura de la expresión.

¿Cómo, sin falsearla, podemos estructurar, domesticar y hacer asequible una realidad que ha quedado sepultada por el desgaste y que ya no se abre a ninguna contemplación y que se desliza? Etcheverry lo expresa sin que se le mueva ni una eñe pero con la debida cautela con la que el hombre maduro debe cuidar sus energías, si quiere hacerle bien el amor a una mujer más joven, que, lo busque o no, está ahí: la poesía está ahí.

Le interesa hablar de sí, sin empacho, sin falsos pudores ni grandilocuencias porque el hablante está más cerca de allá que de acá, no se va a mirar en el espejo para ver si está bien peinado ni sacarse la suerte con el otro gitano que lo mira, tal vez febril, pero tranquilo.

Muchos críticos han dicho que los peores comentaristas e intérpretes de sus propias obras, son los autores…no comparto esa opinión porque desconoce la lucidez del trabajo intelectual: es creer que los artistas son unos iluminados o estimar que no saben lo que escriben.

En los textos de Etcheverry siempre hay esa reflexión sobre la marcha en torno al propio quehacer poético y no me sorprende que, una vez más denuncie y no tan entre líneas, sino con ironía, algunos tipos todavía en uso.

Tal vez se puedan agrupar estos poemas de Etcheverry, en algunas modalidades, para no utilizar la palabra temática, que poseen rasgos discernibles en otras obras, incluso, con nuevas dimensiones y profundidades.

La obra está constituida por 64 poemas. Hay diez con títulos que aluden al poeta, al poema o a la poesía; hay otros humorísticos, cuatro. La mayoría de los títulos son curiosos, frases corrientes, sólo tres ofrecen una alusión literaria y otros tres podrían sonar grandilocuentes; cinco con un motivo político. Pero todo eso es engañoso ya que más de cinco poemas tienen transfondo político social. Toda clasificación o intento es vano, ya lo dijo Borges. Quería mencionar eso porque el título de un libro o de un poema nos lanza en una dirección, antes de comenzar a leer. Pero hay que tener cuidado, ya lo dijo Eco, hay títulos claros y muchos engañosos.

El libro se abre con: come pane e pesto/ pasta e provolone/ io sono prosciutto/ e tu sei melone (p.11). Lo que el pan es al queso, el pesto es a los spaghetti, de esa manera, yo soy jamón y tú eres melón; o sea, el perfecto acuerdo se sabor para maducarse. Los sabores: salado y picante; salado y dulce.
De ahí que el poema siguiente, de manera delicada, nos habla de la pulsión del deseo pero también de la amorosa; iluminaciones súbitas, relampagueantes sentidas en medio de la vida. Saciado el sentimiento, el poeta viene a su sueño y a la consagración de su quehacer; mezcla y sigue: al poeta/pájaro sigue el poeta diablo- cojuelo: Como aparece en el sueño/ colectivo el poeta/ Gigante dando pasos sobre la tierra/ de un color que es todos los colores/ con una voz que es todas las voces y termina…el poeta gigante/ velando sobre los techos dormidos/ sobre la tierra/ sembrando pájaros” (p. 13). Entre ese principio y final, todas las urbes, los demás en todas sus expresiones. Quiero destacar esta autovaloración del poeta que nos trae ecos, claro, de ese hermoso poema de Baudelaire, El albatros ave sobre el cual Neruda escribió también un gran poema; el de Etcheverry lo asocio al diablillo que levanta los techos. Hay poemas en los que en otro tono, el hablante proclama que “todo cabe en la poesía” (De poetas, gatos y carnicería, p.89) y que ponerse a deslindar tópicos, méritos y otras yerbas, le hace decir: “Es por eso/ (que se me fue la onda)” (ibid, p.90). Los poetas, como los pájaros, viven espontáneamente porque es la poesía la que hará todo el trabajo y los hará volar si responden, a las incitaciones y asume su calidad de tal como en el lecho con una mujer; si tienen la capacidad de volar y no se quedan ahí, varados. Si el poeta, con todas sus limitaciones puede incorporarse (Voz rota, p. 96), habrá remecido a los demás. Pero para eso, aparte de la manera, el poeta debe ser honrado y es por eso que la poesía de Etcheverry está ligada a su vida: sin adornos ni escapes, sin trampas porque es la verdad que lo hará legible (La honestidad y el poeta). Así, con pudor y autoironía pensando hondo, a menudo, Etcheverry borra con una palabra una construcción que le parece con mucho stimmung, muy cabezona, un caldito de cabeza, casi vergonzante por pensar en lo que los demás miran al desgaire o desdeñan. Por ejemplo, dice: Pero el lenguaje/ (una Weltanschauung)/ una actitud hacia la vida/y la cacha de la espada/la perinola chica /y así por el estilo” (Inglés y francés en Canadá, p.75 ).
La melancolía puede ser su asesina; debe rendirse a ella, por eso: en ese día lluvioso no hay grandes batallas que ganar ni empresas importantes/ nada más que seguir caminando/ por la calle. Que evidencia ese hacer cara a una realidad inhóspita, que debe asumir. En otro poema, reafirma con franqueza lo que es o quiere que sea su poesía: “es comida ni lujosa ni miserable / que la gente deja al pasar cuando anda detrás de platos gastronómicos / Pero a que recurren cuando aprieta el zapato/ Me gustaría ser/ como el arroz humilde en continentes hambreados/ o las alas de pollo después de un poco de cerveza/ el viernes por la noche en Ontario” (La honestidad y el poeta, p.97).
Pero volar fatiga, y, como la banda, el pájaro sigue su vuelo tras las nubes. Y la fatiga, para decirlo con un verso de M. Hernández, presente a veces: “Cansado acaso, pero no vencido”, no es fatiga por la poesía, sino por todo lo demás pero sin aflojarle a la lengua, al contrario, aferrado a ella, a la j, a la eñe, con un golpe de teclado: “elegante y escueto”.

En un poema, como otros, con variadas alusiones: literarias, de letras de tango, con expresiones coloquiales, ironizando las melancolías asoma la nostalgia como alguien que lo hiere a traición y más parco pero menos banal dice: “aquí en el Norte echamos a volar codornices hacia el Sur para que nos traigan de vuelta algo, además de esa nostalgia” (Tango Por radio, p.82) ). Neruda en su Quiero volver al sur, pide al Océano: “tráeme un día del Sur , un día agarrado a tus olas,/ un día de árbol mojado, trae un viento/ polar azul a mi bandera fría”. Es una de las pocas veces en las que el hablante queda inerme. Frente a eso, la edad, con un poco de desesperanza, :“echemos a volar bandadas de buitres débiles, casi/ transparentes/ que vuelvan a nosotros con tesoros cazados en las suaves/ praderas desvanecientes de los recuerdos” (Su postura, p.87).. Pero queda un recurso: la descendencia: los nuevos pájaros.

No menos sensible es la visión de la realidad más cotidiana: la luz que rompe las tinieblas del ser que la contempla. Y otra vez nos damos cuenta que este poeta se maravilla ante el mundo pero sin olvidarse de sí mismo. A veces, la relación con los demás será accidental o sólo difuminados ecos de sonidos vitales. Por eso, tampoco el hablante es alguien premeditado, vive más que planifica su vida. Se deja vivir aunque ocasionalmente se analice y deba abandonar esos exámenes porque sus exterioridades no interesan realmente. Y, tal vez, muchas veces, se podría decir como Talleyrand: “Cuando me analizo, me inquieto pero cuando me comparo, me tranquilizo”. Pero esa realidad que se desliza, le reconcilia con un quehacer con el cual no pretende eternizar nada, menos que nada, su gesto, su escritura que terminaría matando esa vida.

Ese vivir no es pura armonía ni alegría, no puro deslumbre; los momentos sombríos lo aletargan pero aun así, no desea que ellos lo vayan a aniquilar. Por eso salta a otra cosa, de las negatividades retrospectivas, a la actualidad que no las eliminan pero que le permiten respirar.
Y viene otro momento de frescura, un poema escrito solamente con lugares comunes que son revitalizados en diálogos imaginarios, simples pero cuyo encadenamiento nos llevan a una reflexión que reconstituimos y que no es nada más ni nada menos que un pensamiento sobre la existencia. Y casi naturalmente cae ese poema Pelando a los grandes hombres (p.23) que al reactualizar a Cristo y al ché Guevara, nos ponen en el centro de la actualidad con humor y penetración. En esto hay una “fidelidad programática” ya que en un poema Etcheverry ha dicho: “no le tememos a los lugares comunes “ ( Poema con cita para Pedro Henríquez Ureña, p. 46). No se reflexiona sólo con grandes palabras. Hay tanta poesía rimbombante, como esos oradores que no dicen nada porque han manoseado el lenguaje hasta el hipo, porque no hay en ellos esa verdad que contiene la poesía. En ese amanecer en Alba (p.14), hay más realidad y verdad que en los versos retóricos que fueron novedad y estilo hace cientos de años. Esta manera de escribir, desenfadada hemos dicho, hasta juguetona, poco seria para muchos, es poesía. La poesía, toda la literatura es un juego, pero un alto juego. Y las proyecciones en expresiones populares, nunca vulgares pero, ¿por qué no? Nos dan, con fuerza, una visión de un hablante que transita por el mundo con sus cargas de las que no reniega sino que más bien quiere darlas a conocer aunque no sean nada más que una sensación, un sentimiento de simplemente estar viviendo (El vecino, p. 15). Lucidez no significa falta de ilusiones sino asunción de su humanidad en sus circunstancias, ya que el hablante ha sobrepasado esas angustias heideggerianas que lo visitaron pero que no hicieron carne ni habitación absoluta en él. Para algo ha de servir, vivir exiliado y escribir, ¿no
Y hay también sinceramientos (No te creas p.27) que ahondan, si es posible de manera más explícita en la vida cotidiana, en la vida que se asume sin poses ni autoengaños. Así, la palabra sirve para lo que existe, para referir, para desligarse de una interioridad que puede ser asfixiante pero que, en resumidas cuentas, lo mantiene vivo.
He dicho que podíamos hablar de poemas políticos o de compromiso histórico económico social; una vez más, el nombre es lo de menos ya que el poeta no está inclinado sobre la realidad, sino que habla desde ella y por eso, su discurso sale teñido de todo y se refiere a lo que repudia porque todo entra en la poesía y esquivarlo sería deshonesto. Desde su Minipoema invitatorio (p.20) podemos sospechar lo que sus palabras nos confirmarán más adelante. Además, incorpora elementos que expanden el texto al referirse al Internet en varios otros poemas. El Internet me parece mucho más interesante que citar o escribir como Parra como han hecho algunos poetas. Se sale del texto, nos lanza afuera, nos desafía, a hacer otra cosa que leer.

Lo bueno es que no se establecen límites ya que una opinión política es también incursión en Internet como aval a sus afirmaciones. Pero no pierde de vista lo esencial y por eso reclama ahora en otro tono: “Entonces aquí no estamos picando cebolla/a lo mejor ni siquiera estamos haciendo poesía/Falta un género que lo combine todo/El panfleto político, la expresión del alma (en que no creo)/ Los datos fidedignos y el llamado a la acción/Para saludar a la revolución Cubana”(Saludo a Cuba por los 50 años, p.59): desea, no dictamina. Otros poemas, a pesar o gracias a los prosaísmos, van más allá de la simple alusión política o de una toma de posición crítica ya que se revisa también la mitología patriotera que incluso Internet nos explicará con lujo de detalles. Pero no creamos que Internet debe reemplazar nada, no se trata del reader´s digest y por eso hay lo que no está en Internet o no está dicho de esa manera. O sea, Internet…según y conforme y, en resumidas cuentas, el hablante reconoce que su opinión vale lo que vale.
Este hablante está en batalla contra ciertas modas, costumbres y también contra las vacas sagradas o que se creen tales. Su escritura no pide ni da cuartel ni tampoco solicita ayudas ni participa en contubernios. Por eso, el retrato de esos escritores que se asumen como tales, más preocupados de ser considerados tales que de serlo…ya se lo dijo Sherwood Anderson a Faulkner. Y en esto hay algo nada desdeñable que se llama dignidad, sí. Valor de la actitud para decirlo a lo Onetti. El examen del poeta cachorro, como su querido Kerouac y Joyce también, ¿no? Aunque eso lo lleve a un autoanálisis de su orgullo e individualisnmo y a lamentar algún desencuentro con los demás, no modifica esencialmente su autovaloración, su autoestima, vamos, que es lo que nos va quedando. Por eso, las fantasmagóricas rivalidades son vistas también con humor, un tanto melancólico, es cierto; tal vez porque está en el rubro juventud, divino tesoro.
Pero de esa autoevaluación individualista, se alza a otro nivel, su pasar, su vida, es poco, pero la palabra es su arma. Su poder y, aunque poco se pueda hacer ante la realidad, ese poco siempre comienza por la palabra: “Pero nuestro único poder por el momento/ A lo mejor es éste/ (…) Y quizás sea lo único nuestro en este tiempo/En que la Humanidad parece que ella misma espera/sobrevolando una y otra crisis uno y otro sistema fratricida un genocidio y otro y un poco y otro poco de contaminación/Como una bandada de pájaros de poca altura/sobre terrenos turbios/entonces , nosotros/parece que sólo tenemos/Las palabras/Y ahí salen volando” (Lo único-Las voces, p. 55 ) .

Todo eso me lleva a considerar que uno de los rasgos de la poesía de Etcheverry es el repudio de pontificar, de escribir una poesía con soluciones que ya no convencen a nadie pero eso sí, sin perder ciertas convicciones sin las cuales todo daría lo mismo como predican los postmodernos a la violeta, que los hay, los hay .Y, tal vez, deba conformarse con constatar lo que sucede: “Perdularia, perdulario Unos solitos otros gregarios (p. 66).

Si Etcheverry reflexiona sobre su quehacer, ese pensamiento es una estimación de lo dicho; una fidelidad que va más allá del uso del lenguaje. Si no le teme a los lugares comunes, tampoco a los temas recurrentes, piensa estar constituyendo o reactivando maneras de hacer poesía que dejaron de frecuentar otros; en todo caso, más le inquieta escribir banalidades o que: “hay gente que dice/que nunca hicimos poesía”, eso, le lleva a sus comienzos…cuando queríamos mezclar/ revolución social y vanguardia literaria/Hubiera sido lindo/haber llegado a casa de don Pedro/ con nuestros poemas/para que les diera un vistazo (Poema con cita para Pedro Henríquez Ureña, p.47). Y sí, no niega su pasado, lo asume, como Borges puede decir a un imaginario Lugones que, en esos años de juventud, a don Pedro (Poema con cita para Pedro Henríquez Ureña, p. 46) le habría parecido bien la tal porque le habría importado menos la práctica deficiente que la sana teoría de un principiante como le “dijo” Borges a Lugones.

Hay varios poemas que algunos denominarán, tal vez sin más, ecológicos. Un poema como Palabras de la gran mujer (p. 40), encierra varios colores, olores y sabores en lenguajes también variados con un reclamo de compromiso total porque la mujer es total y el hablante hace más liviano todo con la torsión final: Con este cuerpo con este talle no tengo envidia ni ruego a nadie (Palabras de la gran mujer, p.40),) que adquiere un sentido de absoluta seriedad porque es el hombre que debe cambiar su actitud ante ella. Otros poemas con o sin nosotros, implican un llamado que el hablante casi teme, será desoído y queda en un voto de futura nueva actitud antes que lo fatídico se produzca y nadie mueva un dedo para impedirlo.

No temamos a las palabras; considero que la poesía de Jorge Etcheverry aparte de sus varios ritmos, alusiones, tonalidades y velocidades, es una ecología espiritual; mucho de catarsis hay en todo esto y se siente la ligereza después de sacudirse los hombros, de espaldarazos, premios, apoyos dados o solicitados, distinciones, todo lo que “no confieren talento de por sí/ ni valor agregado a la persona. Eso/si es que no se miran desde el suelo…” (De poetas, gatos y carnicería, p. 89). Y ahí pierde el hilo porque confuso de referirse a eso, no, eso no vale. De ahí que vuelva a la poesía en el único poema del libro donde hablará de ella: “esa mujer siempre mojada, siempre solícita/Y fiel y joven/ Pero que, epa, también nos pide nuestra potencia/joven e inacabable/O sabia, anciana y económica/ En la cama del idioma…vamos, levantemos el vuelo” (La poesía, p.94). Y repite, apela al poeta, a su honestidad hasta terminar en una profesión de fe poética que es una reafirmación identitaria; análisis y perspectiva, es una invocación: No dejes que la vida se vuelva/la cadena del poeta (Anticlaudicatorio, p.98 ) porque quiere continuar su actividad, por eso, necesita ser fiel a sí mismo. De paso, menciono que poeta y poesía son como amantes y que en Etcheverry encontramos un erotismo que ha estado siempre si no ausente, muy contenido en la literatura chilena, como el humor, como dice un amigo, somos excesivamente solemnes. Claro, después de Parra, se dirá…pero antes, que? Sí, ahora hay más pero no siempre fino ni muy imaginativo el poeta siente la necesidad de jorgearse, de etcheverrysearse, sólo la poesía puede impedir que :“mi perfil se vea de frente” o no saber qué escribe; no quiere ser: pájaro incierto (…) Jorgéame (…) Etcheverréame: Arcayéame bien arcayeado para no olvidarme de dónde vengo/Para seguirme estirando/ como gato al sol” (Anticlaudicatorio, p. 98). Sí, deseamos también que este pájaro pertinaz siga jorgeándonos etcheverryesca y arcayescamente.


Notas

(1) Etcheverry, J.: Cronipoemas, Split Quotation, Ottawa, 2010.
(2) Ortega, J.: Antología de la poesía hispanoamericana, México: Siglo XXI editores, 1987, p.6.
(3) Lenguaje, realidad y memoria en la poesía de Jorge Etcheverry, Qantati. E Books, 1, 2009, pp.59-86
(4) Poeta y poesía: cinco escritores de Ottawa, en: Antología de prosistas y Poetas de habla hispana, por aparecer en Toronto.

L. Fernando Veas Mercado, Profesor de Estado por la Universidad de Chile, Ph. D., Université Laval, Québec. Ha ejercido la docencia en la Universidad de Chile, Valparaíso, desde 1966 a 1973; en la Universidad Laval entre 1974 y 1981; en la Universidad de Ottawa entre 1982 y 1987 y en la Universidad de Carleton entre 1981 y 2000. Ha publicado artículos en Revistas de Chile, USA, Canadá , México y Perú sobre teoría, poesía, teatro poesía y novela hispanoamericanas. En Eseca Unam, la sede en Gatineau de la Universidad Autónoma de México ha dado cursos sobre cuento hispanoamericano, escritura creativa, sobre el cuento hispanoamericano, la poesía de Pablo Neruda, Don Quijote y La narrativa de G. García Márquez. Ha dado numerosas charlas y conferencias sobre autores hispanoamericanos y ha presentado varios libros y autores en Ottawa y Gatineau.

Tuesday, January 18, 2011

La reforma agraria y el Apocalipsis

Jorge Etcheverry Arcaya

En general la gente siempre puede decir lo que le parezca. Claro que no se equivoca el que comenta al pasar de viaje, como turista, o recién llegado a la ciudad desde otros centros urbanos, sobre el aspecto y la atmósfera casi post apocalípticos de esta ciudad sobre todo a algunas horas y en algunos días. Hace unos meses una poetisa chilena que vive en Montreal y que venía por primera vez a Ottawa estaba paralogizada, decía y repetía que no había visto a casi nadie por la calle en el trayecto desde donde ella estaba alojando hasta acá (el restaurante en que tengo instalada mi oficina provisional de jubilado), eso que era viernes en la noche y el hotel en que se quedaba está en pleno centro. El mismo Arturo Méndez-Roca, compañero de ruta ocasional en esta página que antes vivía en Baton Rouge en Luisiana y cuya casa desapareció en los aluviones de hace algunos años, cuando está con unos tragos se lamenta de que todavía no se puede acostumbrar aquí y está soñando con irse a vivir a Montreal. Pero estas mismas circunstancias dan lugar a una vida subterránea y subcutánea, en ciertos enclaves o ‘focos’, como los llamo siguiendo al Ché Guevara y a Regis Debray, autores y estrategas de la lucha popular que frecuenté en mi lejana juventud. A este lugar por ejemplo viene bastante de lo que podría pasar como la bohemia local, músicos que tocan en algunos restaurantes, escritores, sobre todo latinos, y de todas las edades y países. Para quienes frecuentan esta página que tan graciosamente me concede un espacio de vez en cuando y de cuando en vez y leen los trabajos de estos autores y se enteran de sus actividades, esto no será tan sorprendente. Pero llegan también por ejemplo la Guagua L’Amore, la Nana Valpolicella y otras estriptseras del centro y niñas y mujeres afines y del círculo, que ahora prefieren andar con estudiantes o con tipos que parezcan intelectuales por que sí no más, porque es la onda, para la desesperación de los galanes robustos, musculosos, de chaqueta de cuero a los que ya ninguna chiquilla que se tenga un poco de consideración infla por burdos y faltos de clase. Ese es el caso de una niña muy pizpireta y coqueta, que comentan que va a la pelea, que hasta a mí, con mis itantos canos bien representados me ha lanzado sus cortes, y a la que los latinos le dicen la reforma agraria, porque como decía la canción, “de todas maneras va”. Ella llega ahora con un pintor latino más joven que ella, que acaba de llegar a Canadá y que hizo un poco de escándalo en su país natal—que no voy a mencionar—, no con sus estilo, bastante convencional para mi gusto, sino por los títulos de sus obras que causaron en su momento bastante controversia, como uno que se me viene a la cabeza, “gato y mujer con un tremendo culo”. Pero en realidad este joven es bastante práctico, calculador, sabe muy bien como funciona la publicidad y tiene estudios de literatura, el otro día nomás me mencionaba que entre todos los escritores latinos de mi edad (gracias por lo de escritor), yo era el único que no le hacía a la nostalgia, la memoria, etc.. Me preguntó si me había dado cuenta que no tan sólo a nivel de los escritores latinos en Canadá, (y me conminó a revisar esta misma página web que tú tienes ante los ojos, lector), sino de todas partes y de todas las ideas, ese tipo de literatura era cada vez más frecuente, y me dijo más o menos textual en sus propias palabras y con bastantes copas que esos esfuerzos de recuperación de la memoria eran en realidad un esfuerzo colectivo inconsciente de la especie para revertir la cuarta dimensión (el tiempo) por el estado caótico de cosas, algo así como hacer un rewind del tiempo para tratar de retrasar lo inevitable, el fin del mundo, en un esfuerzo contrario, opuesto o complementario al apocalipsismo también tan en boga. Me dijo también que la ideología más seria se oculta en la ficción, y más específicamente en la ciencia ficción o la fantasía. Me mencionó a T.E.D. Klein, que no conozco pero del que he escuchado hablar, y a Gustav Meyrink, del que conozco la pura novela El Rostro Verde, además de un breve texto del director de esta revista, Huidobro literal, que leyó por ahí. Esa noche me fui a mi departamento dándole vueltas a todo este asunto y murmuré para mí mismo, “Qué te parece cholito, qué te parecé”.

Friday, December 24, 2010

Palabras de pascua y año nuevo

Jorge Etcheverry

En consonancia con los tiempos que se avizoran rojos por donde se los mire, rogelios como se decía en un tiempo en mi ya lejano e irrecuperable país ya perdido y medio curado en una esquina de la noche de los tiempos

Ahora habitado por hordas de espectros, íncubos y súcubos, o entes medio informes detrás de las máscaras y variados disfraces a medio solidificar que esconden a esos vestigios de las entidades de otrora

Y de eso parece que no se salva nadie

Y esa es una pesadilla de la que casi me acabo de despertar pero en una de estas no

Pero volvamos

Rogelios se les decía en general a todos aquellos hombres y mujeres—de diversas edades, de diferente procedencia social—que se ubicaban por períodos imprecisos que iban de unos meses a toda una vida en el amplio y en ese entonces abigarrado abanico de la izquierda o más bien de las izquierdas

Así hemos decidido modificar por ahora y por el momento el color de base de esta modesta página que ustedes tienen ante vuestros ojos y que maneja este servidor

Página limitada por la falta de conocimientos técnicos en esta materia de su servidor. Que después de años—qué— de décadas de facilitar espacios y publicar autores y hacer crítica

No ha podido lograr que nadie le dé ni siquiera una manito ocasional para amononar esta modesta página. Sus peticiones de apoyo técnico caen en oídos sordos

No se oye padre dicen los interpelados a la hora de los quiubos

Pero no estamos escribiendo en esta mañana de pascua para quejarnos de la evidente falta de colaboración que nos aísla

Del aspecto general de Chile que parece haber doblado una esquina equivocada en algún momento a lo mejor hace décadas y parece que era uno el que no se había dado cuenta

De la necesidad absoluta de ir más allá del género poesía, de que lo hagan a la brevedad posible los jóvenes, algunos al menos, más dotados que yo o quizás con la ayuda de implantaciones electrónicas en sus lóbulos frontales

O que cuentan con partes enteras metálicas en sus cuerpos núbiles todavía en desarrollo

Pero por lo que parece esto todavía no está pasando

A lo mejor lo que pasa es que todavía me queda esa capacidad de proyectar mi escuálida visión hacia el futuro que era uno de los atributos que tenía cuando era poeta
Pero no nos desviemos del tema

Ese rojo no es tan solamente el color de la evidente sangre que baña las calles de este siglo que deja atrás su primera década del nuevo milenio y aquí no podemos menos que citar al vate por excelencia

“venid a ver la sangre por las calles”

Es el rojo de la rosa que se abre

El rojo del planeta Marte que es un despojo sideral antiquísimo pero que a lo mejor tiene agua y por consiguiente vida bajo la engañadora superficie

El rojo color sagrado de los chinos
Que los hizo aceptar y acoger la revolución manteniendo a la vez las tradiciones más curiosas y recónditas

Es el rojo de la bandiera rossa pero también del traje del viejito pascuero

Y es así que se nos está terminando el impulso de la cafeína de la primera taza de café que nos tomamos hace una media hora acompañada de dos chocolates rellenos de procedencia polaca

Fáciles de conseguir en este país multicultural

Ya sólo nos queda hilo en la cañuela para estás últimas palabras

Antes de sign off

Y despedirnos en esta mañana del veinticuatro de diciembre del dosmildiez

Wednesday, December 15, 2010

Alba volante

El nacimiento de Alba Volante

El Alba Volante inició su existencia como rama de Split dedicada por el momento a la poesía contemporánea en castellano, con la presentación del libro “Cronipoemas” del poeta chileno Jorge Etcheverry, coeditor de esta editorial. Esta actividad, que se llevó a cabo el 1 de diciembre en la Biblioteca Pública de Ottawa, fue coauspiciada por la Red Cultural Hispánica y la Biblioteca Pública de Ottawa, en el marco de una Serie de autores y autoras hispanocanadienses, producto de la colaboración de ambas entidades.
Por otra parte, Alba volante convocó el 5 de junio de este año su Concurso Alba volante de poesía de vanguardia en castellano, que se cerró el pasado 7 de noviembre luego de recibir cerca de 500 textos o conjuntos de textos concursantes, que ofrecen una sección transversal de la poesía actual mundial en idioma castellano. Luego de una difícil decisión por la calidad de los envíos, el premio único de $500 US fue concedido al poeta español Jorge Fernández Gonzalo, por su poema La maquinaria de los pájaros, que reproducimos más abajo. En algún momento pensamos publicar los mejores textos producto de este concurso, lo más probable en formato PDF.

La maquinaria de los pájaros I Mi cuerpo atravesado por todas las máquinas, por las astillas huérfanas de la visión, por toda esa retórica de pájaros con los que dar figura a lo imposible. La luz, en los espinos, se calcina aún con demasiada coherencia. Desconfía de las palabras que penetran el aire y que palpitan entre ramas abatidas de almendros, en las entrañas puras de los gorriones. Mi cuerpo tiene un hueco de pisadas, una perforación de crisantemos, máquinas para dar nombre al alba de unos brazos, máquinas para mis dedos-brisa, para la unión de mi mirada-arrecife o el sutil engranaje de unas bocas. II Todo pájaro forma una máquina: la maquinaria de mi visión que se alía a su vuelo, que coagula el paso de sus alas y sesga en cristales diminutos la superficie del aire como un cristal que no tuviera reflejo alguno, como un fondo de agua adonde un pájaro fuera una piedra, una piedra tirada al río, una rendija que poco a poco desvelara las oquedades de un cielo de ceniza, la interrupción de nubes metálicas adonde una luz invisible da textura a unas manos, acecha el límite, perfora los cuerpos con un grano de claridad, da la pureza de lo complejo, configura una máquina, el resorte de aves y de nubes, el cableado de la confusión, la disfunción de lo asombroso. Hay demasiadas máquinas, y pájaros. Ningún pájaro es real, sino el profano vínculo entre una mirada y un cuerpo que aún no puede recibir la lápida del nombre, su espesura, acontecer cuando ya todo lo que une al acontecimiento es una franja sin espacio, el margen discontinuo del olvido. ¿Ven las aves en el cristal que ellos mismos han hollado en la carpa del cielo las mismas ficciones que vislumbro, el mismo desconcierto de luz, la tracería de nubes deshiladas? No hay palabras para todos esos artefactos porque toda palabra revela, solamente, una interrupción de alondras. III Hay demasiadas máquinas, demasiados pájaros, demasiadas ficciones en este cielo improbable que nos deja el plácido consuelo de su mentira hecha ya cuerpo del poema, escritura que rompe con el fulgor de la caliza, que da nomenclatura al tallo irisado de la luz. No dar palabra a esas máquinas, a la alianza entre los pájaros y mi mirada al tanto de su vuelo, sino a ese espacio, ese vacío aún por ser pensado cuando han pasado todos los vencejos. Jorge Fernández Gonzalo, 1982. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, ha realizado una tesis doctoral sobre la poesía del poeta Claudio Rodríguez. A su tarea investigadora hay que añadir una reconocida trayectoria como poeta. El autor ha publicado los libros Amantes invisibles (2003), Premio Blas de Otero por la Universidad Complutense; Mudo asombro (2004), Premio Joaquín Benito de Lucas; Una hoja de almendro (2004), con el que obtuvo el Premio Hiperión de poesía joven; El libro blanco (2009), en la editorial Huacanamo y Arquitecturas del instante (2010) en la colección Adonáis. Codirige la revista digital Revista Neutral, sobre la obra de Maurice Blanchot, y ha publicado diversos estudios sobre poesía, filosofía y pensamiento. A continuación nos tomamos la libertad de reproducir un comentario del poeta chileno Eduardo Embry sobre este premio: Estimado Jorge Etcheverry, a veces guardando silencio se dice que uno bendice las buenas acciones, la profundidad de las palabras de los maestros, o la majestuosidad de nuestros paisajes cordilleranos, pero ante la magnífica poesía que habéis premiado en el Concurso Alba volante de poesía de vanguardia en castellano, me van a perdonar aquellos que otorgan callando, pues esta vez, ante tanto equilibro verbal, ante tantas bellas combinaciones en cadenas de adjetivos, verbos y materia,y todo tan de prisa, me parece un acierto, tanto del poeta que habéis premiado - Jorge Fernández Gonzalo, como de los organizadores del Concurso. Con este poeta premiado, quien es un profundo y transparente teórico de su propia poesía, comparable en nuestra tradición adulta con un Vicente García Huidobro, con un T.S. Eliot, o con un Pablo Neruda de Residencia en la tierra, y de la mano - en el aspecto línguístico- de un Robeto Juarroz o de nuestro querido Gonzalo Millán. Su teoría del desastre, de pensar que cada poesía "crea un sistema, y cada sistema crea su propio error", nos lleva una feliz teoría de la relatividad de las cosas- a un decir de Luis Cernuda, en la "Silla del rey" : "No puedo equivocarme, no debo equivocarme; Y aunque me equivocase haría El que mi error se tornara Verdad, pues que mi error no existe Sino por El, y por El acertando me equivoco." En fin, con teoría o sin ella, Jorge Fernández Gonzalo, con su poema La maquinaria de los pájaros, es en la actualidad uno de los mejores poetas de las novísimas generaciones en lengua castellana. Felicitaciones – Eduardo Embry, desde Inglaterra.

Sunday, December 12, 2010

Nueva antología de poesía chilena en inglés

Chilean Poets by Jorge Etcheverry Description of the book: This anthology offers a broad spectrum of modern and contemporary Chilean poetry, including both works by such eminent figures as Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Pablo de Rocka, Vicente Huidobro, and Nicanor Parra and a representative sample from the succeeding groups and generations of poets who have gained public and critical acclaim. The editors have devoted considerable space to the new voices but not only to the best known among them and not just to their most familiar poems. The aim has been, rather, to encompass the diversity of aesthetic and thematic interests. Chilean poetry is no longer limited to a geographical region. The globalization began with the events of 1973, which sent Chileans into exile to the four corners of the earth, and it has been perpetuated and stimulated by the ever increasing facility of virtual communication. Thus, the anthology focuses not only on the multi-faceted poetry of Santiago and the strong, majestic poetry of the South and the North of Chile, but it embraces also writings by established and emerging poets in Canada and the United States, a product of the Chilean diaspora. Moreover, it seeks to reflect the various segments of contemporary Chilean poetry, such as that being written by women and indigenous poets. It has been said that the Spanish language is ideally suited to the creation of poetry. Here the editor has demonstrated that Chile occupies a place of privilege in this endeavour and that its poets can be justly proud of their explorations among the possibilities of poetic language. The anthology include names such Armando Roa, Armando Uribe, Ximena Troncoso, Gonzalo Rojas, Elias Letelier, Rodrigo Lira, José Ángel Cuevas, Sergio Badilla Castro, Jaime Gómez Rogers, José María Memet, Waldo Rojas, Alfredo Lavergne, Rosamel del Valle, Vicente Huidobro, Pablo de Rokha, Juan Antonio Ríos and many more. ======================== Edited by Jorge Etcheverry Jorge Etcheverry, born in 1945, is a former member of the School of Santiago and Grupo América from the 1960s. He lives in Canada and has published poetry, prose, criticism and various articles in several countries. His books of poetry are: The Escape Artist (1981); La Calle (1986); The Witch (1986); Tánger (1991); A Vuelo de Pájaro (1998); Vitral con Pájaros,(2004); and Reflexión Hacia el Sur (2004). Lately, he has appeared in anthologies such as Cien microcuentos chilenos (2002); Los poetas y el general (2002); Anaconda, Antología di Poeti Americani (2003); El lugar de la memoria. Poetas y narradores de Chile (2007); Latinocanadá (2007); Poéticas de Chile. Chilean Poets (2007); 100 cuentos breves de todo el mundo (2007); and The Changing Faces of Chilean Poetry: A Translation of Avant Garde, Women’s, and Protest Poetry (2008). Mariela Griffor, Publisher Marick Press P.O. Box 36253 Grosse Pointe Farms, MI 48236 URL: www.marickpress.com URL: www.marielagriffor.com URL: www.chileanconsulatedetroit.org Phone: (313) 407-9236 Email: mgriffor@marickpress.com

Tuesday, December 7, 2010

LA MAQUINARIA DE LOS PÁJAROS, texto ganador del concurso de poesía de vanguardia en español

Jorge Fernández Gonzalo I Mi cuerpo atravesado por todas las máquinas, por las astillas huérfanas de la visión, por toda esa retórica de pájaros con los que dar figura a lo imposible. La luz, en los espinos, se calcina aún con demasiada coherencia. Desconfía de las palabras que penetran el aire y que palpitan entre ramas abatidas de almendros, en las entrañas puras de los gorriones. Mi cuerpo tiene un hueco de pisadas, una perforación de crisantemos, máquinas para dar nombre al alba de unos brazos, máquinas para mis dedos-brisa, para la unión de mi mirada-arrecife o el sutil engranaje de unas bocas. II Todo pájaro forma una máquina: la maquinaria de mi visión que se alía a su vuelo, que coagula el paso de sus alas y sesga en cristales diminutos la superficie del aire como un cristal que no tuviera reflejo alguno, como un fondo de agua adonde un pájaro fuera una piedra, una piedra tirada al río, una rendija que poco a poco desvelara las oquedades de un cielo de ceniza, la interrupción de nubes metálicas adonde una luz invisible da textura a unas manos, acecha el límite, perfora los cuerpos con un grano de claridad, da la pureza de lo complejo, configura una máquina, el resorte de aves y de nubes, el cableado de la confusión, la disfunción de lo asombroso. Hay demasiadas máquinas, y pájaros. Ningún pájaro es real, sino el profano vínculo entre una mirada y un cuerpo que aún no puede recibir la lápida del nombre, su espesura, acontecer cuando ya todo lo que une al acontecimiento es una franja sin espacio, el margen discontinuo del olvido. ¿Ven las aves en el cristal que ellos mismos han hollado en la carpa del cielo las mismas ficciones que vislumbro, el mismo desconcierto de luz, la tracería de nubes deshiladas? No hay palabras para todos esos artefactos porque toda palabra revela, solamente, una interrupción de alondras. III Hay demasiadas máquinas, demasiados pájaros, demasiadas ficciones en este cielo improbable que nos deja el plácido consuelo de su mentira hecha ya cuerpo del poema, escritura que rompe con el fulgor de la caliza, que da nomenclatura al tallo irisado de la luz. No dar palabra a esas máquinas, a la alianza entre los pájaros y mi mirada al tanto de su vuelo, sino a ese espacio, ese vacío aún por ser pensado cuando han pasado todos los vencejos. Jorge Fernández Gonzalo, 1982. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, ha realizado una tesis doctoral sobre la poesía del poeta Claudio Rodríguez. A su tarea investigadora hay que añadir una reconocida trayectoria como poeta. El autor ha publicado los libros Amantes invisibles (2003), Premio Blas de Otero por la Universidad Complutense; Mudo asombro (2004), Premio Joaquín Benito de Lucas; Una hoja de almendro (2004), con el que obtuvo el Premio Hiperión de poesía joven; El libro blanco (2009), en la editorial Huacanamo y Arquitecturas del instante (2010) en la colección Adonáis. Codirige la revista digital Revista Neutral, sobre la obra de Maurice Blanchot, y ha publicado diversos estudios sobre poesía, filosofía y pensamiento.

Tuesday, November 16, 2010

Albablanca

Poema con que Arturo Méndez-Roca saluda al concurso de poesía 'Alba Volante', que se cerró hace unos días y cuyo resultado se derá a conocer el próximo mes, por la cantidad (y calidad) de las contribuciones provenientes de muchos puntos cardinales

el espectro de un día blanco se asoma por una esquina de mis sueños y afuera por el borde del mundo cómo debo llenarlo donde en qué ciudad debo llenarlo aquí en el sueño o cuando despierte y me asome a esas esquinas concretas del mundo la vida debe ser señora como esa tábula rasa que tratamos día a día de llenar como mejor podemos con el problema de que no podemos borrar lo que ya escribimos ¿qué color tiene aquello por llenar con sustancia de vida esa escritura ambigua que garabateamos sobre la espalda del mundo es verde como el mar que nos acariciaba las pupilas nos humedecía la mente nos llenaba las narices de sal --arriba graznaban gaviotas— es quizás tirando a azul como el cielo como ojos una vez vistos bajo una melena negra o quizás como esa misma melena y nos condena a una oscuridad que no redimen ni esos ojos que antes mencionaba ni nada lo concreto eso sí es que primero tengo que terminar de despertarme reconocer de a poco este cuerpo bajo las cubiertas revueltas de la cama percibir sus detalles como cosa nueva las anfractuosidades los ángulos, curvas y extensiones por un momento nuevas recién olidas palpadas de dimensiones algo ignotas antes de que yo me instale en el día ya despierto

Arturo Méndez-Roca Ottawa, noviembre del 2010

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Ottawa, Ontario, Canada
Canadá desde 1975, se inicia en los 60 en el Grupo América y la Escuela de Santiago. Sus libros de poemas son El evasionista/the Escape Artist (Ottawa, 1981); La calle (Santiago, 1986); The Witch (Ottawa, 1986); Tánger (Santiago, 1990); Tangier (Ottawa, 1997); A vuelo de pájaro (Ottawa, 1998); Vitral con pájaros (Ottawa; 2002) Reflexión hacia el sur (Saskatoon, 2004) y Cronipoemas (Ottawa, 2010) En prosa, la novela De chácharas y largavistas, (Ottawa, 1993). Es autor de la antología Northern Cronopios, antología de narradores chilenos en Canadá, Canadá, 1993. Tiene prosa, poesía y crítica en Chile, Estados Unidos, Canadá, México, Cuba, España y Polonia. En 2000 ganó el concurso de nouvelle de www.escritores.cl con El diario de Pancracio Fernández. Ha sido antologado por ejemplo en Cien microcuentos chilenos, de Juan Armando Epple; Latinocanadá, Hugo Hazelton; Poéticas de Chile. Chilean Poets. Gonzalo Contreras; The Changuing Faces of Chilean Poetry. A Translation of Avant Garde, Women’s, and Protest Poetry, de Sandra E.Aravena de Herron. Es uno de los editores de Split/Quotation – La cita trunca.

Instalación en la casa de Parra en Las Cruces

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Chile, 2005, Foto de Patricio Luco. Se pueden ver en esta "Biblioteca mínima indispensable" el Manual de Carreño, el Manifiesto Comunista y Mi Lucha

Chile, 2005

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Una foto con el vate Nicanor Parra, candidato al premio Nobel de Literatura