Wednesday, February 11, 2009

Palabras de un editor ausente sobre ‘La infancia y los exilios’ de Claudio Durán

(leídas en ausencia en el reciente lanzamiento en Toronto de la edición bilingue español-inglés publicada por Split/Quotation) Jorge Etcheverry Aunque la infancia sea el paraíso per se desde el que nos han exilado a todos, el exilio concreto como una variante del trasplante, extrema por lo radical, es la experiencia central en la poesía de Claudio Durán. Lo que no quiere decir que sea una limitación ni que la universalidad de las concreciones vivenciales en estos escuetos versos no las haga comunicables a cualquiera cuya vida comporte una de las otras instancias de trasplante. Estos poemas dan cuerpo a la idea vaga que cualquiera pueda tener del exilio. La poesía de este autor de la generación poética de los sesenta chilenos adquiere sin embargo su valor no por esta dimensión temática, muy habitual en toda literatura trasplantada, sino por la efectividad que la hace destacarse, porque en su resaca va recogiendo con adecuada brújula elementos quintaesenciales del ambiente físico y topográfico, urbano y costero de los seres humanos y sus relaciones, la atmósfera política y la soledad básica del ser. Aquí y ahora, pero desde el antes y el allá, se va estableciendo implícitamente una comparación que en el caso del exiliado chileno se llena de la nostalgia de un pasado mítico, un ‘illo tempore’, que acaso sea una construcción del lector. Pero ese va y ven entre las circunstancias y paisajes de antes y los del aquí y el ahora, nos entrega en definitiva la soledad del individuo. El pasado se esfuma y estiliza, el presente se nos escapa y de alguna manera nos rechaza y nos margina. Una vocación hacia un neoexistencialismo se deja entrever en la urdimbre escueta de esta poesía, que se viene hilvanando desde hace décadas y que se perfila como una de las voces más sólidas de la ya abundante literatura hispano canadiense y su fundacional poesía chilena exilada. Entre dos mundos, la mirada y la voz se marginalizan y parecen dejar atrás las determinantes geográficas e históricas e insinúan la figura irreductible del individuo moderno, y quizás universal, finito, separado y consciente. Pero quizás ya estemos hablando de otros poemas por venir.

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Ottawa, Ontario, Canada
Canadá desde 1975, se inicia en los 60 en el Grupo América y la Escuela de Santiago. Sus libros de poemas son El evasionista/the Escape Artist (Ottawa, 1981); La calle (Santiago, 1986); The Witch (Ottawa, 1986); Tánger (Santiago, 1990); Tangier (Ottawa, 1997); A vuelo de pájaro (Ottawa, 1998); Vitral con pájaros (Ottawa; 2002) Reflexión hacia el sur (Saskatoon, 2004) y Cronipoemas (Ottawa, 2010) En prosa, la novela De chácharas y largavistas, (Ottawa, 1993). Es autor de la antología Northern Cronopios, antología de narradores chilenos en Canadá, Canadá, 1993. Tiene prosa, poesía y crítica en Chile, Estados Unidos, Canadá, México, Cuba, España y Polonia. En 2000 ganó el concurso de nouvelle de www.escritores.cl con El diario de Pancracio Fernández. Ha sido antologado por ejemplo en Cien microcuentos chilenos, de Juan Armando Epple; Latinocanadá, Hugo Hazelton; Poéticas de Chile. Chilean Poets. Gonzalo Contreras; The Changuing Faces of Chilean Poetry. A Translation of Avant Garde, Women’s, and Protest Poetry, de Sandra E.Aravena de Herron. Es uno de los editores de Split/Quotation – La cita trunca.

Instalación en la casa de Parra en Las Cruces

Instalación en la casa de Parra en Las Cruces
Chile, 2005, Foto de Patricio Luco. Se pueden ver en esta "Biblioteca mínima indispensable" el Manual de Carreño, el Manifiesto Comunista y Mi Lucha

Chile, 2005

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Una foto con el vate Nicanor Parra, candidato al premio Nobel de Literatura