Sunday, July 13, 2008

Notas sobre la poesía en español en Canadá

Jorge Etcheverry Si bien hay antecedentes previos, la literatura latinoamericana en Canadá originada en la segunda mitad de los setenta era básicamente una producción exilada, resultante de las migraciones y exilios fruto de la situación en América Latina. Pero una vez que el poeta se ha radicado, su situación actual entra inevitablemente a formar parte de su temática. Junto a las ventajas materiales, un régimen democrático formal y los servicios sociales a los ciudadanos, el poeta capta los aspectos negativos de la sociedad desarrollada post industrial. Este contexto crea puntos de contacto entre poetas exilados de convicciones ideológicas y generaciones diferentes. Una misma visión negativa de la vida en Norteamérica se advierte en poemas de Jorge Camacho, cubano anticastrista y Salvador Torres, exilado salvadoreño. También en Alfredo Lavergne, quebecois de origen chileno, en mi misma poesía, y en los representantes de una nueva generación como Carlos Pérez, de origen venezolano y Felipe Quetzacoatl Quintanilla, joven poeta salvadoreño mexicano. La relativa abundancia y articulación de esta poesía desde su origen se debe a la abundancia de cuadros políticos e intelectuales de clase media urbana en el exilio latinoamericano de los setenta y ochenta, sectores con formación universitaria, que usan la palabra escrita en su vida política, personal, profesional y social. Este es el caso de los poetas chilenos llegados a mediados de los setenta, que fueron la primera manifestación colectiva de una poesía hispánica en el país, y cuyas primeras compilaciones aparecen en la revista Anthos, volume two - numbers one and two - 1980, editada por Patrick White y la revista Reembou, revue plurilingue de poésie, n. 1, déc. 1979. Esta poesía era de lenguaje variado, reflejando la diversidad textual y estilística que caracteriza a la poesía hispánica. Sus precedentes en el país fueron el surrealista chileno Ludwig Zeller y Rafael Barreto-Rivera, poeta experimental puertorriqueño, miembro del conocido grupo The Four Horsemen. El exilio chileno, fuera de bastantes poetas, pecado natural del país, ya que “en Chile se levanta una piedra y sale un poeta”--, aporta una organización que se manifiesta en eventos y publicaciones que permiten aglutinar a una presencia literaria y poética latinoamericana made in Canada, dando cabida a manifestaciones diversas, en que el elemento literario chileno participa como una parte de una literatura latinoamericano-canadiense en ciernes. El primer primer evento importante de esta literatura tuvo lugar en 1987 en York University, organizado por Alex Zizman, y sigue siendo la reunión más ambiciosa hasta la fecha, ya que reunió a autores latinoamericanos y canadienses de nota junto a escritores latino canadienses. Otros recuentos y antologías marcaron ese período; la de literatura chilena en Canadá de Naín Nómez, donde predominan los poetas, como en su nota sobre poetas hispánicos publicada en 1984 en la Revista Canadiense de Estudios Hispánicos; la muestra de Margarita Feliciano de poetas chilenos exilados en Canadá en Nouvelle Europe, de Luxemburgo, en 1985. El enfoque “canadiense” y el “latino” confluyen en la antología temática de 1992 Compañeros, de Hugo Hazelton y Gary Geddes, que reúne a poetas y prosistas canadienses e hispanocanadienses. Surgen posteriormente antologías y muestras de poesía latinoamericana en Canadá como La presence d’une autre Amérique1989, Montreal, publicación colectiva que reúne a 15 poetas de Chile, México, Salvador, Venezuela y Colombia, y también de Québec; Enjambres: Poesía latinoamericana en Québec,1990, de Jorge Etcheverry y Daniel Inostroza, siendo la más reciente Boreal que coedité con Luciano Díaz, Ottawa, 2002, la más completa hasta ahora. Aquí se muestra la diversidad textual de la poesía latinoamericana, que incluye autorreferencia, metalenguaje, lirismo, nostalgia, pluralidad discursiva, realismo mágico, antipoesía etc. Hubo situaciones determinantes para los autores del exilio latinoamericano, como el fin de la guerra fría, que modifica los parámetros de la situación mundial pero no el estado de cosas que provocó los conflictos sociales y políticos en sus países de origen. O la globalización económica mundial, que hace a estos autores confrontar nuevas alternativas vitales. Quienes no retornaron a sus países al fin de las dictaduras o los conflictos internos cambian su marco de inserción en la nueva sociedad canadiense. El exilio se detiene y pasa a predominar una inmigración más tradicional, para la cual el aquí y el ahora tienen menos matices de nostalgia y utopía frustrada. El componente temático político comprometido disminuye para ser reemplazado por la problemática de la identidad y de la inserción en la nueva sociedad. El público y la crítica de la cultura hegemónica canadiense piden que junto a la represión y el estado de los derechos humanos en América Latina, aparezcan los temas de la adaptación y el choque o armonía de las identidades culturales en Canadá. La poesía comprometida pasa a ser patrimonio preferencial de grupos culturales de izquierda basados en la solidaridad y que funcionan ligados a la comunidad latinoamericana en los centros urbanos mayores, pero conectados con América Latina, como Sur de Montréal, una de cuyas actividades principales es la solidaridad con Cuba y que es uno de los organizadores de sus encuentros internacionales de escritores. Otro fructífero ejemplo de la inserción comprometida/progresista es Poetas Antiimperialistas de América, pionera empresa virtual que publica además libros en papel y cobija a varias revistas virtuales y a decenas de poetas americanos en su portal, varios de los cuales son hispanocanadienses. Hay otros fenómenos que contribuyen al contexto actual de la poesía latinocanadiense. Junto a la expansión mundial del libre mercado y a la consolidación del modelo económico neoliberal, surgen corrientes en la periferia/marginalidad--internas y externas--, que desafían la existencia de un centro que dictamina cómo se debe escribir y lo que debe gustar. Los cánones universales de la literatura occidental se ven cuestionados por las expresiones post y neo coloniales. Desaparece del horizonte ideológico izquierdista la clase social, con su antagonismo de poseedores de medios de producción y capital versus los trabajadores que venden su fuerza de trabajo. Los sectores marginales, culturales, étnicos, genéricos, etc. en la sociedad canadiense piden y ejercitan el derecho a su propia expresión. Ya no se trata exclusivamente de reemplazar el estado de cosas vigente por otro más justo, sino que se pide integración, participación e igualdad de trato y oportunidades. En términos del quehacer literario, cultural y poético, la figura del autor crítico y distanciado de la sociedad que cuestiona irónicamente la sociedad y el sistema, da paso a la del autor que es portavoz de los grupos minoritarios o marginados genéricos, etnoculturales o entregados a un estilo de vida particular, a quienes representa o a que pertenece. Las reglas vigentes del sistema económico y social no son cuestionadas de la misma manera. En el marco homogéneo del sistema se intenta la afirmación de la identidad e individualidad más aparentes, en el estilo de vida, el lenguaje y las preferencias de consumo, pero además hay otras expresiones que erosionan el así llamado ‘discurso maestro’, y que constituyen una expresión de opciones políticas no siempre disponibles. La poesía se testimonializa. Las instituciones culturales y el público lector piden que el poeta inmigrante/exilado represente su realidad y sus orígenes. Esta nueva realidad sitúa a los poetas latinocanadienses en una situación paradójica. Si bien provienen de un área periférica y neocolonial, producto de la conquista y colonización europeas, no se puede calificar a la literatura latinoamericana como subordinada a un discurso maestro, es decir a un discurso, en este caso literario, cuyos parámetros son impuestos desde un centro colonizador o imperial que dicta la correción y el gusto en el contenido y la forma. La primera poesía exilada latinoamericana en Canadá con perfil más o menos definido -la chilena—al comeinzo provocó en el público lector y en la crítica un cierto entusiasmo mezclado con malestar al percibir rasgos de una complejidad “continental”. A la vez había y hay cierta desconfianza frente a recursos estilísticos comunes en la poesía de procedencia hispánica, por ejemplo el surrealismo poético, la poesía comprometida y la antipoesía, la presencia de textos intergenéricos, que son históricamente ajenos a la literatura canadiense, que nunca gustó del vanguardismo o de la literatura “experimental”. Pero además existe el deseo de relatar historias, de hacerse oír, más urgente a medida que la sociedad se estandariza. Esto incluye el rescate del pasado colectivo del grupo a que se pertenece o se opta por pertenecer. El público lector pide accesibilidad y esto tiende a reducir a la literatura al testimonio y a la expresión de sentimientos. Se imponen nuevas necesidades de gusto poético por la presencia avasalladora del espectáculo en los medios de comunicación y el ingreso al mercado de nuevos grupos consumidores con poder adquisitivo para obras que están fuera de los cánones culturales tradicionales. El intento de rescate de la identidad hace que ahora sean legítimas algunas características que antes se consideraban como pecado contra el buen gusto, como el cliché, el dramatismo, los personajes unidimensionales, la exageración, la falta de distancia irónica y paródica del autor frente a lo que muestra en su obra. El lector así llamado culto cerrará el libro con disgusto, pero otros lectores aceptarán esos mismos poemas con emoción Hay también en la sociedad desarrollada global un proceso de simplificación extrema. Para tener acceso a la mayor cantidad posible de consumidores el proveedor comercial de cultura opta por el denominador común más bajo, más al alcance de todos, menos complicado, que en su caso extremo da lugar al “Gumpism” “...the identification of virtue with mental impairment” (Dreams of Millenium. Mark Kingwell, Penguin, 1996, 44, ). En el caso de la poesía hispano canadiense, las demandas del sistema se hacen sentir menos porque la literatura latinoamericana en Canadá, básicamente escrita en español, se dirige a un mercado restringido y es de todas maneras es diferente a la literatura de corriente principal. Este mercado seguirá siendo reducido, porque es probable que esta literatura y poesía mantengan sus características diferenciales, ya que las comunicaciones virtuales y la globalización han vuelto a conectar a muchos de estos poetas con la poesía latinoamericana. Me atrevería a afirmar que la literatura en español de Canadá, como la de Estados Unidos, pertenecen a la literatura latinoamericana. Y en Canadá no hay vasos comunicantes para que una literatura subordinada como la hispanocanadiense pase a la institución literaria, salvo en casos particulares. Pero sí existen de hecho necesidades de memoria, registro, entendimiento, expresión y afirmación de la identidad cultural de la comunidad hispanohablante, ya que a pesar del retroceso institucional de las políticas de multiculturalismo, Canadá es cada vez más pluriétnica y pluricultural. La utopía posible del pasado ha desaparecido en el caso de los poetas exilados e inmigrantes y sus países de origen ya son otros. Aunque el desarraigo y la nostalgia sobrevivan como temas, junto a otros temas y formas de expresión que hacen que esta poesía sea un ejemplo de la multifacética poesía latinoamericana. Implantados definitivamente en esta sociedad, la comunidad latinoamericana y sus autores negocian su lugar y papel en la nueva sociedad. Uno de sus elementos principales es la cultura, dentro de ella literatura y principalmente la poesía, y los posibles valores que pueda entregar a la sociedad anfitriona, por ejemplo el hecho de provenir de la única civilización definitiva e irrevocablemente mestiza, con todo lo que ello implica en un tiempo de crecientes conflictos interraciales.

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Ottawa, Ontario, Canada
Canadá desde 1975, se inicia en los 60 en el Grupo América y la Escuela de Santiago. Sus libros de poemas son El evasionista/the Escape Artist (Ottawa, 1981); La calle (Santiago, 1986); The Witch (Ottawa, 1986); Tánger (Santiago, 1990); Tangier (Ottawa, 1997); A vuelo de pájaro (Ottawa, 1998); Vitral con pájaros (Ottawa; 2002) Reflexión hacia el sur (Saskatoon, 2004) y Cronipoemas (Ottawa, 2010) En prosa, la novela De chácharas y largavistas, (Ottawa, 1993). Es autor de la antología Northern Cronopios, antología de narradores chilenos en Canadá, Canadá, 1993. Tiene prosa, poesía y crítica en Chile, Estados Unidos, Canadá, México, Cuba, España y Polonia. En 2000 ganó el concurso de nouvelle de www.escritores.cl con El diario de Pancracio Fernández. Ha sido antologado por ejemplo en Cien microcuentos chilenos, de Juan Armando Epple; Latinocanadá, Hugo Hazelton; Poéticas de Chile. Chilean Poets. Gonzalo Contreras; The Changuing Faces of Chilean Poetry. A Translation of Avant Garde, Women’s, and Protest Poetry, de Sandra E.Aravena de Herron. Es uno de los editores de Split/Quotation – La cita trunca.

Instalación en la casa de Parra en Las Cruces

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Chile, 2005, Foto de Patricio Luco. Se pueden ver en esta "Biblioteca mínima indispensable" el Manual de Carreño, el Manifiesto Comunista y Mi Lucha

Chile, 2005

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Una foto con el vate Nicanor Parra, candidato al premio Nobel de Literatura