Blogista de algún modo personal, pero que acepta anuncios, colaboraciones y comentarios de lectores y etcheverroides. Dedicada sobre todo a textos, literatura (eventos, artículos, crítica, metacrítica, etc.), política en sentido amplio--y en el otro-- e ideas. Dirigir la correspondencia a jorgecheverry@yahoo.com o a jorgeetcheverry@rogers.com
Thursday, January 1, 2015
Prólogo y poemas iniciales de “Poemas”, libro electrónico del poeta Luciano Díaz publicado por Split/Quotation – La cita trunca
Este volumen de poemas tiene un título a la vez
escueto y significativo, simplemente “Poemas”, y antes que una colección basada
en un tema, se trata más bien de una recolección de diversos textos que se
insertan en variadas situaciones no tan solo vitales, sino de la lectura o la
imaginación, de las que van conformando comentarios, notas, reflexiones, sin
que falte un matiz lírico, incluso tierno. Así, podríamos decir que la vocación
de este particular libro de poemas de Díaz, es una de crónica y a la vez de
poesía, insertas en el mundo y sus diversos contextos y discursos, y que no
está determinada ni siquiera por la voluntad de hacer un libro de poemas en un
sentido tradicional. Esta es una colección abierta, que hubiera podido acoger
otros textos. Así, se trata más bien de una cronipoesía en un sentido amplio,
definida por su contexto, variable y accidental como el periplo individual que
refleja, y que es el que en definitiva le da su forma y temática, ambas fluidas
y variables.
Por ejemplo, en poemas como El costo; Cuartetas
por ElDorado; La insipidez y lasitud de los amigos en el lanzamiento de libro
de una afamada escritora; Caminata o sueño de la ciudad por la noche, se
van desplegando las diversas instancias y espacios de esta vividura, como
decía Miguel de Unamuno, de esta aventura existencial, que acoge como
natural extensión el viaje y el periplo, patentes en los versos de El
costo:
Hay que bancársela en cualquier latitud.
Habrá que lidiar con costumbres diferentes,.
Este viaje adquiere elementos imaginarios y míticos en
Caraquet o Nan Madol, que además es una ciudad que resume en el mundo
fáctico y el imaginario a diversas ciudades:
recordaremos las calles de Santiago, las calles de
Ottawa
recordaremos las calles de Puente Alto pre-golpe de
estado
las calles de Valparaíso que saltan desde el mar
hacia los cerros y el cielo.
Recordaremos las calles de Boston, las de Coyoacán y
del D.F.
recordaremos las calles de Escazú y San José, las de
Managua
las de Tegucigalpa, las calles de L.A. (el barrio de
Bukowski)
Recordaremos los jirones Limeños, recordaremos las
calles Boone,
Carolina del Norte
las calles de los villorrios de Sonsonate y
Cojutepeque,
las de Antigua y Xelajú.
Recordaremos calles que nunca caminamos
porque allí en Nan Madol están contenidas todas las
calles del mundo.
Demás está señalar la contemporaneidad de esta
solución para la escritura poética, que carece de la intención y formato de la
mayoría de los libros de poemas, que se centran en una temática reflejada en un
título. Aunque muchas veces los títulos pueden ser engañosos y abren en lugar
de limitar, como en el primer libro de este poeta, El flaco y yo, publicado
años ha en papel por esta misma editorial, en que la situación
dialógica con el personaje que da título al libro,
abre, entre otras cosas, la posibilidad de hablar de “esto y lo otro, y lo de
más allá”, incluyendo el aquí y el allá de la poesía castellanógrafa en Canadá,
de la que este libro constituye un realizado ejemplo.
Las determinantes temáticas de la poesía contemporánea
están presentes en este nuevo libro de Díaz, desde el testimonio de Caminata
o sueños de la ciudad por la noche, pasando por la ecología, en El agua,
la vida misma, las temáticas de la identidad, el exilo y el trasplante, la
transhumancia, la tarea ingente de escribir, como en Elucubración, etc.
que aparecen como hebras en el friso de este discurso poético y contribuyen a
armar el tejido de este entramado, formado de hebras de lo femenino, como en A
una mujer joven, identitarias, ambientales, comprometidas, exiladas, etc.
Hebras, porque no hay poemas estrictamente temáticos, sino que aquí se presenta
al lector más bien un concreción de estas diferentes facetas en cada poema,
cuyos rasgos temáticos más distintivos predomina en cada caso, ofreciendo a las
finales una instantánea circunstancial y vivencial, como lo expresa
acertadamente el poema Es lo que hay. Porque se trata de eso, y el
lector verá quizás reflejada su propia aventura en el fondo nomádica y
existencial en este breve libro de poemas.
Jorge Etcheverry Arcaya
Ottawa, diciembre 2014
EL COSTO
El costo de proyectarse en latitudes diferentes es muy
alto
hay que tener temple, no flaquear, ser íntegros.
Aun cuando se sabe que las calles no serán amigas a
primeras
hay que continuar con la cadencia de la llegada.
Hay que bancársela en cualquier latitud.
Habrá que lidiar con costumbres diferentes,
habrá que ajustarse a cánones hechos para máquinas
habrá que camuflarse y pretender ir con la corriente,
habrá que ser maleables y siempre dispuestos.
Atrás quedó lo que conocimos.
Pagaremos impuestos y votaremos por un candidato, si
es que.
Los domingos haremos asado con algunos amigos
al día siguiente volveremos al trabajo calladamente.
Desde las sombras, armados nada más que de palabras
se organiza la resistencia.
Las palabras salvarán al humano de sí mismo
y del sistema.
Parado en una esquina cual mendigo,
con las manos vacías, como esperando algo.
Observando las calles que secretan sonidos, olores
y están atestadas de movimiento
En mi corazón reinas tú.
ECLESIASTÉS
Sale el sol.
Mientras uno camina por la calle,
hay un letrero colgado en un semáforo
en donde se lee: Eclesiastés.
En septiembre las hojas comienzan a reverdecer
En otras latitudes comienzan a secarse para luego
caer.
Por la noche se oían rumores que venían desde el mar
pero la gente salía a trabajar.
Vi a todos los que viven bajo el sol, caminando,
lo más jóvenes rumbo a las escuelas.
Las madres desayunando, cuidando los hijos pequeños.
Pasaban bandadas de pájaros que regresaban desde el
norte
uno piensa que existe el mal
en todo lo que se hace debajo del sol.
Poemas 17 Luciano Díaz
El tráfico de los buses como siempre, atestados de
trabajadores
leyendo algún libro o el periódico.
Rumbo al trabajo,
los engranajes en las maquinas comienzan a rotar
***
Entre las ruinas y el humo, ya pasado el mediodía,
hay un hombre en la más mortal de las soledades.
Sobre sus hombros aún se vislumbran
vestigios de las esperanzas de la gente pobre, de los
trabajadores.
Ve la luz, mejor dicho ve un destello
que se va apagando por una Alameda hacia abajo.
No pierde tiempo en preguntarse si todo valió la pena.
Tiene que asegurarse que aún tiene fe en los hombres,
como la estrella que desaparecía cuando se levantaba
el sol.
Entonces sonríe o piensa que sonríe.
Y la luz que se extinguía por la Alameda
reaparece por el fondo del túnel al cual entra.
El sol comienza a ponerse.
El miedo, la valentía y el tartamudeo de las armas
se apoderan de una larga noche.
Pasaban bandadas de pájaros que regresaban desde el
norte
uno piensa que existe el mal en todo lo que se hace
debajo del sol
.
A cuarenta años pareciera terminar la travesía del
desierto.
Friday, December 26, 2014
Arpillera
Juana Petra Soler
Los
pedazos de paño
Del
verde al pardo
La
tierra que da
La que
espera dar
Los
pájaros de pañolensi
lo sobrevuelan todo
Esas
hebras de lana que son surcos
No sé si
poner pedacitos de lata
En lugar
de estrellas
Un vuelo
de encajes semejando olas
Un sol
no muy rubicundo
Es un
botón de hueso
Del
abrigo de mi abuela
El
universo de fondo
Es de
osnaburgo
Estos
dedos rojos
Medio
gordiflones
Que lo
hicieron todo
No
tienen velas en este entierro
Sunday, December 21, 2014
Ojos y futuro
Jorge Etcheverry Arcaya
Un
ataque de gota en el pie derecho ha impedido que me desplace como solía
hacerlo. Además, y quizás como respuesta al abigarramiento sanguinolento de la
así llamada “situación mundial” (el microcosmos reproduce al macrocosmos), o de
seguro como efecto de la edad—a estas alturas uno tiene que ponerse taoísta, o
dialéctico, según cómo y de dónde se mire—me ha bajado un poco de depre, creo,
o neurastenia, para recordar una palabra que estaba bastante de moda en in
juventud. Mi mejor amiga, una niña menor que la mitad de mi edad, Guagua
L’Amore (ése era su nomme de guerre cuando hacía estriptease, el verdadero no lo voy a
revelar) acaba de recibir una beca para terminar su postgrado en una
universidad de Estados Unidos y viene a la ciudad solo de vez en cuando. Ella
era la que veía más a menudo y ya casi no veo a nadie. Ni falta que me hace.
Poco se interesa la gente en la política, la literatura, etc., a lo mejor es el
fenómeno del dumbing
down, como le dicen por aquí. En cristiano, como decía mi abuela, es que la gente está cada día más bruta.
Ahora salen por todas partes del mundo unos fulanos diciendo con toda frescura
unas cosas que hace unos diez años nos habrían puesto los pelos de punta o los
hubieran cubierto de ridículo a ellos. Pero nada. Todo el mundo como si no
fuera gran cosa. Pero en fin, no nos pongamos líricos, o láricos, que entonces
a lo mejor el amigo Jorge no me publica esta crónica, ya que ahora le ha dado
por andar viendo clichés por todas partes, cosa que yo atribuyo a que lee tanta
cosa en pantalla y parece que está medio saturado, ya que una de las leyes de
la cibernética es, si mal no me acuerdo, que saturación es igual a esquema.
Pero vengo de vez en cuando a este restaurante a tomarme un medio litro de
tinto, comerme unas alitas picantes, no muy seguido por eso del colesterol,
aunque dicen que el vino tinto es una receta de longevidad. No me tratan de echar si me quedo un poco más
de lo conveniente y la poca gente que todavía tiene interés en hablar conmigo
sabe dónde encontrarme, para tomarse un par de tragos, pagármelos a mí si
pueden, y darle un rato a la sin hueso.
No sé
cómo ese individuo flaco, de edad imprecisa, de rasgos borrosos y ojos
notablemente pequeños *se enteró de mi por así decir cambio de oficina. Sin
pedir permiso, pero con gestos sorprendentemente gráciles—como los de un
bailarín que anduviera de civil, se sentó a mi mesa sin pedirme permiso, me
saludó con una breve inclinación de cabeza mientras yo no atinaba a hacer o a
decir nada para impedirlo: ese personaje daba la impresión de estar rodado por
un aura, algo así como cuando el día invernal es muy seco y uno se sirve un
café, se le erizan los pelos del dorso de la mano y hace balancearse un poco a
las copas de estererofón, por la energía magnética, o cuando al abrir el
paquete de cigarrillos el papel celofán se le queda pegado en la mano a uno.
Inmediatamente sentí que se acrecentaba ese zumbido que me viene a veces a los
oídos, y que según el doctor es una tinitis. Luego, en un inglés muy
internacional me dijo que en realidad venía del futuro, que me había ubicado a
través de una búsqueda en un café internet—de los pocos que quedan, debo decir,
porque la gente parece que lo hace todo (o casi) por los teléfonos nuevos,
esos, con pantalla, que además de tener uno que pagar un dineral, no se avienen
mucho a mis dedos artríticos, según el mismo doctor, aunque todavía no se me
note—en pocas palabras, había gente que venía a hablar conmigo a veces, yo
escribía a veces sobre esas entrevistas, pero nadie las tomaba muy en serio. En
resumen, yo era ideal para que me desenrollara su culebra y como nadie como
digo me iba a tomar en serio, no había la posibilidad de alterar el rumbo de la
historia con una paradoja inaceptable. Es decir, a nivel anecdótico, de perros
chicos, todo vale. Si no creen manoseen un poco a la internet. Pero vamos al
grano. En resumidas cuentas, y por lo que le pude entender, me sentía un poco
mareado, aunque me tomo la píldora para la presión en la mañana, como me dijo
este doctor que tengo ahora, se trataba de que en el siglo veintiuno (este de
ahora), se había producido la globalización—yo pensaba “cuéntate una nueva”—y
como respuesta la gente en todos lados se había refugiado en sus raíces, la
famosa identidad, lo que había derivado hacia la mitad de siglo en una plétora
de estados y para estados y mini estados nacionalistas, en guerras de baja
intensidad (low intensity conflicts, el tipo hablaba en inglés) que se habían
hecho permanentes, pero cuyas capas dirigentes, que en general tenían en sus
manos el poder político, económico, militar y religiosos, más bien trataban de
mantener, aunque para ese entonces contaban todos más o menso con la misma
tecnología y el mismo así llamado modo de producción, capitalista en sus
diversas manifestaciones, puesto que a esas alturas del partido ya todos
estaban globalizados, salvo en América latina, donde se llevaban a cabo en
diversos países diversas formas de sistema más o menos socialistas. Cuando la
atención del mundo se volvió hacia los asuntos siempre presentes en sus efectos
de la contaminación ambiental, el agotamiento de los recursos naturales, la
explosión demográfica, que las religiones principales fomentaban, la
desigualdad social y genérica, era casi demasiado tarde. Lugo los sectores más
conscientes, después de prolongadas luchas, pudieron imponer un sistema mundial
de gestión humanista, que en realidad había sido el núcleo la semilla que
encerraban las concepciones socialistas y comunistas del pasado, y cuya regla
de oro, por así decir, aparte de la igualdad de oportunidades para toda la
gente, era la estasis: 0 crecimiento económico, 0 aumento de la población. Pero
sólo después que el terrorismo ecológico, anti industrial y feminista obligó a
la adopción de medidas universales que forzaban la igualdad de géneros y controlaban la explotación de recursos y la
economía hasta en sus menores detalles. Si esos cambios se hubieran producido
unos cincuenta años antes (por los 2025-30, había dicho), se hubieran ahorrado
no sólo innumerables vidas y casi inimaginable sufrimiento, sino que se gozaría
de un ambiente de mejor calidad y la compañía de cientos de especies animales y
vegetales hermanas que se extinguieron. “En breve, me dijo, me gustaría que
dedicaras tu vida a un solo mensaje nuclear, que viniendo de ti no se ve a
tomar mucho en cuenta, casi nadie te lee, y así no va a cambiar la historia y
no es una paradoja. Por otro lado, en una de estas a lo mejor agarra esta idea
alguna de esas lumbreras progresistas, de esas que se invita a dar conferencias
pagadas y cuyos libros se venden bien en las librerías progresistas. Entonces
quizás se pueda aminorar el impacto de la Edad Oscura. No suprimirla, sino
aliviarla un poco. Podemos, tú y yo, engañar al tiempo, a la historia, por el
bien de la humanidad, como el viejo tonto ese de Mao que movía montañas.
Podemos aportar nuestro granito de arena. Cualquier cambio es importante. Por cada viejo que mueve montañas
hay cientos de miles que no: “el viejo tonto que no movía las montañas”. Tu
mensaje debe ser entonces, “La identidad es reaccionaria”. Después pasó a un
tema más común y corriente. Me dijo que como era del futuro, por supuesto que
no tenía dinero de esta época y me pidió que le pagara sus cervezas.
·
Existe la hipótesis de una correlación entre
el tamaño de los ojos y la inteligencia “la
agudeza visual de los Neanderthals en las condiciones de poca luz del norte de
Europa era mucho mayor que la del Homo Sapiens, pero se produjo a costa de
otras habilidades cognitivas como la capacidad de desarrollar extensas redes
sociales y el mantenimiento de la innovación.”, más en http://www.veoverde.com/2013/03/los-ojos-grandes-pueden-haber-causado-la-muerte-del-hombre-de-neanderthal/
Monday, November 24, 2014
El falso profeta (II)
Jorge Etcheverry Arcaya
i
Pero sin
que lo supiera el falso profeta, formado y perfeccionado en planteles
educaciones de lo más granado y caro del occidente—aquí ya no sabemos si se
está hablando de la misma persona. Muchas incidencias que incluso se oponen,
para una vida tan corta—
Un enjambre
tan nebuloso como vasto, abejas parece, entontecidas se lanzan contra los
cristales de los edificios nuevos de cristal parece, porque reflejan o más bien
son parte
Del cielo
que se encapota súbito, como parece que siempre sucede en estas latitudes que
todavía nos son extrañas
Que se
encabritan como yeguas en celo—incólumes y persistentes—la marca de la (así
llamada) civilización no podrá nunca amansarlas
Aunque
borre y tape los paisajes—así las abejas se lanzan ciegas y embadurnan los cristales
al reventar contra ellos—su brújula instintiva indicando flores que ya no
existen
Así, sin
que lo supiera, lanzado como otra abeja u otro animal pese a la cuidada
musculatura que se arquea en la polera con un logo reconocible y reconocido,
arquea las addidas el fuerte empeine, los muslos, pantorrillas y glúteos bajo
los pantalones fit con cada paso elástico
Entrando
saliendo del mall del café mientras guarda su tableta y atrae las miradas de las
niñas, de las señoras jóvenes
Pero se
pueden entregar algunas precisiones: 1) Entre los malls
que hay en la ciudad el mejor para gente como uno es el de Billings Bridge, en
cuya cafetería se pueden ver viejos eslavos jugando a las cartas y al ajedrez,
a somalíes hablando y gesticulando, que a veces asustan al paseante casual que
no sabe que no están peleando sino que es su estilo de hablar
2) La mesa a la que se sientan ciertos
personeros para dividirse lo que queda del mundo es larga, los comensales son
numerosos. Uno de los discípulos renegados afirma que no se trata de 12, sino
de 12 x 12, 144. No vamos a disputar sobre cosas de números, puede que sean
hasta 666. Las insignias, distintivos, símbolos de los que atienden el banquete
son variados, y uno podría decir, incluso opuestos. El estudioso o el interesado
(no soy ni uno ni otro) podrá reconocer algunos emblemas milenarios entre
algunos muy nuevos. Tampoco queda claro quién hizo, o envió, las invitaciones,
o si se autoconvocaron. O cómo.
Ellos a medias han llegado a creer lo que
dicen las teorías conspirativas que proclaman gran parte de la edípica
izquierda anglosajona: una conspiración de estadistas, magnates y empresarios
que se dividen el mundo—que inventan guerras y ocupaciones—financian y entrenan
movimientos y grupos. Desconfiados escudriñan las expresiones de los otros
asistentes. Al menos eso es lo que quisiéramos creer. Por doctrina sin embargo
sabemos que esta imagen oculta una pavorosa dialéctica sin sujeto
II
Los humores recorrían las venas y arterias,
impregnaban los tejidos de este protagonista, incluso su cerebro mismo. Su piel
respondía a las variaciones de la humedad ambiente y llevaba ese mensaje a las
terminaciones nerviosas ellas mismas viscosas hasta el instante y lugar mismo
de la sinapsis con otras como ellas, donde por un instante florecía la energía
eléctrica, pura y seca, luminosa, antes de perderse otra vez en ese miasma
acuoso que identificaba ese ser con la otra infinidad de la vida a la postre
marítima. Un científico premunido de todos los adelantos y avances de la
ciencia en un laboratorio intocado por las múltiples guerras debido a su
auspicio por un consorcio de las mismas corporaciones que financiaban el
armamento de las facciones en lucha y que
a través de intermediarios les vendían productos de diversa
sofisticación y poder de fuego infirió que ese momento electrónico era el que
señalaba el nacimiento del espíritu
En otro extremo del planeta el artista urbano
no concilia el sueño pese a dos masturbaciones, la lectura de viejos comics,
dos cigarrillos y unas uvas, ¿es acaso el despeñadero de la historia
contemporánea que en las pantallas, la chica y la grande, se desbarranca en
multitudes sin fin de fanáticos que enceguecidos por la religión de
desmiembran, crucifican y decapitan
entre sí, avizorando allá en lo alto multitudes de vírgenes, ríos de miel y
leche? ¿O simplemente que decide que el único libro que lo puede entretener o
divertir es ése que tendrá que escribir él mismo, pero que nunca podrá
publicar?
Thursday, October 30, 2014
Me voy por el cuerpo de Chile (nota sobre "Reflexión hacia el Sur"
Roberto Rivera Vicencio
La voz de Jorge Etcheverry (1945) desde el Grupo América y la
Escuela de Santiago en el Instituto Pedagógico de los setenta, se consolida con
“Reflexión hacia el Sur” como una de las más singulares y
representativas de la poesía chilena, pese a su ya demasiado largo exilio
canadiense.
Voz que se ubica equidistante de una lírica de la ruptura y a la vez de
la tradición, en un curioso engranaje de estilo que recuerda el Chile fundacional
de Pezoa Véliz llevado por un fluir de modernidad y post modernidad, una voz colectiva e
íntima que engarza en la conformación de la historia reciente de nuestro país,
ese modo de “no ser” que se extiende hasta la divagación para luego hacernos
sentir en el temblor subterráneo, la semilla, de este “pueblo extrañamente
dotado por la naturaleza” y la duda de estos “hijos de mirada sensible y
perpleja”.
El Chile oficial y mítico de nuestras representaciones toma cuerpo en
esta poesía para mostrarnos su revés, la otra historia, la de los movimientos
sociales, la de la mujer de ojos grandes y amplio regazo que proyectan su
estirpe desde la Araucanía, desde el perfil anguloso de Inés de Suárez, el
mestizaje, la íntima y secreta historia de la familia de Chile, la mujer,
siempre la mujer en su centro, en tanto hombres borrosos toman cuerpo y
consistencia pasando a cuchillo a los mayores de ocho años en la campaña de
exterminio de Arauco, al lado o frente a los hijos de Caupolicán que cargan hoy
sacos de harina en las panaderías, hijos de voces agudas que hablan con los
pájaros y un buen día emigran a las ciudades a buscar trabajo.
Etcheverry reinterpreta, encuentra nuevos referentes y significados, actualiza el Chile mítico en una suerte de mosaico en movimiento, esa parte que subyace de nuestra historia cubierta por la neblina, cada vez más imprecisa y lejana, presente en esta mirada solitaria y huérfana que no sube a nacer conmigo, no podría (“Dejemos a ese gran pájaro alejarse”, dice Etcheverry), sino que surge de un nosotros desplazado y disperso por la perdigonada por los cuatro puntos cardinales, deambulando por ciudades irreales cuando “Tienes razón, aunque te has puesto un poco gordo y se te ve demasiado tranquilo últimamente”.
Etcheverry reinterpreta, encuentra nuevos referentes y significados, actualiza el Chile mítico en una suerte de mosaico en movimiento, esa parte que subyace de nuestra historia cubierta por la neblina, cada vez más imprecisa y lejana, presente en esta mirada solitaria y huérfana que no sube a nacer conmigo, no podría (“Dejemos a ese gran pájaro alejarse”, dice Etcheverry), sino que surge de un nosotros desplazado y disperso por la perdigonada por los cuatro puntos cardinales, deambulando por ciudades irreales cuando “Tienes razón, aunque te has puesto un poco gordo y se te ve demasiado tranquilo últimamente”.
En esta suerte de promiscuidad, en “Postales I y II”, no sabemos si los
hijos de pescadores se ponen ropa deportiva. O si los veraneantes se tostaron
en la playa, lo que sí sabemos es que la señora pasa con la bolsa de las
compras, jadeando, subiendo la cuesta, como diciendo “Hasta aquí no más
llegamos” que casi podemos ver y nietos que hablan otra lengua y comen otros
alimentos, tratan de pensar que los montes y los valles y la larga costa eran
un sueño. Etcheverry nos recuerda a Gabriela Mistral, nos recuerda “Montañas Mías”:
“Y aunque me digan el mote / de ausente y de renegada, / me las tuve y me las
tengo / todavía, todavía, / y me sigue su mirada” y “ Salto del Laja” esos
versos: “cae la mártir indiada / y cae también mi vida”. Un constante
rediscutirse nuestros orígenes como parte de nuestros proyectos y anhelos,
“metiendo primero el pie y luego la mano y el cuerpo entero en el engranaje del
día, recomponiendo los objetos y las relaciones sociales”, una poesía donde la
social y lo íntimo y subjetivo se juntan para tomar nuevos caminos y sentidos,
la poesía actual y vigente de nuestro Chile.
Sunday, October 5, 2014
Delirium, de Akiles de Castro
Ottawa: Split Quotation/La cita trunca, 2013, 91 páginas (prólogo de Jorge Etcheverry).
L. Fernando Veas Mercado
Nota sobre el libro más reciente de "El alba volante", rama de poesía en castellano de Split Quotation/La cita trunca
Akiles de Castro es el seudónimo de David Castro Rubio. Nació en 1957 en Santiago, Chile. Su adolescencia y edad adulta las ha vivido en Montréal desde 1974. Desde niño habla inglés y puede escribir indistintamente en esa lengua y en español. Sus viajes han enriquecido sus poemas que han sido publicados en Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, México y Perú. En 2003 publicó, Cleo su primer libro (en edición bilingüe) y posteriormente, en 2008: By this River
Delirium aparece como un poema narrativo que podríamos pensar como inicial de un joven poeta. En realidad es una remembranza, como toda poesía: evocación de un hablante que inicia un viaje, motivo recurrente en literatura. El yo que emite el discurso decide salir de un entorno siniestro en el cual su degradación no tiene atenuantes; decide terminar con una vida hueca, zambullida literalmente en el alcohol y partir en busca de libertad, de cariño, de vida. Lo único que posee es su posible destino de poeta. Poeta no sólo marginal sino casi maldito, mal amado, dipsómano y solitario, pero libre. El delirio del hablante es su salida de lo habitual; de su cotidianeidad y de la de los demás: la libertad. El suyo será un viaje catártico hacia las alturas y pureza de la Rockies donde tal vez encontrará lo que le falta, tal vez más que un dios que no se manifiesta, al menos para él, en casi nada. Sí, tal vez en los amaneceres que los confortarán en su vagabundeo en busca no de El Dorado o de una Ítaca sino del deseo de conformarse en su fe de poeta.
Más que la llegada o el posible encuentro de una meta, de un algo iluminador, interesa más el viaje en sí, el estar en un tiempo de su existencia:
“Soy un momento en el tiempo”
que tal vez podrá perdurar en un espacio; en los Rockys, alturas:
Donde se respira un aire tan puro
Que es de llenarse los pulmones y
Sentirse contento. Alturas,
Donde se puede ver el sol brillante
Fundir la nieve blanca
De vuelta en agua pura
Y en ese paisaje, Ícaro aún no se quema las alas. Por eso, al pesimismo inicial sucederá el deseo de vivir.
Eso le ayuda a superar el falso atractivo hiperrealista de las ciudades especialmente de la falsa entre las falsas: La Vegas; charada del mundo moderno, al final del cual puede estar su lugar de descanso…Hay algunas “tentaciones”, como las notadas por Etcheverry, homologables a las de Ulises en su viaje de regreso y el estado de ánimo beatniks.
Esta mezcla de desconcierto y desencanto ya está al comienzo:
Pude haber hecho algo mejor
Que vagar solitario para encontrar
El verdadero significado de la vida.
Para descubrir que nada
Importa realmente,
después de todo.
Pero el hablante se puso en movimiento, inició una búsqueda, por eso, lo que resalta en la escritura es el ansia de libertad y de vivir que a ratos podría sugerirnos la explosión vital de un Whitman pero también la poesía de Dylan Thomas y Kerouac y esos viajes iniciáticos como los de los road movies como Easy Rider o, como lo señala el prologuista, de las “novelas de formación”. Es la búsqueda de la casa:
A casa ya voy.
Desgraciadamente el último hotel,
Con la gorda ancha y su iguana regalona.
Pero a casa voy
En Delirium todo es personal, como un delirio provocado por el alcohol o las drogas pero que son recuperación de la sobriedad del hablante lo que, le lleva a sus frases finales.
El hablante, cuando cree llegar al término de su periplo quedará tan desconcertado como al iniciar su marcha a través de una Norteamérica vista a grandes rasgos por un veloz viajero desencantado pero que goza con los deslumbramientos mínimos a que puede tener acceso.
Al final, está el comienzo se cambia un puta gorda y rubia por otra mujer gorda que fuma cigarro y que desaparece después de un ¡OM! que lo reenvía a recomenzar, o empezar de verdad su vida.
El hablante poético en este delirio y con su salida de él, ha terminado su prehistoria. En ese final de viaje no hay meta alcanzada sino reintegración, no a los surcos de una vida normal u ordinaria, sí a su propia huella, a su propio sendero vital. El final del viaje es el principio de su verdadera vida, el comienzo de la historia, de su historia.
El volumen incluye un llamado: Revuelta joven que implica una opinión sobre la realidad en relación a la juventud. De lo personal se pasa a lo colectivo y a un compromiso que recuerda varias doctrinas. Estimo que esta parte implica el deseo de este otro hablante para que nadie pase de largo por una realidad que no tiene nada de la hiperrealidad de Las Vegas, por ejemplo, o la cotidianeidad absurda llena de todo lo que da el mundo actual en todos los países, regalo neoliberal. Más que una realidad, son deseos dicho textualmente, anarquistas, lo que despista un poco ya que el llamado es una invitación expresada ya por muchos hace mucho tiempo y, visto así, lo considero un recordatorio, y un deseo de no envejecer consintiendo a pesar que poco se pueda hacer para cambiar la situación denunciada. Estimo que es una obligación moral que se impuso el hablante y que le ayuda a vivir.
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About Me
- j.etcheverry
- Ottawa, Ontario, Canada
- Canadá desde 1975, se inicia en los 60 en el Grupo América y la Escuela de Santiago. Sus libros de poemas son El evasionista/the Escape Artist (Ottawa, 1981); La calle (Santiago, 1986); The Witch (Ottawa, 1986); Tánger (Santiago, 1990); Tangier (Ottawa, 1997); A vuelo de pájaro (Ottawa, 1998); Vitral con pájaros (Ottawa; 2002) Reflexión hacia el sur (Saskatoon, 2004) y Cronipoemas (Ottawa, 2010) En prosa, la novela De chácharas y largavistas, (Ottawa, 1993). Es autor de la antología Northern Cronopios, antología de narradores chilenos en Canadá, Canadá, 1993. Tiene prosa, poesía y crítica en Chile, Estados Unidos, Canadá, México, Cuba, España y Polonia. En 2000 ganó el concurso de nouvelle de www.escritores.cl con El diario de Pancracio Fernández. Ha sido antologado por ejemplo en Cien microcuentos chilenos, de Juan Armando Epple; Latinocanadá, Hugo Hazelton; Poéticas de Chile. Chilean Poets. Gonzalo Contreras; The Changuing Faces of Chilean Poetry. A Translation of Avant Garde, Women’s, and Protest Poetry, de Sandra E.Aravena de Herron. Es uno de los editores de Split/Quotation – La cita trunca.
Instalación en la casa de Parra en Las Cruces
Chile, 2005, Foto de Patricio Luco. Se pueden ver en esta "Biblioteca mínima indispensable" el Manual de Carreño, el Manifiesto Comunista y Mi Lucha
Chile, 2005
Una foto con el vate Nicanor Parra, candidato al premio Nobel de Literatura